El Real Madrid se rompe en octubre: Mourinho, Vinicius y el factor arbitral
El Real Madrid llega al parón de octubre con la liga ya cuesta abajo y una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿cuánto de lo que pasa es mala planificación y cuánto es el entorno? La derrota ante el Atlético, la expulsión de Vinicius por un tirón de pelo y el gol anulado a Diomandé en el último partido han convertido el arranque de temporada en un polvorín. El diagnóstico más repetido en el debate no apunta al banquillo: apunta a la planta noble del Bernabéu.
Un presidente cuestionado y un entrenador que ya no calla
La tesis dominante es que Florentino Pérez ha perdido el control del relato. Se le describe como un dirigente aislado, con decisiones que la afición interpreta como erráticas y con un entorno que, según varios análisis, le empuja a renovaciones y fichajes por razones que no son deportivas. La venta del club, o su apertura a un fondo, aparece mencionada como horizonte posible. No es una acusación nueva, pero sí más extendida que en temporadas anteriores.
Mourinho, por su parte, ha dejado de ser el escudo. Varios mensajes sostienen que aceptó el puesto sabiendo lo que había y que su prioridad es cobrar el último gran contrato de su carrera. La lectura más dura es que no peleará contra la directiva porque no le conviene. La lectura más benévola es que, con esta plantilla, cualquier entrenador estaría vendido.
Vinicius, Mbappé y el problema de los dos líderes que no lideran
El foco sobre los dos delanteros es implacable. A Vinicius se le reprocha que juegue solo cuando quiere, que haya renovado sin haber recuperado el nivel y que su expulsión por agarrar del pelo a un rival sea la enésima muestra de falta de cabeza. La comparación con Cristiano Ronaldo aparece varias veces: el portugués, se dice, también era individualista, pero respondía en los partidos grandes.
Mbappé recibe un trato distinto y más frío. Se le acusa de psicopatía por grabarse en bici después de que el entrenador criticara ese tipo de contenidos, y de ser incapaz de arrastrar al equipo cuando el partido se pone feo. La idea que se repite: ninguno de los dos puede liderar un proyecto, y el club ha construido el suyo alrededor de ambos.
El arbitraje: del cabreo puntual a la teoría del sistema
El gol anulado a Diomandé y la roja a Vinicius han reabierto el debate arbitral con una intensidad que no se veía desde hace meses. La corriente mayoritaria no habla de errores aislados: habla de un patrón. Se citan jugadas concretas —el rodillazo a Giuliano, el tirón de pelo, el gol anulado— y se comparan con lo que se pitó en partidos del Barcelona. La conclusión que se extrae es que el VAR se aplica con criterios distintos según el escudo.
La postura contraria, minoritaria pero presente, recuerda que el reglamento es claro en la jugada del tirón de pelo y que el árbitro acertó. Desde ahí se ironiza sobre la facilidad con la que se recurre al victimismo cuando los resultados no acompañan.
El caso City y la doble vara europea
El expediente al Manchester City por 115 irregularidades financieras, con 114 cargos considerados probados según los mensajes, se usa como espejo. La pregunta que se lanza: ¿por qué al club inglés se le investiga durante años y al Barcelona, con el caso Negreira, se le pide olvidar? La respuesta que se da en el debate es que en España la corrupción arbitral no se persigue porque perjudica al Madrid y beneficia al rival, y que eso forma parte del ecosistema.
Hay quien va más allá y sostiene que el Madrid debería plantearse salir de LaLiga. No es una propuesta mayoritaria, pero sí recurrente cuando se acumulan las derrotas.
El vestuario: camarillas, mercenarios y falta de carácter
La descripción del grupo humano que se hace en el debate es la de un vestuario roto. Se habla de jugadores que se pelean por premios individuales, de camarillas organizadas por origen y de un entrenador sin autoridad real. La limpia, se dice, lleva tres años de retraso. Los contratos se firman por razones extradeportivas y eso, sostienen algunos, explica por qué el equipo se cae en los partidos importantes.
La comparación con el Barcelona de Guardiola es inevitable: allí se largó a las divas en dos semanas y se construyó un modelo. Aquí, se lamenta, no hay modelo ni intención de tenerlo.
El dato que descoloca no es la derrota. Es que, con 2600 mensajes acumulados en veinte días, la discusión ya no gira sobre cómo ganar la liga. Gira sobre cuánto tiempo más aguanta esto antes de que alguien tenga que vender, dimitir o empezar de cero.