EE.UU., Reino Unido y un tercer país europeo preparan un ataque masivo contra los houthis
Un comunicado conjunto de Estados Unidos, Reino Unido y un tercer país europeo —Francia, según varias fuentes— anunciará en las próximas horas el inicio «inminente» de una operación militar contra los rebeldes houthis de Yemen, según adelantó
The Times. El plan, filtrado a medios, contempla el lanzamiento de cientos de misiles contra objetivos en el país. La respuesta prometida desde el lado houthi no se ha hecho esperar en forma de amenaza: cerrar el paso de buques desde Asia a Europa, disparar contra barcos de transporte y militares en la región y bloquear de manera efectiva el estrecho de Bab el Mandeb. El cierre del tráfico hacia el mar Rojo, advierten fuentes militares, desataría una crisis inflacionaria sin precedentes en Europa en los últimos años.
El estrecho que sostiene el comercio mundial
El estrecho de Bab el Mandeb es el embudo por el que pasa buena parte del comercio entre Asia y Europa. Si se cierra, los cargueros tendrían que rodear África por el cabo de Buena Esperanza, lo que añade semanas de navegación. Un cálculo que circula en el análisis sostiene que tres semanas más de travesía para un buque que hoy tarda unos 30 días entre China y Europa dispara los costes de tripulación en torno a un 70% y reduce los viajes anuales de seis a 3,5. La conclusión es incómoda: el riesgo de inflación no es una hipótesis remota, es aritmética de transporte marítimo.
Hay quien matiza. El ahorro del peaje del Canal de Suez podría compensar en parte el sobrecoste, según una corriente que sostiene que el impacto final en precio sería neutro. El problema, en ese escenario, se traslada a Egipto: el país necesita divisas frescas para sostener su economía y ya concentra a 100 millones de habitantes a lo largo del Nilo. Su desestabilización sería, en palabras de quienes siguen el asunto, «muy problemática».
¿Quién responde y con qué
La operación contra los houthis se enmarca en un tablero más amplio. Una parte del análisis la lee como un movimiento para provocar a Irán y a Rusia y forzarles a aflojar en Ucrania. Otra corriente la interpreta como el eslabón más débil del llamado «eje del mal»: Irán como principal aliado antagonista de occidente, con China jugando a la ambigüedad —amiga declarada de occidente por un lado, alentadora discreta de estas guerras por otro— y Rusia y China como cobijo que permite a Teherán desafiar a occidente.
La capacidad de respuesta houthi no es desdeñable. Los persas, se argumenta, no son mancos: aunque no tengan pepinos nucleares aún, podrían montar una bomba sucia nuclear sobre Riad, Dubái o vaya usted a saber. El cierre del mar Rojo también perjudica a China, que perdería competitividad, y a Egipto, que vería caer sus ingresos por peaje. Nadie gana del todo con el bloqueo, y eso es precisamente lo que lo hace peligroso.
La dependencia que nadie mira
Más de la mitad de la marina mercante mundial navega con bandera de conveniencia y tripulaciones que no son occidentales. Es el dato que suele quedar fuera del titular: si por cualquier motivo esas tripulaciones dejaran de embarcar, no habría occidentales suficientes para gobernar los barcos. La vulnerabilidad no está solo en el estrecho, está en quién lleva el timón.
La lectura geopolítica se cruza con la doméstica. Una parte del análisis sostiene que el mundo civilizado acabará cansándose de tener un gobierno de extrema izquierda en plena Europa. Otra recuerda que España descubrió América la última vez que se cerró el camino a oriente. Y una tercera, más prosaica, apunta que si el paso se bloquea, quizá toque reubicar la producción y dejar atrás el made in China.
La operación está anunciada, no ejecutada. Los misiles aún no han salido. Y la pregunta que sobrevuela todo el análisis no es quién ganará, sino cuánto tarda el primer carguero en cambiar de ruta.