Una foto de Macarena Olona y el ruido de siempre sobre el cuerpo ajeno
Una imagen. Sin declaraciones, sin propuestas, sin cargo. Eso es todo lo que hizo falta para que la conversación sobre Macarena Olona, una de las figuras políticas con más presencia mediática de los últimos años, se llenara de comentarios sobre su cuerpo y su edad. Nadie discutía una medida, un voto ni una declaración: se discutía cómo sale en la foto. El patrón es viejo y se repite cada vez que la protagonista es una mujer con proyección pública.
Qué se comenta cuando no se comenta política
Revisado el rastro de reacciones que deja la publicación, el resultado es monocorde. Hay etiquetas sobre su estado de ánimo, comparaciones con otras figuras del entretenimiento para adultos, referencias a su edad —una de las respuestas le atribuye 47 años— y bromas sobre supuestos dispositivos que llevaría puestos. Cero referencias a su actividad pública. La foto funciona como pantalla en blanco sobre la que cada cual proyecta lo que ya pensaba.
El coste de opinar sin filtro
La crítica a un personaje público es legítima y está protegida. Otra cosa es el desplazamiento sistemático del asunto: cuando el sujeto es una mujer, el argumento se sustituye por el juicio estético. No hace falta insultar para que el efecto sea el mismo; basta con no hablar de nada más. Y ese silencio informativo —ruidoso, pero vacío— es el que acaba marcando la agenda del día.
Con estos mimbres, el cesto se teje solo. Lo llamativo no es cuántos comentarios genera una foto. Lo llamativo es que no haya ni uno dedicado a lo que dice o hace.