Del 6-2 al 6-2: Nadal echa a Djokovic y pasa a semis
El 31 de mayo Nadal tumba a Djokovic en cuartos de Roland Garros.
6-2, 4-6, 6-2 y 7-6. Cinco bolas de partido. El serbio tenía 5-2 el cuarto set y lo perdió en el tie break. Djokovic cede el número uno. Nadal sube al cuarto. Y el hilo se parte en dos: los que llevan siete años firmando la decadencia y los que entran a recordárselo mensaje a mensaje. El viernes toca semifinal contra Zverev y nadie quiere ser el primero en decir cómo acaba.
Qué se ha sabido
Dos tandas de dominio. Primero el repaso del martes:
6-2 en el primero,
6-2 en el tercero, y entre medias un 4-6 que casi no cuenta. Un forero pega
las estadísticas de Nadal y el filtro de sus títulos de Grand Slam, y otro enlaza
las de Djokovic sin decir nada más. La broma se entiende: los números están ahí y cada uno los mira como quiere. Otro resume el partido en tres líneas: paliza, set cedido por poco, paliza y remontada en el tie break.
Fácil, dice. Djokovic pierde el número uno de la ATP y deja el trono a Medvédev o Zverev. Nadal es ya el número cuatro.
El viernes, semifinal. Llueve, se cierra la pista, y el duelo con Zverev arranca bajo techo. El primer set dura
hora y media y Nadal lo salva en el tie break cuando parecía perdido. A partir de ahí el hilo se vuelve una sala de comentarios partido a partido: que si el saque del alemán a
200 km/h, que si el revés de Zverev clava desde cualquier ángulo, que si el calvo se viene abajo a mitad del segundo. Mientras, Rune cae con Ruud en cuatro y Cilic sobrevive a Rublev en cinco. El cuadro queda por un lado con noruego y alemán, y por el otro con Nadal, que el 3 de junio cumple
36 años.
L'Equipe saca su portada con Nadal disfrazado de Terminator antes de la semifinal. El propio Nadal ha hecho público que contará lo del pie al acabar el torneo. Nadie sabe si juega o no en Wimbledon. Varios mensajes discuten también el saque de Alcaraz de cara a la hierba: unos lo ven escaso para los rivales que le esperan, otros creen que el problema es la tierra y que en Wimbledon le va como anillo al dedo.
Dónde está la bronca
Dos frentes que se solapan. El primero: el pie. Un participante sostiene que la lesión es una
estrategia psicológica, que va y viene según el torneo y que sirve para desestabilizar al rival. Varios le siguen el juego con la misma hipótesis: que si el pie duele siempre, no se puede correr como un gamo en París y desaparecer en la gira indoor. Otros recuerdan que lleva con el mismo problema desde 2005 y que él decide cuándo parar. Un forero calcula que sin la dolencia tendría
30 Grand Slams. Otro responde que el cuerpo de un tenista de 35 años no está mejor que a los 27: se rompe igual.
El segundo frente: el sudor. Un grupo de cuentas se engancha a que Nadal suda mucho en cancha y a que eso es prueba de algo. Van repitiendo la palabra con insistencia. Ninguna prueba. Ningún control. Solo el brillo de la piel como argumento. Un forero avisa de que cuando el rival también suda, el tema deja de interesarles. Nadal nunca ha dado positivo en un control antidopaje, y él mismo ha dicho que se pincha antes de jugar.
Y una bronca que se abre paso entre el humo: la tierra batida. ¿La superficie es un atajo o un demérito? Alguien defiende que sin tierra Nadal todavía sumó
ocho grandes y que eso es más de lo que lograron Agassi, McEnroe, Connors o Lendl; que nadie ha ganado más de tres Roland Garros y él lleva trece. Otro sostiene que sus números están inflados por la falta de rivales en tierra y que el tenis está politizado. Se cruzan zascas con la era de las raquetas de madera, la longevidad de Connors y la proporción real de torneos por superficie. También entra la comparación con Sampras y Borg, y con el propio saque de Zverev, con quien uno bromea:
Nadal con ese saque tendría 30 Grand Slams.
Qué cambia respecto a antes
Lo que ya no se discute: Djokovic está fuera. El 6-2, el tie break del cuarto y las cinco bolas de partido zanjan el asunto. La predicción de quien decía que Nadal caía en cuartos o en su primer quinto set queda ahí, esperando, porque el alemán no está muerto. Entra con fuerza la semifinal contra Zverev, que se juega bajo techo y a la que los más escépticos llegan con la calculadora y la sonrisa torcida. Y se abre un tema nuevo: la camiseta. Varios mensajes ven en la V del pecho un mensaje hacia Australia y las vacunas. El hilo de la decadencia cumple siete años y sigue en la primera página. Alguien pide que si Nadal levanta el torneo, se le dedique algo al autor original.
No hay conclusión. Zverev aguanta el saque, Nadal pierde tiempo, y el marcador no se cierra.