La comunidad que avisó de la burbuja antes que los bancos
En 2007, mientras las sucursales repartían hipotecas como churros y la prensa económica hablaba de aterrizaje suave, un rincón de internet llevaba meses diciendo lo contrario: que aquello iba a explotar. Quien hizo caso se ahorró el susto. Quien no, todavía lo paga. Ese rincón se llamaba Burbuja.info y durante años funcionó como un laboratorio de ideas donde cualquiera podía escribir, desde el más ignorante hasta el más sesudo, sin manual de estilo ni financiación institucional que marcase lo que se podía pensar.
La despedida de uno de sus veteranos, publicada bajo el título «Gracias, burbuja», ha reabierto la pregunta incómoda: ¿qué queda de aquello? El autor del mensaje reconoce que le debe «buena parte de mi formación intelectual, sin duda, mucho más que a mi alma mater». También admite el otro lado: «tiempo perdido a través de muchas -demasiadas- sesiones de conversaciones vacías».
Qué se aprendió en aquel laboratorio
El balance que hace el autor del mensaje es una lista de sospechas confirmadas: los bancos nos roban, el estado es una mafia, la historia oficial está llena de mentiras, la biología enseña la verdad sobre cómo somos hombres y mujeres. Y un vocabulario propio que hoy sirve para entender la España actual: los funcivagos, los pepitos, las cipotecas, los adobados, los bumers acaparadores. Términos que nacieron en ese foro y que hoy se usan en cualquier conversación de barra de bar.
El período dorado lo sitúa entre 2009 y 2014/16, justo después de que estallara la crisis que tanto se había advertido. «Pudo alcanzar la popularidad suficiente como para convertirse en algo más que una cámara de eco de cuatro amigos que se dan palmaditas en la espalda, pero tampoco demasiado como para vulgarizarse en extremo», escribe. Un equilibrio difícil de mantener y que, según su relato, se rompió después.
El foro que salvó hipotecas y vacunas
Los testimonios de quienes responden al mensaje son concretos. Uno resume: «no hipotecarme en 2007 y no vacunarme». Otro lo detalla: «me convenció de no cipotecarme y lo agradezco de corazón porque me enseñó las garras de la burbuja que acabó explotando». Un tercero añade que se enteró de los robos de Fórum y Afinsa «desde la barrera» y que no cayó en las preferentes, ese «bonito nombre».
El relato se repite con variaciones: gente que compró mascarillas en diciembre de 2019, que no se metió «la ponzoña experimental de la que nadie se hace responsable», que entendió que la versión oficial no tenía por qué parecerse a lo que ocurría. Hay quien dice que el foro «seguirá salvando vidas» y quien presume de tener hoy dos viviendas y ninguna hipoteca gracias a lo que leyó allí.
La decadencia: de laboratorio a red social
El propio autor del mensaje de despedida admite que a partir de cierto momento «comenzó una decadencia absoluta». Lo atribuye a una moderación casi inexistente y a las tendencias globales de internet. «Hace quince años, cuando no todo el mundo estaba enfuchado a la vida virtual, una minoría de usuarios de ordenador navegaban por foros para intercambiar con gente afín ideas y proyectos», escribe. Ahora, dice, «tenemos que usar el mismo internet que ellos, en el que todo se ha vulgarizado hasta el extremo».
Las respuestas no suavizan el diagnóstico. «El foro tiene un alma de la que carece la sociedad», dice uno. «Ahora está inundado de mierda», sentencia otro. Hay quien habla de «internet-basura, una fuente de fake news vergonzosa y una pérdida de tiempo» y anuncia que se va. Y hay quien señala a los que llegaron expulsados de otras plataformas: «la morralla que echaron de forocoches», dice un mensaje, que añade que el resultado fue «niños raros y mentecatos».
El que se va y los que se quedan
El autor del mensaje inicial anuncia que borra su cuenta. «Es lo único que puedo hacer para evitar arrastrarme, en lo posible, por la tentación de pasarme horas y horas», explica. «Tengo la mente débil, sí». La decisión genera resistencias: «No entiendo el borrado de la cuenta, el camino nunca se abandona», le responde alguien. Otro avisa de un efecto práctico: «si borras la cuenta se borran todos tus mensajes e hilos y se pierden un montón de aportes».
No todos son elogios. Un mensaje sostiene que el foro ha ido «migrando de una fuente de conocimiento interesante a una concentración de imbéciles tremendos que, oh sorpresa, llegan a la misma conclusión disparatada en cada tema que requiera un mínimo de criterio». La respuesta no se hace esperar: «Según tu teoría, solo los que llevan lustros escribiendo tienen la razón». El intercambio se calienta y alguien zanja: «Buen ejemplo de cómo el foro ha decaído y se ha degradado».
Qué queda cuando se apaga la luz
Entre los mensajes finales hay de todo. Quien dice que el foro «está y estará en la vanguardia de la información». Quien se declara «muy avergonzado de todos vosotros». Quien agradece «la cantidad de fototetas y fotopollas a lo largo de los años». Y quien resume el problema de fondo: «a veces, te levantas por la mañana de más o menos buen humor, y si abres el foro, muchas veces te amargas, te pones de mala leche o incluso te deprimes».
El autor de la despedida se va con un agradecimiento y una advertencia. «Gracias por tanto a cambio de nada, compartiendo semejante caudal de conocimiento», escribe, «bajo la correcta conciencia de que la verdad es más verdad según a cuanta más gente llegue». Y deja un dato que descoloca: los mismos que hace quince años le acusaban de estar enganchado al ordenador «estén aún más enganchados al móvil».