Markkus y Palimpsesto se enzarzan: el XVI sale del hilo
El tramo arranca hablando de geografía y acaba en pelea personal. Markkus y Palimpsesto se enzarzan y se llevan por delante buena parte de los 40 mensajes, mientras el resto del hilo sigue a lo suyo: las desamortizaciones, los colores de la bandera y si España es Europa. El siglo XVI, que venía ocupando las páginas anteriores, desaparece por completo.
Qué se ha sabido
Markkus abre con factores geográficos: España tuvo limitaciones hídricas, un suelo menos fértil que el francés y ningún río navegable comparable a los alemanes. Y acto seguido rechaza el determinismo: Holanda levantó una potencia de primer nivel sobre una geografía peor.
eL PERRO mete las desamortizaciones: antes de que se hicieran había
8 millones de hectáreas en manos de la Iglesia y de la élite, según la cifra que da. Su tesis es que eran necesarias y que la Iglesia acumulaba tierras que ni trabajaba ni dejaba trabajar. Markkus matiza que la necesidad no se discute, pero que el cómo fue el problema:
la propiedad se concentró en quienes tenían capital y contactos políticos, y muchos pueblos perdieron las tierras comunales que les sostenían. Cita un libro de Diego López sobre el asunto.
BGA trae a Reverte: el artículo del Dominical de El País, la amargura que destilaba y la cuarta tirada de Alatriste.
En el tramo se enlazan dos textos:
el artículo de Jon Juaristi sobre Ceuta y don Julián y
el capítulo 11 del Quijote.
Dónde está la bronca
Hay dos frentes.
El primero es de argumento. Palimpsesto sostiene que España es la nación más importante de Europa, que la Europa de verdad es la mediterránea y que quien dice lo contrario repite el discurso de los afrancesados.
«Hay más civilización en Cáceres que en toda Dinamarca», escribe. BGA le responde con un matiz: geográficamente y culturalmente España es Europa, pero si Europa se entiende como germano-vikinga-eslava, entonces no; España es Grecia, Roma y cristiandad en un grado que, dice, no tiene casi ningún país al norte del Rin. Furymundo cierra por el otro lado: España no es puente de nada, es España y basta, y la bandera rojigualda no le gusta nada.
El segundo frente es la pelea entre Palimpsesto y Markkus, que se sale del tema desde el primer cruce. Palimpsesto le reprocha a Markkus que hable así de España, le niega el patriotismo y el conocimiento, y le compara con Reverte y con los afrancesados. Markkus responde que aquí nadie niega la grandeza de España, que analizar y criticar pedagógicamente no es situarse en contra, y suelta que España lleva 200 años sin pintar nada en el mundo. En medio, echa mano de su ascendencia: dice descender de montañeses y remontar sus ancestros a un caudillo ibérico que acompañó a Pelayo. Palimpsesto se lo toma a broma. BGA interviene para celebrar un estilo distinto del suyo y decir que en lo fundamental comparte trinchera. Furymundo, que lee a Palimpsesto, no ve traición ninguna en los mensajes de Markkus.
La identidad y el «integrador»
Markkus pide un relato nacional que recoja todas las aristas y sostiene que la identidad española se ha construido excluyendo al otro, cuando no exterminándolo, y que la Guerra Civil fue producto directo de esa forma de convivir que es justamente no convivir. De ahí, dice, el déficit identitario: cada tribu entiende España a su manera y mira al compatriota como enemigo. Furymundo le pregunta qué es eso de «integrador», palabra que le suena mal, y contesta que con la guerra en la sangre y sin intelectualidad no se va a ningún sitio.
Qué cambia respecto a antes
El XVI y los tercios salen del hilo. Entran la desamortización, la bandera, las identidades y la pregunta de si España es Europa. Ultramontano no aparece en todo el tramo. El debate deja de ser sobre cifras y pasa a ser sobre quién tiene derecho a hablar de España. Y el encuadre es nuevo: lo que antes era discusión sobre PIB y fueros ahora es discusión sobre relatos nacionales, símbolos y desamortización. Markkus deja una predicción: sin reconstruir el nacionalismo ibérico-español y generar una nueva identidad nacional,
«no vamos a ninguna parte».