Ferraz, entre identificaciones policiales y pizzas a domicilio para los manifestantes
Las concentraciones frente a la sede del PSOE en la calle Ferraz han dejado de ser una protesta espontánea contra la amnistía para convertirse en un pulso nocturno con la Policía. En el hilo se debate sobre la palabra «exclavo», que, según un participante, pronuncia un entrevistado a partir del minuto 08:40. Debajo del ruido, lo que hay es una noche de identificaciones, propuestas de sanción y calles cortadas. El propio seguimiento del asunto lo fecha el
20 de noviembre de 2023, con la última actualización a las 22:32.
¿Contra qué se manifiestan los concentrados en Ferraz?
El detonante, según los propios participantes, es la ley de amnistía. A ese motivo se suma la confirmación de Fernando Grande-Marlaska al frente del Ministerio del Interior:
nuevo y a la vez antiguo ministro, lo describía la información difundida sobre la jornada, y su nombre quedó ligado de inmediato a la gestión policial de la calle.
No hay una única pancarta. Hay quien reprocha al Gobierno la amnistía; hay quien le echa en cara la subida de la edad de jubilación, la inflación o la reforma constitucional de 2011. Otra parte del público cuestiona abiertamente la legitimidad de esas concentraciones porque, a su juicio, el mismo descontento no salió a la calle en otras ocasiones. La queja ha dejado de ser monotemática.
¿Qué está haciendo la Policía en Ferraz?
Identificar y proponer sanción. Es lo que traslada el seguimiento de la jornada: si la concentración no está comunicada, los agentes proceden a identificar a los presentes y a tramitar propuestas de multa. La marcha alternativa que distintos grupos intentaron dirigir hacia La Moncloa acabó cortada en el
parque del Oeste.
La imagen que circula es la de efectivos acorralando a concentrados para identificarlos, y la de vallas que aparecen y desaparecen según la noche. En los tramos en que la protesta ocupa la calzada, el tráfico queda bloqueado; cuando la Policía recupera el control, los concentrados vuelven a la acera. Hay quien compara el dispositivo con el de otras ciudades, donde cortes de tráfico prolongados han generado roce con vecinos y conductores, y quien sostiene que el trato policial es desproporcionado.
El derecho de reunión y el argumento de la convocatoria
El eje del conflicto es jurídico. La Constitución reconoce el derecho de reunión, lo que no equivale a prescindir de cualquier comunicación previa. De ahí el pulso: la protesta se presenta como espontánea y no convocada, y la Administración se apoya en ese detalle para activar identificaciones y sanciones.
El texto constitucional no fija hora ni lugar, subrayan quienes defienden la legitimidad de las concentraciones. Frente a ese argumento, la respuesta administrativa ha sido el control del espacio público: cortes, desvíos y un despliegue que convierte cada noche en un pequeño test sobre hasta dónde llega el derecho a reunirse.
Pizzas por Glovo, vallas y menos gente por el frío
La logística del movimiento tiene su propia economía. Según un mensaje difundido en el hilo, desde distintos puntos de España se están comprando a través de
Glovo y Uber Eats pizzas para los concentrados, un gesto que convive con la intendencia más básica: quien aguanta hasta tarde necesita comer y no congelarse.
El frío es el otro factor: según un participante, ha venido menos gente, y la asistencia se convierte en un termómetro indirecto de cuánta gente ha salido. La cifra gruesa del movimiento se discute abiertamente: hay quien calcula que, con medio millar de jubilados, no se puede hacer mucho y que sin una masa de diez mil personas decididas no habrá un salto de escala, y quien replica que reunir a más voluntades es cuestión de tiempo y de acumular agravios. «Este año las uvas en Ferraz» se ha instalado ya como consigna de cara a la Nochevieja.
El trasfondo económico que nadie quiere soltar
Bajo el ruido político asoman los motivos que han movido a algunos de los presentes: la jubilación que se retrasa, la inflación y una reforma constitucional, la de 2011, que en el hilo se describe como una manipulación. No es un movimiento de un solo agravio, sino una suma que se reactiva según el calendario.
El espejo argentino planea sobre la conversación: hay quien alude al nuevo Gobierno de ultraderecha del país y quien responde que los descontentos se larguen allí.
Si el pulso se mantiene en la acera, con identificaciones y multas, el movimiento seguirá siendo incómodo sin ser decisivo. Si escala hasta ocupar de forma estable la calzada y los aledaños de La Moncloa, la ecuación cambia para el Ministerio del Interior. La incógnita, con el frío como termómetro, es cuánta gente está dispuesta a volver cada noche cuando la novedad ya no sea noticia.