Pantallazos de la historia del padre del melo: «Se acabó»
El melo ha contado que su padre se marchó antes de que él naciera. Un rato después ha avisado de que alguien le ha pasado pantallazos de otro foro donde se ríen justo de eso. «Se acabó, esto sí que no», ha escrito. Añade que se rían de él le da igual, pero que se rían de algo tan personal, no. El hilo se parte ahí: unos siguen tirando del relato de la familia del melo, otros van a por los del foro de los pantallazos.
Qué se ha sabido
El melo ha puesto carne a su historia familiar. Su padre desapareció poco antes de que él naciera; su hermana mayor sí lo conoció, aunque casi no lo recuerda. Su madre cortó todo contacto con la familia paterna: «Son de aquí al lado, de Vilanova». No sabe si tiene hermanos, tíos o primos por ese lado, y dice que tampoco le interesa saberlo.
Antes de eso el tramo ha dejado la comida del día: gnocchi al pesto en casa de Bomboncito, salteados en lugar de hervidos. El melo insiste en que están en otro nivel. Y suelta a media tarde la noticia:
la cognata y el calvo alfota se han separado. Es la tercera separación del alfota, según su relato. Lo que le han contado: llevaban tiempo cada uno a su bola, desamor y desapego hasta que se han plantado.
También ha salido que Bomboncito puede marcharse unos días y quiere que sea el melo quien se quede con el niño. Y que en Cal Pinxo el melo tiene un problema de vestuario: solo tiene un polo y es negro. Las chanclas quedan descartadas de entrada. De paso apunta que el ático de Amberes es enorme y va a nombre de los dos. La belga, mientras, cree que el melo está enfadado con ella; él no piensa contarle por qué. Y Circe le recuerda que acaba de cerrar su último año de treintañera: el que viene trae la crisis de los 40.
Dónde está la bronca
La bronca de este tramo no es un debate, es una reacción. El melo cuenta lo de su padre y, cuando le pasan los pantallazos del otro foro, corta. Tagghino y Circe le ponen en contexto: si alguien se ríe de algo así, retrata al que se ríe. HARLEY66 pide no perder el tiempo con lo que llama mindundis. Gonzalor recuerda que esto es Burbuja, que aquí hay de todo y que, si alguien no gusta, se le ignora y punto.
Ahí vuelve el ignore. HARLEY66 anuncia que acaba de meter en el «turboignore» a todos los del otro hilo que suben pantallazos de este. Gonzalor se suma y pregunta si hay que añadir a dos de los habituales. Circe dice que ella ha metido a tres,
«dos de ellos son la misma persona». ElCalvo rebaja:
poner en el ignore es darles una importancia que no tienen. Gonzalor responde que a él le da igual, que los añadió ayer porque no valen ni para trolearlos.
La otra discusión, más de fondo, es la del lujo. Circe sostiene que los europeos son mirados para gastar y que invertir en ladrillo está bien, pero en un barco nuevo que usas dos veces al año, no. HARLEY66 zanja que solo los tontos compran artículos de lujo nuevos. ElCalvo dice que a estas edades ya no se encuentra material de estreno y que, si se encontrara, sería preocupante. Y el hilo se va por los Dacia: Gonzalor concede que han mejorado y casi se los puede considerar coches.
Cómo funciona un ancla, según el melo
El melo ha resuelto un misterio que, dice, no le dejaba dormir: el del ancla. Fondeados en una zona de arena, vio bajar el ancla y se temió lo peor. Luego entendió que, al bajar, y sobre todo por el peso de la cadena,
el ancla queda horizontal y ahí agarra; solo funciona en horizontal y se desencalla sola buscando la verticalidad. Lo comparó con un arado. Tagghino le siguió la gracia y le propuso cultivar algas ahí abajo.
Qué cambia respecto a antes
Entra un asunto nuevo y con peso: la tercera separación del alfota, que reordena el reparto de consolaciones. El melo se ve otra vez en el centro, ahora con el niño de Bomboncito de por medio y con el relato de su padre recién contado en voz alta.
El ignore, que ya venía siendo el eje, se recicla con nombre nuevo: turboignore. Y se estrena un tema con poca mecha y mucha salida: los ciclistas. El Tour de Francia pasa este año por delante del zulo del melo, y él avisa de que por fin podrá decir eso de que el mundo les mira. Gonzalor suelta que los ciclistas le dan asco y que lo peor es el pelotón que ocupa la terraza del bar a grito pelado. El melo, que colecciona bicis clásicas restauradas, se queda con el dilema: ama las bicicletas y odia a los ciclistas.
El melo, mientras, se ha levantado con resaca otra vez y ha pagado la cena del cumpleaños. Y sigue sin dormir por las noches; dice que es el cortisol.