El hilo salta a los pisos de ministros y a las causas de fondo
Los tuits vuelven a ordenar la página. rejon cuelga tres de golpe, con su
meparto, y el hilo se va detrás. Uno señala a una cantante que vive en una vivienda valorada en más de un millón de euros en Chamartín y le dedica un poema a Maricarmen. Otro apunta a un alquiler por debajo de mercado cedido a un negocio de la capital por una directora de organismo público nombrada en 2020. El tercero asegura que entre diez ministros se acumulan treinta pisos en propiedad. Ninguna cifra va con comprobación.
Qué se ha sabido
Antiparticula abre otra puerta: la votación de Junts del «Decreto Maricarmen», y pega seis enlaces de prensa —El País, RTVE, Europa Press, Las Provincias, Hoy—. El nombre, dice, ya funciona como mantra progre.
pepitogruñon pone fecha al origen del desaguisado:
la liberalización del sector financiero en 1994 y 1996, con el Banco de España perdiendo su papel de árbitro. Y trae la fuente:
los promotores vaticinan hipotecas a 70 años. Su resumen:
70 años de servidumbre.
frangelico trae dos casos. Uno propio: tiene el
expediente de ruina de una casa de 1920 que podría haber rehabilitado y ha decidido demoler y vender el solar. Otro ajeno: en Viena el parque público se alquila con precios variables según la capacidad del inquilino, y un piso de
90 m² sale desde
800 o 900 euros. De las hipotecas largas dice que en EE. UU. los tipos están en el
7,5% y que ahí da casi lo mismo firmar a dos, a treinta o a cincuenta años. Suma una sospecha sin pruebas sobre la venta de vivienda municipal en Madrid años atrás y una queja de fondo: muchas leyes, dice, salen ruinosas para el contribuyente y contradictorias en su propia redacción.
Florecilla Silvestre mete el dato histórico: en los 80 el MIBOR rondaba el
15%, la inflación se acercó al
100% y los sueldos se multiplicaron, lo que diluyó la deuda; en los 90 el PSOE devaluó la peseta tres veces. Remata que la inquilina pagaba un tercio del SMI por un piso de tres habitaciones en el centro.
eulerian suelta sus cifras:
200 euros pagados durante mucho tiempo, y zonas de España con alquileres de
300.
Dónde está la bronca
Gothaus no se mueve: ni una cifra le vale si no se habla de las causas.
Se quedan con las consecuencias, resume, y llama demagogia barata al resto. Insiste en separar el problema de la vivienda de quien se aprovecha de un contrato, y zanja con su receta de siempre:
location, location, location. hyperburned le responde por el lado del precio: el fondo compró muy por debajo de mercado, así que la teoría no encaja. Su lectura del caso es que se compró el piso con una persona dentro esperando el desenlace, y que eso era una inversión con riesgo.
frangelico carga contra el otro extremo: atribuye el desfase a una demanda que crece sin freno porque nadie restringe la entrada de gente al país. McNulty hace la lista —
50.000 personas al mes por Barajas, según su cálculo, turismo, visados para teletrabajadores, trabajadores de provincias, estudiantes, divorcios y solteros— y sostiene que controlando las tres primeras el mercado se estabilizaría o bajaría algo. eulerian lo simplifica: si lo compró, es suyo, y el problema es que aquí no hay seguridad jurídica para el propietario. Pregunta, de paso, qué se supone que es un fondo buitre más allá de un fondo que quiere ganar dinero.
pepitogruñon pide cortar por lo sano: expropiación, porque la vivienda responde a un interés general por encima de la propiedad privada. Gothaus le devuelve la pregunta: a quién se expropia y con qué condiciones, que ahí está la labor de cirujano. Nefersen cierra el paso con ironía: que le pasen el teléfono de la empresa que le reforma un piso gratis.
Un mensaje se sale de tono y se queda solo. Otro contesta con un cálculo de crowdfunding: con
2.000 personas poniendo un euro al mes se resuelve el asunto.
Qué cambia respecto a antes
La pelea de la botella de aceite queda arrinconada. Entra el marco político —el «Decreto Maricarmen», la votación de Junts, los pisos de cargos públicos— y con él la disputa vieja entre causas y consecuencias. El fondo del caso ya casi no se discute: el tramo se ha ido a la raíz del mercado, a la financiación y a quién debe pagar la fiesta.
frangelico añade un apunte que no había salido. Cuando el juzgado funciona lento, dice, hay quien compra por debajo pisos que llevan dentro un inquilino o unos ocupantes, a la espera de descargar el problema. De ahí, sostiene, la cantidad de pisos que se anuncian en esa situación.
Y aparece el resumen irónico de todo, firmado por un forero que se pone en el papel de una inquilina de renta antigua con
300 m² en Recoletos: los malos, viene a decir, son los acaparadores.