La camiseta reivindicativa del melo parte el hilo en dos
El melo enseña una camiseta que se ha hecho él y anuncia que piensa ponérsela en el vermut popular de Santa Tecla. Es una vuelta de tuerca al eslogan turístico que el Ayuntamiento de Sitges lanzó en los ochenta: mismo diseño, mensaje pasado a negativo. Lo que empieza como broma de merchandising acaba en varias páginas discutiendo de turismo, de autopistas y de quién tiene derecho a quejarse del sitio donde vive.
Qué se ha sabido
Gonzalor busca coche para su hija, que acaba de sacarse el carnet. Circe propone un Fiat 500 porque es bonito. ElCalvo contraataca con el antiguo Panda, ahora Pandina, que vio por
10.000 euros: cuatro plazas completas y algo de maletero. Gonzalor cierra la puerta a todo lo que sea Stellantis y mira Toyota Yaris Cross, Aygo Cross y Mazda 2; su mujer, un VW Polo. Y avisa de que
al que le sugiera un Dacia lo mete en el ignore. También salta el eléctrico: un BYD Dolphin Surf «vale cuatro chavos», dice, así que si la cosa sale mal tampoco pierde mucho. Los MG, descartados de entrada.
Santa Tecla arranca. Conciertos de gralles, vermuts populares, correfoc y espetegafoc este fin de semana, y la semana siguiente fiesta mayor otra vez. ElCalvo suelta el dato del día: Santa Tecla es la patrona de los informáticos y antiguamente de los mecanógrafos. HARLEY66, que no lo sabía, se queda igual. Y de fondo, el precio del gas: el melo para a repostar y avisa de que ha subido una barbaridad.
La lavadora de bomboncito se lleva el tramo largo. Se le rompe la puerta, una bisagra de plástico, y el técnico no va hasta el viernes. El melo se lleva la ropa al zulo, la programa para las seis de la tarde y al llegar descubre que
no ha hecho nada. A las nueve la devuelve, y entonces cae la tormenta, los rayos y la alerta. Circe reconoce el patrón: tiene una Hoover de carga superior con la misma avería, también bisagra de plástico, y el servicio técnico mareando
desde el 4 de agosto. De propina, el melo se lleva un táper con albóndigas.
Y vuelve Gorkako. «Sigo vivo», escribe. A final de mes recoge sus cosas y se muda, con conciliación y mutuo acuerdo de por medio. Circe le recomienda que consulte a su propio abogado antes de la reunión, y en el hilo se pega una lista de cuatro puntos que le dio una IA para no dejarse flecos abiertos. artemis cuenta el caso de un amigo que aguantó en casa hasta cerrar el acuerdo y ahora, meses después, está centrado en lo suyo.
La cognata avisa de que quiere venir a Sitges unos días, puede que a final de mes. El melo recuerda el último encontronazo: se la cruzó en el Sonar con la belga y le soltó un «ciao bella, mi piaci». Lleva tres meses dándole vueltas a si fue una vacilada. HARLEY66 zanja que es un formalismo intrascendente; el melo corrige:
mi piace es me gusta, mi piaci es me gustas tú.
Dónde está la bronca
El turismo. El melo sostiene que el problema no es el visitante que viene unos días, sino el crecimiento desmesurado del pueblo, la cercanía con Barcelona y la autopista: los que llegan a vivir son los que se quejan de todo mientras Sitges se convierte en ciudad dormitorio y el precio de la vivienda se pone imposible. HARLEY66 le da la vuelta: pregunta cuánto paga de IBI un millonario por su casa, cuánto se deja en restaurantes y amarres y cuánta gente trabaja en la Marina. Su tesis es que
lo mismo que cura mata, y la clave está en la dosis, y que cada uno pone el límite justo donde no le afecta a él. Gonzalor cuenta que él ya hizo esa elección en 2009 yéndose a un pueblo por el que no pasa nadie. Circe matiza desde su ciudad: el turismo es de verano y el resto del año se vive tranquilo; si la población ha vuelto a subir, dice, es por los inmigrantes. Y una parte del hilo carga directamente contra los que llegan de Barcelona, atribuyéndoles la transformación del pueblo.
ElCalvo entra también con la WiFi del avión: solo permite apps de mensajería, pero
Opera se lo salta y Edge y Chrome no pueden. Circe añade que usa Opera por la vpn, para páginas de descarga de libros.
Qué cambia respecto a antes
El divorcio de la belga baja de intensidad. Vuelve una alerta roja por lluvias, con
un muerto en el Garraf y un coche que se llevó el agua, y esta vez nadie le da más de dos mensajes: en unos sitios caen cuatro gotas y en el pueblo de Gonzalor cae la de dios. Entra Gorkako con su mudanza y entra la camiseta como asunto propio. El melo aparece y desaparece según su agenda, que en el hilo ya comparan con la de un operador logístico. Y él insiste en que puede ir solo a un vermut.