The Marvels: 275 millones para enterrar un modelo
Cuatro años después de que Capitana Marvel rozara los
1.131 millones de dólares en taquilla, Marvel Studios regresa con una secuela que nace tocada. The Marvels ha costado
275 millones, un rodaje que arrancó a mediados de 2021 y que se estiró a base de regrabaciones, con la fecha de estreno movida varias veces. El propio título delata el problema: Carol Danvers ya no es la única protagonista.
La factura de un rodaje que no terminaba nunca
Los números no cuadran por ningún lado. Con un presupuesto de 275 millones de dólares y previsiones de taquilla discretas, el margen desaparece antes de que la película llegue a la cartelera. Hay quien va más allá y sostiene que el rodaje se rehízo hasta
tres veces y que el sobrecoste se disparó unos
130 millones sobre lo previsto, una cifra que no está confirmada por el estudio pero que circula con insistencia.
El problema no es solo el dinero. La directora Nia DaCosta, responsable de
Candyman, se marchó en plena posproducción para preparar en Reino Unido su siguiente película —protagonizada por Tessa Thompson, que también aparece en The Marvels—. Y una proyección con público en Texas dejó reacciones frías, un termómetro que en la
industria se lee como señal de alarma.
¿Por qué Capitana Marvel recaudó 1.131 millones y su secuela se hunde?
Porque el éxito de 2019 tuvo mucho de contexto y poco de milagro. Capitana Marvel se estrenó en el hueco exacto entre
Vengadores: Infinity War y
Endgame, con la promesa de ser una pieza clave del relato que cerraba la saga. El público no compró una película: compró un capítulo imprescindible de la historia más taquillera del momento.
De hecho, la propia película vendía a Carol Danvers como la verdadera inspiración de Nick Fury para montar los Vengadores. Un honor narrativo enorme para un personaje que, después, en
Endgame, quedó reducido a un papel secundario. La secuela hereda ese desajuste: un personaje presentado como pilar que nunca llegó a sostener nada.
El peaje del streaming: para entenderla hay que ver dos series
Marvel convirtió su universo en una tarea.
Bruja Escarlata y Visión presentó a Monica Rambeau y
Ms. Marvel hizo lo propio con Kamala Khan, las otras dos protagonistas de The Marvels. Quien solo vio la primera entrega se encuentra con una película que da por sabidas dos series. La narrativa se ha vuelto deuda acumulada.
Ese peaje tiene coste económico. La saturación de series en Disney+ ha dejado a la audiencia con la inquietud de no haber visto los títulos necesarios para entender la trama o reconocer a un personaje, y las series, con excepciones, no han sido demasiado buenas. Invasión secreta cerró el círculo con una audiencia muy baja y críticas duras. El resultado es un estudio que exige deberes previos para disfrutar de un producto que antes era autosuficiente.
El hartazgo del público y un género que se agota
Una parte del análisis sostiene que el desplome no es casual: hay una fatiga real hacia cierto tipo de blockbuster, hacia los repartos ensamblados a golpe de agenda y hacia las tramas que se explican en foros en lugar de en la pantalla. El espectador, se argumenta, ha empezado a asociar determinados clichés con producto prescindible, y la taquilla lo traduce en abandono.
En paralelo circula la tesis corporativa: que Disney ha priorizado el mensaje sobre el entretenimiento, financiado por fondos que exigen criterios de sostenibilidad y con directivos escogidos para cumplir ese objetivo, no para maximizar el beneficio. Es la lectura más repetida en el sector crítico, y encaja con el hecho de que Feige siga en su puesto pese al reguero de tropiezos.
Lo llamativo no es que una superproducción se pase de presupuesto —
Titanic se desvió unos 50 millones y sus productores casi descuartizan a James Cameron—, sino que hoy el sobrecoste no se corrige a base de ajustes y sueldos recortados: se tapa con más dinero. Cameron y sus actores renunciaron a su salario para salvar el proyecto. Nadie parece dispuesto a hacer eso cuando la impresora sigue funcionando.