Albañil hondureño en España: 60€ al día por 9 horas de obra
Un trabajador hondureño, Noé Leonardo Arias Canales, relató en el canal de YouTube «Quique Vásquez Historias de Migrantes» que trabaja como ayudante de albañil en Madrid de 9 a 18 y cobra 60 euros diarios. «He tenido suerte, gracias a Dios, porque he encontrado un patrón», dice. La cifra, que él compara con los 1.200 lempiras que podía ganar en Honduras, ha desatado una discusión sobre si esos 60 euros son un chollo, una miseria o el síntoma de algo más grande.
¿Cuánto cobra un albañil en España según el convenio?
El VII Convenio General del Sector de la Construcción fija una remuneración mínima anual de
19.537,92 euros para los ayudantes, la categoría que ocupa Noé. Los oficiales de segunda perciben 19.830,99 euros y los de primera, 20.128,45 euros. Traducido a doce pagas, el ayudante parte de unos 1.628 euros brutos al mes. El testimonio de Noé habla de 60 euros diarios, que multiplicados por 22 días laborables dan
1.320 euros. La diferencia entre convenio y jornal diario es uno de los puntos que más se repiten: en la construcción pequeña y mediana, se argumenta, lo que manda es el jornal, no la tabla.
El cálculo que desmonta el espejismo
Hay quien sostiene que 60 euros al día son un buen salario. El desglose que circula en la discusión lo pone en duda: 60 euros por 22 días son 1.320 brutos; de 9 a 18 hay nueve horas, que con el bocata se quedan en ocho reales; a 60 euros, sale a
7,50 euros la hora. Sin pagas extras, sin paro, sin baja pagada de verdad. Un asalariado con 1.200 euros en nómina tiene más derechos y menos desgaste. El cálculo completo, partida a partida, da una diferencia que sorprende.
La letra pequeña: en negro, con ayudas o con ambas cosas
La primera pregunta que surge es si esos 60 euros son brutos, netos o en negro. La respuesta más repetida es la última. A partir de ahí, el análisis se bifurca. Unos calculan que 1.320 euros al mes, si se cobran sin declarar y se suman ayudas, dejan al trabajador en una posición relativamente holgada. Otros recuerdan que en la construcción pequeña el jornal diario es la norma, que las obras rotan, que se trabaja sin protección y que el desgaste físico pasa factura. La comparación con el SMI, que ronda los 1.200 euros, aparece una y otra vez: que el mínimo esté ahí no convierte los 60 euros en un chollo.
El efecto sobre el mercado laboral español
El testimonio de Noé ha servido para reabrir un asunto más incómodo: el impacto de la mano de obra migrante en sectores como la construcción, la hostelería, el reparto o el cuidado de personas. Una parte de la discusión sostiene que se ha producido un
dumping salarial que expulsa al trabajador nacional y que los empresarios se benefician de una bolsa de mano de obra dispuesta a aceptar condiciones que otros rechazan. Otra parte responde que el fenómeno es anterior, que responde al diferencial de renta entre países y que el problema no es el que viene, sino el que contrata.
Lo que de verdad valora el migrante
Más allá del salario, el relato de Noé insiste en lo que él considera una mejora sustancial: escolarización de los hijos, sanidad, comida en la mesa y la posibilidad de ayudar a la familia que se queda atrás. «Lo más difícil de todo inmigrante es dejar a su familia», dice. «Aún soñamos que nos estamos viendo». Esa distancia, más que el jornal, es lo que él señala como el precio real. La discusión lo recoge: hay quien sostiene que para el migrante el cálculo es distinto porque parte de una situación peor, y quien responde que eso no debe servir para justificar la precariedad de los que ya estaban aquí.
La paradoja de la obra que no llega
Si hay tanta mano de obra disponible, ¿por qué es imposible conseguir que te hagan una reforma en casa antes de dos años? La contradicción se ha señalado como una de las más llamativas. La respuesta que se apunta: la construcción no es un mercado homogéneo; la obra pequeña y la gran obra funcionan con reglas distintas, y la disponibilidad de trabajadores no se traduce automáticamente en precios más bajos ni en plazos más cortos para el particular.
Con estos mimbres, la pregunta no es si 60 euros son muchos o pocos. Es si el modelo que los hace posibles —jornal diario, economía sumergida, mano de obra que no puede rechazar— es sostenible para quien lo cobra y para quien compite con él. Nadie en la discusión ha dado una respuesta que cierre el asunto.