El melo se muda unos días a casa de la belga y no enseña fotos
La fiesta del colegio de Sitges se quedó en nada. El melo aparece con el resumen y es un anticlímax: la belga se pasó la tarde pegada a él, el exmarido se marchó a media fiesta y los cuatro foreros que se habían citado allí para verlo en directo no tienen nada que contar.
«Al final no pasó nada destacable», escribe. Lo gordo viene después: anuncia que
se muda unos días a casa de la belga, porque en el zulo no se puede dormir con el calor que hace.
Qué se ha sabido
Del día de la fiesta hay tres datos. Uno: la belga decidió estar todo el rato con él, «somos pareja y es lo que hay». Dos: el exmarido se fue a media fiesta y, según el relato que aquí se hace, no le sentó bien la escena. Tres: los hijos de ella vinieron corriendo a saludarlo. El melo dice que al belga le vio poca presencia. El resto del reparto del colegio, añade, ni le miró.
Del fin de semana de festival:
Charlotte de Witte tocó el viernes, pero él fue el sábado, a The Prodigy, «expresamente». Y allí, en el Sonar, se cruzaron con la cognata y unas amigas. Se la presentó a la belga. Le soltó lo de «ciao bella, mi piace» y él mismo reconoce que sonó falso.
Cambio de casa. Con el zulo a temperatura insoportable, el melo duerme estos días en casa de la belga, que está vacía porque los niños se han ido con su padre. «Pillaré un par de calzoncillos limpios», avisa. La mudanza no le cuesta nada porque, dice, el nivel de vida de ella no ha bajado.
También ha movido piezas en casa de su madre. Le ha propuesto bajar con el niño y con la belga a pasar la verbena en el patio, y la madre ha dicho que sí, belga incluida.
Cuentas de Formentera, sin ir más lejos:
12 euros por una caña en un chiringuito, un dato que un forero dice haber leído y que fecha en
2015. Otro recuerda que ese mismo año pagó
4 euros por un café en la isla y calcula que ahora serán ocho. El melo se va el viernes y vuelve el lunes. Corto, dice, porque tiene «mucha feina».
El cumpleaños. La belga cumple el martes. Cae en medio del viaje, así que el melo no sabe qué hacer. Pide ideas. Le llueven: lencería, flores, bombones, un reloj, su perfume favorito, reservar un restaurante. Él se queja de que ya tiene de todo. Y añade que los belguitas no estarán para felicitar a su madre, porque sospecha que el padre se lo impedirá.
En otro orden: un forero informa de que le han metido en el ignore en otro hilo y de que cree que lo han borrado entero. Viene a contarlo y se va. Otro cuenta que tiene
18 personas en casa porque su mujer, finlandesa, se ha ido unos días a su pueblo. Y una forera se entretiene leyendo un diario del
19 de julio de 1936, donde el gobierno acaba de decretar el cese del general Franco.
Dónde está la bronca
El hilo se rompe por las fotos. Gonzalor lleva tres días pidiendo la cara B de la belga y una foto de cuerpo entero de la cognata. El melo responde que las que tiene están borrosas y movidas, que ahora no puede subir nada y que hay extraños delante. Gonzalor le contesta que para qué lleva entonces la cámara. El melo se defiende: que no va a pedirle a su pareja que se ponga de espaldas para una foto y se la mande a sus amigos del foro. Alguien resume el estado de la cuestión: el modelito daba para algo, pero se ha quedado sin ver.
La otra discusión es sobre la inteligencia. El melo suelta que la belga es más lista que todos los que escriben en el hilo. Gonzalor avisa de que una mujer muy inteligente es más peligrosa que una tonta, y que no conviene cabrearla ni dejar de cabrearla. Un forero le corrige: es más peligroso un necio que un listo enfadado, porque el listo busca algo y el necio puede arruinarlo todo sin motivo. Gonzalor cierra con la frase de su jefe, que viene a decir que antes trata con un canalla que con un necio armado.
Y un matiz de celos: tras el encuentro del Sonar, varios participantes dan por hecho que la cognata se lo ha contado todo a Bomboncito y que a Bomboncito le ha sentado regular.
Qué cambia respecto a antes
Se cierra el episodio de la fiesta. La expedición que se había organizado para verlo en directo no reporta nada: ni buffet, ni escena, ni fotos. Las quinielas que situaban al belga contratando abogados o montando un numerito fallan: se fue y punto. El propio melo lo dice con sorna, que ya no levanta pasiones.
Lo que entra es nuevo. Primero, la convivencia: dormir en casa de la belga mientras ella sigue formalmente casada. Segundo, el cumpleaños, que le obliga a decidir un regalo. Tercero, Formentera, con precios altos y vuelta el lunes.
Y sigue pendiente lo de siempre: las fotos. Gonzalor apostó a que se las haría igualmente en la isla. El melo ha dicho que allí no piensa hacerle ni una.