Dolarizar Argentina: 47 millones y el fantasma de Ecuador
Hay quien sostiene que Argentina está dolarizada de facto. No por decreto, sino porque buena parte de sus ciudadanos prefiere no conservar la moneda que emite su banco central. De ahí, y del triunfo electoral de Milei, sale una predicción que circula con fuerza en el debate: una llegada masiva de argentinos a España en los próximos dos años. El precedente que se cita para justificarla es Ecuador en 2000. La cifra que lo complica es
47 millones de habitantes.
El planteamiento de partida es rotundo: dolarizar un país de ese tamaño «es una locura». Se apoya en dos comparaciones. La primera, el Ecuador del año 2000, con 12 millones de habitantes y, según esta lectura, sin la sanidad ni la educación públicas de las que hoy disfruta Argentina. La segunda, la propia Argentina, receptora de cientos de miles de latinoamericanos —chilenos, bolivianos, peruanos, colombianos y venezolanos— atraídos por unos servicios públicos gratuitos y unas condiciones laborales que no encuentran en su país.
Qué pasa cuando la moneda se abandona sin ley que lo ordene
Quien describe el día a día no habla de macroeconomía, habla de supermercado. Con la nómina recién cobrada, el asalariado corre a gastarla: según este relato, entre comprar el mismo día del pago o esperar a fin de mes hay un
10% de diferencia de precio en la misma cesta. El tipo de interés estaría en el
133% anual, lo que en la práctica equivale a decir que no existe crédito. Y sin crédito no hay consumo financiado; sin moneda estable, tampoco ahorro.
La descripción del cuadro es la de un paciente en cuidados intensivos: una economía con una inflación anual en torno al
150%, llena de subsidios y sin ahorro privado al que recurrir. La conclusión que se extrae es incómoda para quien espera soluciones rápidas: ningún ajuste arregla eso en una semana, y quien lo prometa está vendiendo humo. Hay quien recuerda que la dolarización no es un proyecto de futuro, sino el reconocimiento de algo que ya ocurrió.
¿Por qué se compara con Ecuador y no con Panamá o El Salvador?
En el debate se citan tres países dolarizados de la región —Panamá, El Salvador y Ecuador—, aunque el caso que se toma como referencia es el ecuatoriano, que abandonó su moneda en el año 2000 y cuya población era entonces unas cuatro veces menor que la argentina actual.
El cálculo que circula entre los más pesimistas es sencillo: si un país de 12 millones pasó por esa experiencia, uno de 47 millones lo tendría peor. La versión optimista, la que da por buena la terapia, sostiene justo lo contrario: con la inflación descontrolada, el ajuste y la dolarización son la única salida, y quien los critique debería explicar qué alternativa propone.
El contraargumento: los argentinos llevan décadas llegando
Aquí es donde el pronóstico se agrieta. Una parte de la discusión recuerda que la llegada de argentinos a España no es una novedad de los últimos meses, sino un flujo continuado desde hace décadas. Otros van más atrás y señalan que los ecuatorianos empezaron a instalarse en España a finales de los años noventa.
Hay además un freno material que se menciona con retranca: para emigrar hace falta un billete de avión, y quien no puede pagarlo no emigra, por mala que sea la situación. Eso explicaría por qué una catástrofe económica no se traduce automáticamente en una marea humana. Y un tercer matiz: parte de los que llegan lo hacen con nacionalidad española o italiana, de modo que las estadísticas oficiales de llegada se quedarían cortas respecto al flujo real. El desglose detallado de esos flujos, con sus distintas vías de entrada, es lo que da verdadera sustancia al asunto.
Quién viene y con qué se le espera
La conversación se parte aquí en dos corrientes que apenas se escuchan. Una sostiene que el grueso de los que lleguen buscará vivir de prestaciones públicas y alargar el mismo modelo que, dicen, arruinó su país. La otra responde que esa caracterización es un prejuicio y que la mayoría son trabajadores que huyen de un desastre económico ajeno a ellos.
El cruce político añade ruido. Hay quien recuerda que muchos argentinos que ya residen en España huyeron de un gobierno de izquierdas y, sin embargo, votan aquí opciones de izquierda, lo que se interpreta como una incoherencia imperdonable. Y hay quien replica que el desastre económico argentino es responsabilidad de las últimas décadas de gestión, no de quien acaba de llegar al poder. La comparación con lo que ocurre en España, con el fantasma de un desgobierno prolongado, sobrevuela todas las intervenciones.
La hipótesis de una oleada migratoria argentina es, por ahora, una predicción de quienes participan en el debate, con un cálculo a favor y otro en contra que nadie ha cerrado. Si la dolarización se consuma y el ajuste se prolonga, la presión sobre el mercado laboral español se notará en los sectores donde ya compite la mano de obra inmigrante. Con qué intensidad y en cuánto tiempo, ni los más agoreros se atreven a ponerle número.