La deuda de las familias cae al 76,6% de su renta, el mínimo desde 2002
El
Banco de España publicó este miércoles su informe de situación financiera del segundo semestre de 2023 y el titular oficial es inmejorable: los hogares han incrementado sus rentas y han reducido su endeudamiento hasta el
76,6% de la renta bruta disponible, el nivel más bajo en 22 años, desde 2002. El avance del empleo, las mejoras salariales y la revalorización de las pensiones han dado aire a las familias, que además han vuelto a consumir: la tasa de ahorro se recortó hasta el 9,1% en el tercer trimestre de 2023, por encima del 6,3% del mismo periodo de 2019 pero por debajo de los trimestres precedentes.
Hasta aquí el relato. La discusión empieza cuando se pregunta
por qué baja esa deuda. Porque hay al menos dos maneras de leer el mismo porcentaje: como una señal de fortaleza o como un síntoma de que una parte creciente de las familias ya no puede pedir prestado. Y ninguna de las dos se sostiene sola.
Por qué baja la deuda de los hogares españoles
La explicación más mecánica es la de los tipos. Con el coste del crédito disparado, endeudarse ha dejado de salir rentable y quien ya tenía hipoteca la amortiza en lugar de ampliarla. Es el argumento que resume mejor la lógica de un particular que se endeudó cuando el dinero era barato: ahora no firmaría más crédito, y lo que ya firmó lo va pagando, con lo que la deuda se reduce sola. Si los tipos vuelven a bajar, ese mismo razonamiento se invertirá y la deuda familiar volverá a subir.
A eso se suma el
efecto demográfico y generacional. Buena parte del
baby boom está terminando de pagar sus hipotecas y no tiene intención de meterse en otra. Quien tiene 55 años y ve el final del préstamo no compra un segundo piso: lo cancela. El resultado estadístico es una caída del endeudamiento agregado que no dice nada sobre lo que ocurre en los tramos más jóvenes de la población.
Y hay un tercer factor, el más incómodo: las compraventas al contado. Se sostiene que una parte muy relevante de las operaciones inmobiliarias se cierra sin hipoteca, lo que deja fuera del mercado a las familias que necesitan financiación y reduce el volumen de deuda viva sin que eso signifique que las familias estén mejor.
El dato que descoloca: menos deuda, menos acceso
La lectura crítica del informe apunta a una paradoja sencilla de enunciar y difícil de digerir: la deuda de las familias baja, entre otras cosas, porque una parte de las familias ya no puede endeudarse. El acceso a la vivienda —el gasto que históricamente generaba más endeudamiento— se ha estrechado, y muchos jóvenes ni se plantean la compra ni, en algunos casos, sacarse el carnet de conducir. El crédito no desaparece porque sobre dinero, sino porque falta solvencia.
En el extremo opuesto, hay quien recuerda que el informe también recoge un aumento del recurso a las tarjetas de crédito y un colchón de ahorro cada vez más fino para imprevistos. Es decir: menos deuda hipotecaria, más deuda cara. Y las pymes, mientras, siguen con problemas para acceder al crédito.
La trampa de comparar ratios de endeudamiento entre países
El porcentaje de deuda sobre renta es un indicador engañoso si se usa como termómetro de riqueza. Un ratio bajo puede reflejar prudencia, pero también falta de acceso al crédito. En economías con rentas muy bajas y sistemas financieros poco desarrollados el endeudamiento de los hogares es mínimo, y nadie lo presenta como un éxito de política económica.
La comparación internacional sirve para lo que sirve: para recordar que el 76,6% no es una medalla, es una foto. Lo relevante es quién queda dentro y quién queda fuera de esa foto.
El Estado no se aplica el mismo criterio
La asimetría más comentada es la siguiente: si los hogares reducen deuda cuando el dinero se encarece, ¿por qué las administraciones no hacen lo mismo? El argumento de que el Estado, las comunidades y los ayuntamientos deberían seguir la misma disciplina que las familias aparece una y otra vez, y no tiene una respuesta cómoda.
El Banco de España también señala un
efecto mitigador: la mejora de ingresos, aunque no haya ido por delante de la inflación, ha contenido el aumento del porcentaje de hogares vulnerables, entendidos como aquellos que dedican más del 40% de su renta al servicio de la deuda. Ese es, probablemente, el dato que más importa y el que menos titulares genera.
Queda la pregunta que el informe no responde: si la deuda de los hogares está en mínimos históricos y el consumo se recupera, ¿por qué la sensación dominante en la calle es la contraria? Puede que la estadística agregada esté midiendo a un país que ya no es el que se endeuda, sino el que mira cómo otros compran.