De 350 anunciados a 54 reales: el cupo migratorio que aterrizó en Sanxenxo
¿Cuántos migrantes iban a llegar a Sanxenxo? La pregunta estuvo una semana sin respuesta. El Gobierno habló primero de
350 personas y después llegaron cifras sucesivas, cada una distinta, sin que nadie explicara el baile. Al final, lo que bajó de un autocar a las siete de la madrugada en la playa de Areas fueron
54 hombres muy jóvenes, subsaharianos, procedentes en su mayoría de Senegal, también de Gambia y Mali. Ni uno más.
La explicación del recorte no está en un cambio de criterio ni en una rectificación política. Está en dos números de mobiliario: el hotel tiene
60 plazas y el autobús,
55 asientos.
¿Por qué llegaron 54 migrantes y no 350?
Porque el alojamiento asignado y el transporte marcaron el techo. El Hotel
Baixamar, en la playa de Areas, en la costa de Sanxenxo, dispone de 60 plazas en habitaciones triples y cuádruples. El autocar que cubrió el último tramo era de 55 plazas, que completaban los propios viajeros y el chófer.
Traducido: el cupo lo fijó la planta hotelera disponible, no un plan de reparto. Cuando una operación así descansa sobre un único establecimiento y un solo vehículo, la cifra final la decide el aforo. Los 296 que faltaban hasta los 350 iniciales nunca tuvieron dónde sentarse.
De Canarias a la playa de Areas: tres etapas y un desayuno ligero
El itinerario previo explica también por qué la llegada se demoró. Los recién llegados cruzaron en cayuco desde la costa africana hasta Canarias, pasaron unos días en un centro de acogida gestionado por una oenegé y de ahí volaron a Madrid. Ayer mismo, ya en la península, subieron al autocar que les dejó en Sanxenxo algo antes de las siete de la mañana.
El grupo es exclusivamente masculino y las edades se concentran entre los
18 y los 25 años. Nada más llegar tomaron un desayuno ligero y ocuparon sus habitaciones para descansar. En el hotel llevaban más de una semana esperándoles, con fechas que se anunciaban y se caían, y el traslado estuvo rodeado de incertidumbre de principio a fin.
«Dilo alto y claro, son 54 hombres jóvenes y maravillosos»
Quien los recibió fue el dueño del establecimiento, el hostelero asturiano
Jorge González, junto a los operarios del hotel y varios miembros de la oenegé
Accem, encargada de su integración y apoyo. Llevaba días recibiendo llamadas a todas horas para saber cuándo llegarían.
«Han llegado por fin. Y dilo alto y claro, son 54 hombres muy jóvenes y maravillosos», declaró. «No hemos estado mucho tiempo con ellos porque se han ido a dormir, pero sí el suficiente para darnos cuenta de lo atentos y agradecidos que son». Añadió que siente que son «personas maravillosas» y que están encantados de que hayan venido.
El alcalde quiere ponerlos a trabajar y la ley de extranjería no le deja
El alcalde de Sanxenxo,
Telmo Martín (PP), visitó a los 54 acogidos para interesarse por su situación y ofrecer la colaboración del
Concello. Entre ellos hay pescadores, conductores, camareros, soldadores, mecánicos y albañiles; el regidor los describió como «gente preparada».
Su queja no fue por la acogida, sino por el cuello de botella administrativo: lamentó que por la ley de extranjería «no haya una manera de rápidamente poder darle a esta gente un trabajo, una oportunidad». Es decir, el mismo día en que se les instala en un hotel se reconoce que el sistema no tiene previsto cómo encajarlos laboralmente en el corto plazo.
Sobrado, A Coruña y O Porriño: el goteo fuera de Sanxenxo
Sanxenxo no fue el único destino. Esa misma mañana llegaron otros
20 migrantes a Galicia: diez a la ciudad de A Coruña y diez al municipio coruñés de Sobrado dos Monxes. Son jóvenes de habla francesa, atendidos también por Accem, y para ellos todavía es prematuro calcular cuánto tiempo se quedarán.
A esos hay que sumar los
40 que desde hacía días estaban en O Porriño. La Delegación del Gobierno en Galicia comunicó a la Xunta, a primera hora, la llegada del nuevo grupo dentro del programa de solidaridad y humanitario con Canarias que se desarrolla ante la llegada masiva de cayucos a las islas.
Qué pasa con los 54 a partir de los quince días
Nadie ha fijado una fecha de salida. Distintas fuentes apuntan a que, como mínimo, el grueso del grupo permanecerá unos
quince días en el hotel. A partir de ahí cada uno irá tomando caminos distintos.
Tienen libertad plena de movimiento y quienes cuentan con redes familiares o amistades en España o en otro país europeo suelen acabar acercándose a ellas. Cada persona reubicada en Galicia será objeto de un análisis individual para trazar un posible itinerario y asentarse donde desee o donde tenga apoyos.
El negocio y el rechazo: dos lecturas del mismo autocar
El traslado también alimentó una lectura económica incómoda. Hay quien sostiene que operaciones así sostienen artificialmente la ocupación hotelera con cargo a fondos públicos, y que el problema de fondo no es el gasto puntual sino la dependencia de amplias capas del tejido productivo —hostelería incluida— del dinero que reparte la administración. Sin pedido público, argumentan, el negocio privado se queda seco.
En paralelo circuló el temor al conocido como
efecto llamada: la idea de que cada llegada difundida anima a más personas a intentar la travesía. Es un argumento recurrente en este tipo de operaciones y, como tal, se plantea sin prueba empírica que lo respalde.
Hay también una corriente más áspera, que ve en la acogida una señal de que las prioridades del gasto público están invertidas, con residentes que siguen esperando por servicios básicos. Y una queja menor, casi de guiño local: antes que por la llegada de migrantes, dicen, se oirán las protestas vecinales por la invasión de madrileños cada verano. La ironía se cuenta sola.
Al final, la única cifra que nadie discute es la del autocar: 55 asientos. Ahí cabe lo que cabe, y ni el relato oficial ni el enfado ajeno han logrado moverla un centímetro.