Doce puntos en vivienda, el SMI como tope y tiendas de campaña
El hilo se ha ido a los extremos en una sola página. Un forero cuelga su programa de
12 puntos para arreglar el mercado, otro responde recortando esa lista por lo sano, y en medio tres usuarios discuten si la hipoteca debería caber en el SMI. Lo que empezó midiendo rebajas en Madrid acaba con alguien proponiendo dormir en tiendas de campaña como alternativa y con un tuit que pide repartirlo en octavillas.
Qué se ha sabido
Lma0Zedong pega los
12 puntos que, dice, necesita el país: más control de la inmigración, simplificación del CTE (revisión de las normativas medioambientales de 2022 y de los coeficientes de seguridad de finales de los 2000), menos zonas verdes en obra nueva con más densidad y altura, liberalizar más suelo y llevar empleo a las capitales de comarca. Una respuesta recoge el punto 3 y lo lleva a su terreno: pide la salida de millones de personas del país. La lista queda ahí, sin desarrollo.
Carajote pone la cifra del día: con el tope de endeudamiento en el
30% del salario base cotizado, de 1.200 euros quedan
375, y con eso, dice, no se compra en ningún sitio. Añade el caso británico que recuerda de hace quince años: allí se financiaba el
51% de la vivienda y el
49% restante lo asumía el Estado. Pancuronio completa la factura del promotor: IVA, terreno, ITP y demás impuestos.
frangelico explica por qué no arranca una grúa: la banca no presta para suelo desde 2007 y ahora apenas para construcción, así que el promotor mete mucho más capital propio y necesita una rentabilidad neta anualizada de al menos el
10%. En la burbuja, recuerda, se llegó a financiar todo menos
600.000 euros de una torre de más de
90 millones. Carajote repite el ejemplo del promotor que invierte
10 millones y gana
300.000. Lian liga hipoteca y SMI con vivienda a
10 o 15 kilómetros del centro, mirando a Viena. Y selenio suelta que las VPPL de tres habitaciones, garaje y trastero no bajan de
300.000.
La experiencia de un barrio
selenio cuenta lo que ve en su capital de provincias: compras a tocateja —cosa de inversores—, obra nueva a mansalva y pisos terminados hace un año o más sin nadie dentro. Los precios, dice, han subido un
50%. Y recuerda 2008: se construía
ocho veces más y el precio se multiplicó igual. Su conclusión es que negar lo evidente no hace que desaparezca.
Dónde está la bronca
El choque nuevo es entre prohibir el alquiler y preguntar quién alquila entonces. Carajote lo tiene claro: deportar a los que están sin papeles e ilegalizar el alquiler, y con eso, calcula,
3.000.000 de viviendas saldrían a la venta y
6.000.000 de personas tendrían un hogar. Nefersen le responde con la pregunta obvia: quien no tiene solvencia para comprar, ¿a quién le alquila? Si se prohíbe, añade, solo queda la tienda de campaña. Sonic The Hedgehog lo lleva al literal: dejar dormir en tiendas de campaña a quien no puede pagar, porque los sueldos, dice, son de tercer mundo.
rothbardiano mueve el foco de la culpa a la responsabilidad: el fondo de inversión, el rentista, el comprador extranjero o la familia que realquila habitaciones no hacen nada ilegal; la culpa, sostiene, es del que hace las leyes. Mongoose avisa de que si se baja la rentabilidad del alquiler el propietario vende y se va a bonos, y empeora el problema. Y mete los divorcios en la ecuación: con tantos, la demanda de pisos se dobla respecto a décadas pasadas.
Avulense64 pide contratos sin fecha de fin salvo necesidad del dueño y precios de término medio,
ni 400 ni 1.300. frangelico atribuye a un sindicato de inquilinos querer contratos a perpetuidad y precio congelado, y selenio le pone origen político. Abort&cospelo no cree en ninguna de las dos vías: reprocha que todo dependa del Estado y recuerda que hay pueblos con capacidad urbanística para 10.000 personas donde viven 2.000. Play_91 lanza el escenario que nadie había puesto: si hay guerra en Europa, dice, nadie querrá vivir aquí y las casas del barrio de Salamanca valdrían casi cero.
Antiparticula cierra con ironía: imprimir el tuit y repartirlo en Sol sería
lo verdaderamente subversivo.
Qué cambia respecto a antes
Se deja de discutir si el mercado se corrige solo y se discute quién tiene derecho a comprar. El suelo, que era el eje, pasa a segundo plano. Entra la economía del promotor con números concretos, entra un barrio real como prueba y entra la propuesta de ligar hipoteca y SMI, que hasta ahora solo era un cálculo suelto. Carajote remata con la edad de emancipación: cerca de los
40. Y Lian sentencia que esto ya no tiene remedio porque los salarios no suben un
60% cada cinco años. Nada se resuelve; las tiendas de campaña se quedan sobre la mesa.