Page promete recurso contra la amnistía y su federación calla
El presidente de Castilla-La Mancha,
Emiliano García-Page, ha anunciado que recurrirá las cesiones de Pedro Sánchez a Puigdemont y que está dispuesto a plantar batalla: «Si hay que ejercer recurso, lo haré; si hay que plantear batalla, lo haremos». Sobre la amnistía ha sido todavía más explícito: no se va a tolerar «bajo ningún concepto» que nadie utilice «el cuento de la lechera» para conseguir privilegios. Y ha añadido una frase que en el PSOE se lee como declaración de intenciones: «Pongo por delante a la región antes que los intereses de mi formación política».
Conviene separar la música de la letra. Page no ha presentado ningún recurso, no ha concretado ante qué instancia ni con qué calendario, y los diputados que su federación aporta al Congreso no han votado en contra de Sánchez en lo que va de negociación.
El anuncio es contundente; la ejecución, por ahora, es una promesa.
¿Qué ha dicho exactamente García-Page sobre la amnistía?
Las declaraciones llegaron en dos tandas. Primero, el
rechazo frontal a la amnistía con la advertencia de que nadie va a salir de esta negociación con privilegios; después, el aviso de que no piensa quedarse quieto. La prensa generalista recogió el anuncio con titulares muy parecidos: anticipa que recurrirá las concesiones al independentismo y que «no lo vamos a permitir». Ninguna de las informaciones publicadas precisaba, eso sí,
la vía procesal ni el momento en que ese recurso se presentaría.
Lo llamativo no es el qué, sino el cuándo. La ley forma parte del paquete que sostiene la investidura, y el presidente manchego ha puesto el foco en las
cesiones económicas más que en el texto articulado. Su frase sobre la región por delante del partido funciona como mensaje a dos públicos: al votante socialista de Castilla-La Mancha, que le dio una mayoría cómoda, y a la dirección federal, que tendrá que decidir si le corrige o le deja hacer.
La aritmética que sostiene a Page en Castilla-La Mancha
En las últimas autonómicas, el PSOE manchego se hizo con
17 escaños con 483.500 votos. El reparto completo deja una foto incómoda para quien defienda la proporcionalidad pura:
- PSOE: 17 escaños y 483.500 votos
- PP: 12 escaños y 361.155 votos
- VOX: 4 escaños y 137.765 votos
- Podemos: 0 escaños y 44.462 votos
Traducido: la mayoría absoluta de Page se sostiene con
15.420 votos menos que la suma de todos los partidos que sí tienen representación parlamentaria. El mecanismo no tiene misterio: división en circunscripciones provinciales, barrera electoral y aplicación de la regla d'Hondt. Hay quien sostiene que ese colchón es exactamente lo que le permite el gesto, porque no necesita el aparato federal para gobernar su comunidad.
El cupo, la condonación y el PNV: el frente económico
Si algo se repite en la discusión es que el foco está mal puesto. La amnistía, se argumenta, es la parte visible del paquete; lo que de verdad mueve dinero es lo demás. Sobre la mesa aparecen la
condonación de deuda —hay quien la cifra por encima de los
14.000 millones—, el cupo vasco y catalán y el acuerdo de investidura que, según las declaraciones recogidas, garantizaría al PNV la negociación y traspaso de las competencias pendientes,
entre ellas la gestión autónoma de la Seguridad Social, además de abrir la negociación de un referéndum de autogobierno.
El argumento que más se repite es de nivelación: si el País Vasco retiene el impuesto de sociedades de compañías que facturan en toda España y no existe un mecanismo equivalente para Castilla y León, Asturias o Galicia, la ventaja se consolida año tras año. Otra corriente del análisis tira de ironía y recuerda que
todas las comunidades con cupo parten con ventaja, de modo que exigir igualdad es, en la práctica, discutir el modelo entero. Cuando eso ocurre, la discusión deja de ser sobre Page y pasa a ser sobre el diseño del Estado.
¿Sirve de algo anunciar un recurso?
En términos prácticos, un recurso no detiene una investidura: el apoyo parlamentario se decide en el Congreso, no en los tribunales. Quien defiende el movimiento sostiene que hay dos jugadas posibles, y que la anunciada no es la más eficaz. Bastaría, se apunta, con que los diputados socialistas que responden a la federación manchega
no votasen a favor de la investidura o rechazasen el texto de la amnistía. No ha ocurrido ni se ha anunciado que vaya a ocurrir.
Del otro lado, el recurso se lee como munición de larga duración: deja por escrito una posición, marca el terreno para el próximo ciclo congresual y sirve de salvavidas si las concesiones terminan pasando factura electoral. También se recuerda que los anuncios de este tipo suelen quedarse en la puerta del comité federal, donde el aparato decide y las federaciones acatan. La votación interna que otro partido ha abierto sobre la investidura se cita como ejemplo de lo contrario:
consultar a las bases después de haber decidido.
¿Qué harán los diputados manchegos en la investidura?
Nada indica que vayan a votar en contra del candidato de su propio partido. El pronóstico más extendido es que el día señalado todos voten sí y el asunto se cierre sin drama, por mucho ruido que haya antes. La duda razonable es de otra naturaleza: cuántos diputados responde realmente el presidente autonómico y cuántos al aparato federal, porque en su federación convive una corriente alineada con la dirección y otra con el propio Page.
Ese es el punto que convierte el anuncio en algo más que un titular. Si Page controla a los suyos y decide usarlos, deja de ser un espectador con micrófono. Si no los controla, el recurso se queda en
declaración de intenciones y el coste político lo paga igual.
Con lo que hay encima de la mesa, lo más probable es que el recurso llegue —más tarde que pronto—, que los diputados manchegos voten lo que vote la dirección federal y que la batalla real se traslade al próximo congreso del partido. Ahí se verá si el gesto era convicción o simple posicionamiento.
Apuestas modestas, eso sí: aquí casi todo el mundo da por hecho que la palabra no siempre acompaña al voto.