Leonor no desfila con la Academia: su promoción aún no está lista
¿Por qué la princesa Leonor no desfiló junto a sus compañeros de la Academia General Militar en el desfile del 12 de octubre? La respuesta que da el propio material es más prosaica que conspirativa: según un forero, los alumnos de su promoción llevan poco más de tres meses de formación y no participan aún en el desfile. Quienes sí desfilan son los de segundo año. La princesa, según esta versión, presidió desde el palco.
El dato no ha evitado que el asunto se convierta en un pulso sobre el papel de la Corona. De un lado, quien sostiene que todo lo que rodea a Leonor es un montaje: que no aprobó las pruebas de acceso, que no aguanta un desfile largo y que las fotografías oficiales son pura escenografía. Del otro, quien responde que la princesa mide 1,70 y que sus compañeros cobran unos 500 euros hasta salir como oficiales, y que la exigencia física se reparte entre todos.
Qué dice el protocolo sobre el desfile del 12 de octubre
La discusión arranca de una premisa que el propio material desmonta: que la princesa debía desfilar y no lo hizo por incapacidad. La explicación que se impone en la conversación es de calendario académico. Los alumnos de su promoción no desfilan aún; los de segundo año sí. La presencia en el palco no sería una excepción, sino el encaje previsto para quien preside.
Hay quien añade un argumento de seguridad: organizar la protección de todo el recorrido con la heredera en formación dentro de la formación sería un problema logístico de primer orden. No es una tesis descabellada, aunque tampoco está documentada en el material.
Las pruebas de acceso y el 3% que se cita
Uno de los ejes del debate es el acceso. Se afirma que las pruebas para entrar en la Academia solo las pasa un 3% de los aspirantes y que la princesa no las superó. Ese 3% aparece como cifra suelta, sin fuente ni desglose, y se usa como munición en ambas direcciones.
El contraargumento que se despliega es distinto: la formación militar no se mide solo en un examen de entrada, sino en la progresión posterior. Y ahí entra el dato de los 500 euros mensuales que cobran los alumnos hasta salir como oficiales, una cifra que sitúa la conversación en el terreno del esfuerzo y la remuneración.
El físico de la tropa: altura, peso y equipo
La parte más técnica del debate llega cuando se discute la condición física. Se menciona que un soldado debería cargar en torno a 20 kilos de equipo —casco, fusil incluidos— y que la propia normativa fija que ese peso no supere el 30% del peso corporal. De ahí se deduce que un soldado no debería bajar de 60 kilos.
Sobre esa base se discute si las nuevas promociones cumplen. Hay quien sostiene que cada vez más unidades no alcanzan el 70% de efectivos capaces de completar 10 kilómetros con equipo en menos de 90 minutos, con margen hasta los 105. Y hay quien responde que la tecnología ha reducido la exigencia física y que comparar con la mili de hace treinta años es trampa.
El armamento y la logística: del G36 al C-90
El intercambio se vuelve enciclopédico. Se discute el peso del fusil G36 —unos 4 kilos con cargador—, el uso del C-90 de usar y tirar —unos 5 kilos— frente a los RPG, y la dirección asistida de los vehículos. La conclusión que se impone es que la logística, el transporte de munición y el mantenimiento de cadenas siguen siendo trabajo físico puro.
La ironía del intercambio —que un civil sin cuidarse pueda quitarle el arma a un militar— sirve para recordar que un ejército no es una policía: la instrucción está orientada al combate, no a la detención.
El trasfondo: monarquía, república y el papel de la heredera
Debajo del asunto militar late la discusión política. Se plantea que si la figura de la princesa no importa a nadie, se podría avanzar hacia una república; y se responde que la institución sigue ahí y que la coronación llegará. La conversación deriva hacia el papel de la Corona como institución y hacia la utilidad de discutir sobre una persona en formación.
El cierre del material es pura ironía seca: el reloj sigue corriendo, el jefe del Estado sigue siendo el mismo y la princesa sigue su instrucción. Todo lo demás, según esta lectura, es ruido de verano en octubre.