El banco lo apunta a su favor y el albañil que ya no viene
El tramo arranca con la pelea de siempre: quién es el propietario. Pure Blood lo zanja a su manera: el banco no contabiliza el préstamo, contabiliza el valor de la vivienda, y si no pagas se la queda.
Es suya. Ahí no se mueve nadie. Y el hilo se cansa y se va a otro sitio: a quién queda para levantar los ladrillos.
Qué se ha sabido
FerminDeLeguia dibuja el problema de la mano de obra. Se ha perdido oficio cualificado entre el parón de las obras y el relevo de los trabajadores españoles, hoy jubilados o muertos, por gente cada vez menos preparada. Y no es solo cualificación: falta gente a secas. La natalidad que exportaba albañiles —Moldavia, Rumanía— se ha hundido. Colombia, Perú y Marruecos ya están por debajo de la tasa de reposición. Quedan los países más atrasados de África, pero
de ahí no se pueden estar sacando trabajadores eternamente, avisa.
Carajote suelta las cifras que ordenan el coste. Insiste en que no se construye porque los requisitos para urbanizar, las medidas, los procedimientos y los impuestos hacen que ningún inversor quiera poner un ladrillo. Su cuenta: invertir
10 millones de euros para ganar 300.000 no renta. Y se marca un objetivo: con las medidas que propone, las casas costarían
60.000 euros como mucho.
Catacroquer le devuelve el golpe: «Más viviendas» no es una solución, es una idea. La pregunta es quién recalifica, quién da la licencia, quién paga el suelo y quién construye barato con estos costes. El coste de construir se ha disparado y las normativas se han multiplicado.
Menchi aporta su receta: que solo puedan comprar españoles, ciudadanos comunitarios o extranjeros con residencia permanente. Y de paso avisa de que aun así no garantiza nada. Se ponen las reglas pero nadie vigila que se cumpla, dice.
nada2 trae un cálculo de salarios: en Latinoamérica se cobran
400 euros. Su tesis: en vez de dejar entrar a todo el mundo, se deja entrar a albañiles latinos y el problema se resuelve. FerminDeLeguia le contesta que ser albañil no es atractivo laboralmente y que subir sueldos encarecería todavía más la construcción.
Fluffy también insiste en que el problema es de base: firmar la hipoteca, dice, era tan fácil como leer las cláusulas y ver si te interesaba. Enseñar economía en vez de pseudovalores, remata, ayudaría. Y APRENDIZ DE BRUJO suelta una ironía: por cómo se hacen las cosas, cualquiera diría que una vivienda no es para todos, sino algo exclusivo.
FerminDeLeguia mete además el detalle del IMV. La renta básica deja de ser vital y básica cuando, por inflación, no cubre ni alquiler ni comida. Quien no tenga casa familiar libre de cargas no va a poder vivir de una de esas pagas, augura.
pepitogruñon pone la cifra del rescate:
122.000 millones de euros más intereses y generaciones enteras embargadas sin opción a una vivienda. Y de fondo, un vídeo que se enlaza en el tramo:
Dónde está la bronca
La tensión grande es el diagnóstico. BigTwentyOne lo reduce a un problema sencillo: si hay más gente que viviendas, o más viviendas o menos gente. La segunda no la ve viable, con cada vez más turistas e inmigrantes. Así que toca la primera. Catacroquer no traga: construir no es desear, y quien lo hace no es el que reclama. BigTwentyOne remacha: si los que dicen que la vivienda es un problema hacen lo contrario, es que no quieren resolverlo. Catacroquer coincide: a los partidos, a los fondos y a los grandes propietarios lo que menos les interesa es que se construya. BigTwentyOne cierra con un
bingo: no le interesa ni al grande ni al pequeño.
Por debajo corre otra bronca, más áspera. pepitogruñon cruza la usura del banco con una soflama religiosa y agresiva que varios le reprochan. orate estulto apunta a las oleadas de población que, según él, se acumulan en las ciudades. Hay respuestas con descalificaciones directas, que no aportan. El hilo se enrarece.
Qué cambia respecto a antes
La discusión sobre la hipoteca deja de importar. Nadie vuelve sobre si la casa es del banco o del comprador. El foco se mueve a la obra: quién la levanta, cuánto cuesta y por qué no se pone un ladrillo. Entra un asunto que antes no estaba: la falta de mano de obra. Y entra un cruce nuevo: los que creen que el problema es de oferta y los que responden que la oferta no es gratis ni brota sola.
FerminDeLeguia aporta la lectura más larga: las paguitas y el IMV no aguantan la inflación, y la herencia será cada vez más la única vía de acceso. El que espere vivir de una paga en casa de sus padres sin trabajar, dice, que se olvide. Y cierra con un aviso que nadie discute: el Estado terminará rapiñando las herencias.