TVE gana las campanadas con Jenni Hermoso y dispara el boicot
La noche del 31 de diciembre, una parte del público español hizo algo que no había hecho en décadas: cambiar de canal a las 23:59. El detonante fue la elección de Jenni Hermoso como presentadora de las campanadas de La 1, la futbolista que estuvo en el centro del caso Rubiales. La reacción fue inmediata y visceral: mensajes convocando boicot total a la
televisión pública, comparaciones con presentadoras de otros canales y un denominador común, la sensación de que TVE les estaba imponiendo un relato. La paradoja llegó después:
según un mensaje del foro, TVE firmó su mejor dato de audiencia en tres años, recuperando un punto respecto al año anterior.
Qué pasó con las campanadas de TVE y Jenni Hermoso
El malestar no era nuevo. Venía cocinándose desde que se conoció que la futbolista sería una de las caras de las campanadas. Para una parte del público, la elección representaba la culminación de un circo mediático que consideraban el capítulo más lamentable de la historia reciente del país. La queja no era solo contra Hermoso, sino contra lo que percibían como un
woke omnipresente en la televisión pública.
El boicot se organizó rápido. Hubo quien optó por apagar la televisión directamente, quien tiró de plataformas de vídeo y quien buscó alternativas en canales autonómicos o temáticos. La frase más repetida:
«por encima de mi cadáver». Otros, en cambio, reconocieron haber visto las campanadas en La 1 sin problema, lo que dibuja un país dividido también en la forma de despedir el año.
Las alternativas que buscó el espectador
La huida de La 1 tuvo destinos variados. Algunos recurrieron a canales autonómicos, otros a plataformas de
streaming y unos pocos a emisiones religiosas. La Pedroche en Antena 3 fue la opción más citada entre quienes no querían ver a Hermoso, aunque no faltaron críticas hacia su estilo. También hubo quien directamente se decantó por no ver ninguna campanada y sustituir la tradición por otras actividades.
La fragmentación de la audiencia es la historia real de esta Nochevieja. Ya no hay un único canal que monopolice las uvas, y eso se nota en las conversaciones.
La televisión lineal pierde peso mientras las plataformas y los canales temáticos ganan terreno en una noche que solía ser territorio exclusivo de las generalistas.
El dato que descoloca: TVE gana audiencia
Aquí llega la contradicción. A pesar del boicot,
según un mensaje del foro, las campanadas de RTVE marcaron su mejor dato en tres años, recuperando un punto respecto al año anterior. El boicot existió, pero no fue suficiente para tumbar la audiencia de la televisión pública. La paradoja es evidente: quienes se fueron no compensaron a quienes se quedaron.
La explicación puede estar en la composición del público. TVE mantiene una base fiel de espectadores mayores que no cambian de canal en Nochevieja. A eso se suma el efecto curiosidad: la polémica pudo atraer a espectadores que querían ver qué pasaba.
La controversia como reclamo funciona, aunque no sea la intención de quienes la generan.
Jenni Hermoso, de futbolista mejor pagada a presentadora
El recorrido de Hermoso es llamativo. Pasó de ser la futbolista mejor pagada del mundo a presentar las campanadas en TVE. Para unos, es un ejemplo de cómo el mérito deportivo se diluye en la política identitaria. Para otros, es la consecuencia lógica de un país que ha decidido que ciertos temas ya no se pueden ignorar.
La elección de TVE no fue neutral. Colocar a Hermoso en el prime time de Nochevieja es un posicionamiento editorial.
La televisión pública eligió bando, y una parte del público se lo cobró con el mando a distancia. Otra parte, en cambio, lo celebró como una señal de normalidad.
El contexto: el caso Rubiales y su sombra
Todo esto ocurre sobre el fondo del caso Rubiales, el episodio que marcó el debate público en España. La percepción de una parte del público es que los medios afines a lo
woke dieron la razón a una persecución contra el expresidente de la Federación. La elección de Hermoso para las campanadas se leyó como la guinda de ese relato.
El asunto sigue abierto en la conversación pública. No hay sentencia que cierre el debate, y las posiciones están tan enfrentadas como hace meses.
La herida no cicatriza, y cada aparición pública de los protagonistas la reabre.
Qué pasará con las campanadas de 2024
La pregunta que queda en el aire es si TVE repetirá la fórmula o rectificará. El dato de audiencia sugiere que no hay urgencia por cambiar. Pero el desgaste reputacional entre una parte del público es real, y eso puede pasar factura a medio plazo.
Mientras tanto, la fragmentación avanza.
Ya no hay una sola forma de ver las uvas, y eso es una noticia económica: el mercado de la atención en Nochevieja se ha roto en mil pedazos. Quien quiera captar audiencia tendrá que elegir a qué público se dirige, y asumir el coste de perder al resto.