Felipe VI y el presupuesto: ¿cuánto vale un capitán general en forma?
¿Debe el jefe del Estado rendir cuentas por su estado físico? La última fotografía de Felipe VI ha reactivado una crítica incómoda: el capitán general de las Fuerzas Armadas no aparenta la forma que se esperaría de quien comanda un ejército. El asunto se vuelve económico cuando se recuerda que la Casa Real vive de las partidas presupuestarias.
La comparación con el mérito llega sola. Si el puesto viene con paga vitalicia y sin evaluación de rendimiento, ¿qué incentivo hay para mantener una rutina de ejercicio? La pregunta no es trivial. En la cúpula militar el sobrepeso tampoco es excepcional, y nadie en el escalafón se atreve a exigir a un general lo que se le pide a un recluta. El resultado es un doble estándar: se tolera en la élite lo que no se toleraría en la tropa.
Hay quien matiza que se puede estar grueso y ser fuerte, y quien recuerda que la masa muscular es garantía de una vejez saludable. En un país con el gasto sanitario bajo presión, cuidar el cuerpo del jefe del Estado no es un capricho estético: es una inversión en imagen y en costes futuros. Con la diferencia de que para la mayoría de los españoles el gimnasio se paga del bolsillo, mientras que aquí la factura la firma el Presupuesto.
La próxima vez que alguien justifique el gasto de Defensa por la preparación de sus oficiales, basta con mostrar la foto. Eso sí, mejor no añadir comentarios.