Del desahucio al «concurso de méritos» para alquilar piso
El hilo ya no discute si el desahucio era legal. Discute quién decide quién entra en un piso. HaCHa lanza la idea a media tarde: si hay que repartir vivienda, que sea por criterios, no por suerte. Y a partir de ahí tres foreros se enzarzan en cómo se mide el mérito de una persona para darle un techo.
Qué se ha sabido
Floid reconstruye la cadena de subrogaciones —padre, madre, ella— y sostiene que por eso se pudo desahuciar. Añade que le ofrecieron soluciones habitacionales varias veces a lo largo de años y que no aceptó ninguna. Su conclusión: el Estado protege a todos, también al propietario, y aquí se hizo lo correcto.
RubenII pone dos fechas encima de la mesa. Una:
la ley por la que la desahucian es de 1994. Otra: en 1957 con un sueldo de obrero se vivía enfrente del Retiro, y ahora hacen falta dos o tres sueldos para lo mismo. Austerlitz baja otra cifra: una residencia de
1.200 euros, que según él ella decía no poder pagar cobrando 1.400. Brigit vuelve a pegar los detalles del caso y un tuit que se comenta en el hilo:
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Botones Sacarino mete su propia estadística:
700.000 personas entrando cada año y 100.000 viviendas construidas, y de ahí saca la burbuja del acceso a la vivienda. frangelico deja una pregunta que nadie contesta: si el edificio lo tiene un fondo, una SOCIMI o es un piso suelto. Y biziraun cita a Xi Jinping, 2016: que las casas son para vivir, no para especular.
Dónde está la bronca
El primer choque es de tono. Gatoo_ arremete contra la inquilina por su pensión y su falta de previsión. win.metawin le corta en seco: se puede estar de acuerdo con el desahucio sin dedicar palabras de desprecio a una anciana. Kurten frena a Gatoo_ con un «ni tanto ni tan calvo». La discusión se recoloca.
El segundo choque es el nuevo. HaCHa propone adjudicar por
concurso de méritos, como en la función pública: valora función social, relevancia productiva, conciencia colectiva, huella ecológica, interés general mediático. Doctor Nunca le contesta que el mérito es subjetivo, que eso acaba en comités y en enchufismo, y que algo parecido hizo ya la ley de rentas antiguas creando colectivos fuera de mercado. Funcional lo lleva al absurdo: si el mérito decide la casa, también podría decidir el voto, y pregunta quién pondría el baremo y quién vigila al que vigila. Marcus Halberstam añade que los recién llegados protestarían por un carnet que privilegie a los de casa.
El tercer frente son los fondos. McNulty y frangelico sostienen que el relato del fondo buitre dueño de casi todo es falso: el inversor español es amateur, y lo institucional, las SOCIMIs, opera en el tramo alto. McNulty pega un tuit para reforzarlo.
Y por debajo corre el eje de la culpa. VixensAttackMe reclama que se reconozca de dónde venía el derecho y cuenta que él pasó años en habitaciones y yendo andando al trabajo sin ayuda de nadie. Penitentes lleva el argumento a Estados Unidos y a lo que llama ultraliberalismo, con el sistema sanitario como ejemplo. Doctor Nunca llama al caso un nudo gordiano: jurídicamente claro, dice, pero obliga a tomar partido. Y varios lo toman en voz alta: biziraun lo dice sin rodeos,
está con ella porque es de su bando, y avisa de que se acercan tiempos convulsos. Otro participante apunta a que la mayoría de los pisos están en manos de quienes más tienen y que este caso es la excepción, no la regla.
Csigno aparte el goteo de cálculos personales. Klapaucius dice que le pagan la pensión de su bolsillo, que él paga
550 euros por una habitación y que le roban la mitad de lo que ingresa como autónomo. CaCO3 sostiene que ella pudo comprar un piso propio en 1997 o 1998 en el Madrid previo a la burbuja, cuando ya sabía desde 1994 que no podría quedarse toda la vida allí. Y alguien ironiza sobre cierto personaje público que, dice, «ya ha hecho un gesto, en privado».
Qué cambia respecto a antes
Se deja de discutir si la ley se aplicó bien. Eso ya nadie lo pelea. Lo que entra es el reparto: cómo se asigna una casa, quién la merece y si el problema es el fondo, el casero o la norma. Aparecen los primeros números sobre inmigración, que hasta ahora no habían salido. Y queda suelta la pregunta de frangelico sobre a quién pertenece el edificio. Nadie la responde.
Lo que se pregunta y nadie contesta
Dos interrogantes flotan sin respuesta. El primero, de quién es la propiedad y a qué tipo de dueño se enfrenta cualquiera que firme un alquiler. El segundo, cómo se mediría el mérito de una persona si de verdad se fuera a repartir vivienda por criterios. HaCHa deja el sistema a medias; Funcional y Doctor Nunca lo desmontan; nadie propone uno que no se pueda trucar. El hilo cierra la jornada con la misma pregunta con la que la abrió, pero al revés: ya no es a quién echan, sino a quién le tocaría entrar.