Zverev se rompe el tobillo y Nadal ya está en la final
La semifinal contra Zverev acaba antes de tiempo. El alemán iba mandando con su saque y su revés, Nadal sudaba y perdía el servicio una y otra vez. En un desplazamiento lateral, Zverev se tuerce el tobillo. Grita. Se va en silla de ruedas. Vuelve con muletas, abraza a Nadal y se retira. El viernes 3 de junio, día en que el mallorquín cumple 36 años, el partido se cierra sin terminarse.
Qué se ha sabido
El hilo arranca el viernes con el partido a las tres horas y sin llegar al segundo set. Uno lo resume:
«3 horas ya cumplidas y aún no ha terminado el segundo set». Apuntan
8 dobles faltas del alemán y
3 aces de Nadal. Llega la lesión y el foro se llena de mensajes mientras Zverev está en el suelo. Sale en silla de ruedas, con gestos de mucho dolor. Rejon lo cuenta paso a paso: el alemán vuelve a pista con muletas, ovacionado por la grada, abraza a Rafa y se retira.
Nadal está en su decimocuarta final de Roland Garros. Rejon lo cifra: es la
10ª vez que supera una ronda de un Grand Slam tras la lesión de un rival, la segunda en París y la segunda en unas semifinales desde 2007. Y enlaza la
crónica del partido en AS.
En la otra semifinal, Ruud gana a Cilic. El partido se para un rato porque una mujer se ata a la red. Un forero lo suelta:
«se ha atado a la red y no pueden llevársela». Cuenta después que es seguidora de Djokovic y que pedía suspender el torneo. Ruud pasa a la final. Antes, en la semifinal femenina, Swiatek liquida a Gauff en
68 minutos.
El domingo se juega la final, otra vez bajo techo y con la humedad de la pista cerrada. Nadal se lleva el primer set
6-3. En la grada, alguien cree ver a Lewandowski. Tras el partido del viernes, Nadal dice que preferiría perder la final a cambio de un pie nuevo. Toni Nadal, por su parte:
«Si tenemos que perder con uno, mejor con Ruud».
Dónde está la bronca
Dos frentes que ya venían de antes y que aquí se multiplican.
El primero: la lesión como prueba del arreglo. Una cuenta repite que el cuadro estaba amañado y que a Nadal le han puesto un muñeco en la final para que gane sin sudar y se retire. Sostiene que el alemán se retiró justo cuando el partido se le iba. Varios le responden que la torcedura se ve en la repetición y que el propio Zverev se fue en silla de ruedas. Otro le devuelve la ironía:
«Lo que le hicieron al Zverev para que se rompiera el mismo el tobillo, no quiero ni imaginarlo». Y un tercero corta:
«Amañado el qué? De qué? Por qué? Por quién?».
El segundo: el sudor, otra vez. El grupo de siempre vuelve a que Nadal suda mucho y que eso prueba algo. Ninguna prueba, ningún control, solo el brillo de la piel. Alguien calcula que no da para tres horas y media de partido. Y un defensor responde que
«Nadal siempre ha tenido un problema de sudoración excesiva» y que sano pocos partidos ha perdido por falta de gasolina.
De fondo, el odio. Hay quien pide nombres y apellidos a los que insultan al jugador. Otro lo corta:
«El odio que habéis escrito contra Nadal en las últimas páginas es patético». Un tercero se defiende: lo único que hacía era relatar lo que veía.
Qué cambia respecto a antes
El duelo que se esperaba como el partido del torneo no se termina. La predicción de que Nadal no aguantaba cinco horas queda en el aire: no hizo falta. El cuadro sí se cumple. Ruud y Cilic por un lado, Nadal por el otro, y la final sale con el noruego, formado en la Rafa Nadal Academy desde 2018. Eso da munición nueva a los que hablan de arreglo.
Entra un tema nuevo: la final contra el pupilo. Y la duda del pie sigue sin respuesta. Nadal ha prometido contar lo que pasa cuando acabe el torneo.
Lo que se vaticina
Antes de la final, las apuestas del hilo. Rejon:
«Si Rafa está enchufado y no hay síntomas del pie, 3 sets corridos». Otro pone
6-2 4-6 6-3 y 6-1 para Nadal. Un tercero ve a Ruud ganando en cinco sets. Sobre Zverev, alguien calcula que puede acabar con
2-5 Grand Slams si vuelve bien de la lesión.
Y el más insistente lo clava con sorna:
6-2, 6-2 y 6-3 sin sudar. A mitad del primer set, cuando Nadal ya domina, ese mismo forero pide que alguien le confirme si está sudando.