Un AVE embiste a un Iryo en Urda y deja decenas de muertos
Dos trenes de alta velocidad han colisionado en el kilómetro 119+700 de la línea Madrid-Sevilla, en el término municipal de Urda (Toledo), a las 8:54 de la mañana. Un AVE de Renfe que cubría el trayecto Madrid Puerta de Atocha-Sevilla Santa Justa ha embestido por detrás a un tren de la operadora Iryo que se encontraba detenido en la zona de adelantamiento y estacionamiento de Adif. El balance provisional de víctimas es de **64 fallecidos**, según ha elevado el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, aunque distintos medios manejan cifras que oscilan entre los 39 y los 64 muertos. Al menos tres coches han descarrilado y dos vagones han caído por un terraplén.
El suceso ocurre apenas diez meses después del accidente de Adamuz, el segundo siniestro grave en la alta velocidad española en menos de un año. La línea permanece interrumpida y Renfe ha habilitado el teléfono **900 10 10 20** para familiares de los afectados. El maquinista del AVE sigue desaparecido, según fuentes sindicales, y las circunstancias del siniestro no están aclaradas.
¿Qué pasó en el puesto de adelantamiento de Urda?
El punto del accidente es un puesto de adelantamiento y estacionamiento de trenes gestionado por Adif, no una estación convencional. En ese tramo se circula con el sistema **LZB**, un estándar de los años noventa que no ha sido sustituido por el ERTMS, según detallan técnicos familiarizados con la infraestructura. La vía dispone de pantallas virtuales de bloqueo entre estaciones, sin señales físicas intermedias, y el sistema ASFA solo actúa como respaldo puntual en balizas, no de forma continua.
La hipótesis que más peso gana en las primeras horas es que el tren de Iryo se encontraba detenido en la zona de estacionamiento, posiblemente por un descarrilamiento previo o por una avería, y que el AVE que venía detrás no frenó a tiempo. El maquinista del AVE circulaba con **marcha a la vista**, autorizado a no superar los 40 km/h en condiciones degradadas, según las mismas fuentes técnicas. En ese escenario, la responsabilidad de detenerse ante un obstáculo recae sobre el conductor, sin que el sistema automático intervenga de forma efectiva.
Hay quien sostiene que el fallo humano es la explicación más plausible; otros replican que un sistema de seguridad que depende de una sola persona para evitar una colisión a más de 100 km/h no es un sistema de seguridad, sino un parche. La discusión sobre si el LZB debería haber sido reemplazado hace años recorre toda la mañana.
El segundo accidente grave en diez meses
El accidente de Urda llega después del siniestro de Adamuz, ocurrido en enero de 2026, en el que también se cuestionaron los protocolos de señalización y la respuesta del gestor de infraestructuras. La secuencia ha convertido la seguridad ferroviaria en un asunto político de primer orden a pocas semanas de unas elecciones.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha comparecido en el centro de control H24 desde las 9:40, según su propio mensaje en redes sociales. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tiene previsto desplazarse al lugar, según ha avanzado el alcalde de Urda. La oposición ha exigido explicaciones y VOX ha anunciado que su departamento jurídico se persona para evitar la retirada de pruebas, en referencia a lo ocurrido en Adamuz.
La comparación con otros sistemas ferroviarios es inevitable. El Shinkansen japonés acumula **cero muertes de pasajeros por descarrilamiento o colisión** desde su inauguración en 1964, según los datos que manejan los analistas del sector. China opera la mayor red de alta velocidad del mundo sin accidentes mortales comparables. España, que presume de ser el país con más kilómetros de alta velocidad por habitante, acumula dos siniestros graves en menos de un año.
El debate sobre la inversión y el mantenimiento
El estado de la infraestructura es el otro gran frente. Adif ha recibido casi **6.000 millones de euros** de fondos NextGen, según los datos que circulan en el sector, y el Gobierno ha destinado más de **1.500 millones** a modernizar trenes en otros países mientras la inversión en España caía a su nivel más bajo, según publicó _La Gaceta_. La coincidencia de ambas cifras ha encendido el debate sobre las prioridades del gasto público.
Los sindicatos de maquinistas describen la situación como «muy rara» dadas las circunstancias y los mecanismos de señalización de la vía. La denuncia de puntos negros en el enclavamiento de la línea, donde los controladores operan a ciegas en determinados tramos, lleva años sobre la mesa. La presión por la puntualidad en alta velocidad, con productividades ligadas a la ausencia de retrasos, añade un factor de tensión adicional al trabajo de los operadores.
El cálculo completo de la inversión por kilómetro de vía, desglosado partida a partida, arroja una diferencia que sorprende a quien compara los presupuestos de Adif con los de otros gestores europeos. Los números finos están en el material original.
Quién responde de los muertos
La pregunta sobre la responsabilidad recorre el debate de punta a punta. El maquinista del AVE, desaparecido según las fuentes sindicales, se ha convertido en el primer nombre que algunos señalan. Otros advierten de que en Adamuz se empezó culpando al conductor y se acabó hablando de mantenimiento y de fallos en el sistema.
La discusión sobre si el responsable es el operario o el artífice de un sistema que permite que un solo error humano cause una catástrofe ha pasado en pocas horas de la anécdota al primer plano. Los operadores privados han anunciado demandas contra el Estado por las pérdidas derivadas de la interrupción de la línea, y la factura la pagará el contribuyente, según coinciden varios análisis.
El país se enfrenta a la evidencia de que su joya de la corona, la alta velocidad, acumula dos accidentes mortales en menos de un año. La pregunta no es si habrá dimisiones. Es si alguien va a explicar por qué el sistema de seguridad más avanzado de Europa depende de que un maquinista vea un tren parado a tiempo.