La leche cuesta un 24% más en Francia: el campo prevé movilizarse el día 6
La cuenta no sale. El sector primario español —agricultores, ganaderos y transportistas— tendría prevista para el día 6 una movilización, cuando, según el relato del sector, el resto de Europa ya ha ido arrancando concesiones, y el desajuste va a acabar donde siempre: en la cesta de la compra. La tesis que recorre el campo es que ha quedado en tierra de nadie, con la capacidad exportadora deteriorada y los productos de mercados más baratos entrando sin oposición.
Traducido a la jerga del sector: quien no llora, no mama.
Qué se prevé para el día 6 y por qué no lo lideran los sindicatos
La convocatoria no sale de las organizaciones agrarias. Según el relato que circula entre productores, nace de agricultores a título individual que, multiplicados comarca a comarca, han convertido una queja dispersa en una movilización de alcance nacional. Los sindicatos llegarían, si llegan, por mero arrastre y con el crédito muy gastado.
Esa pérdida de crédito tiene una explicación técnica que el sector repite: una organización sindical representa a trabajadores asalariados. Un agricultor es
autónomo, es empresario. Cuando deja de trabajar para exigir mejores condiciones no hace huelga: hace un
cierre patronal. Igual de legítimo, pero de naturaleza distinta.
Hay una segunda capa. La sensación dominante es que a nadie le interesa que esto prenda, porque el fuego podría saltar a otros cientos de miles de autónomos, microempresas y pymes con motivos parecidos. El temor no es a la tractorada: es al contagio.
Por qué el agricultor cobra una fracción de lo que pagas
Basta un experimento casero. Según cuenta un participante, las mismas mandarinas pasan de
1,89 € a 2,19 € entre dos supermercados, un 16% de diferencia. El cálculo que se repite es que la distribución trabaja con márgenes brutos entre seis y ocho veces superiores a lo que percibe el agricultor.
Suben los intermediarios. Al campo apenas le ha llegado nada. Ese es el nudo del conflicto y también su paradoja: el consumidor paga más y el productor cobra menos por el mismo kilo.
La leche y la ternera: el diferencial con Europa
Los números europeos descolocan. Según la comparativa que se cita en el hilo, la leche de marca blanca cuesta
1,05 € el litro en Francia y 0,85 € en España, un 24% más al norte de los Pirineos. Con la ternera ocurre lo contrario: según el ejemplo que se pone, aquí se encuentra a 9 € el kilo, un precio imposible de sostener cuando un comprador nórdico paga 25 € por la misma calidad.
De ahí la conclusión incómoda que se extrae: se exporta gran parte de la producción buena y se consume producto importado de calidad inferior, porque el poder adquisitivo interno no da para lo propio. Importamos lo barato y vendemos lo bueno.
Por eso pesa tanto la referencia francesa. La lectura que se hace de la crisis gala es que su Gobierno cedió a los veinte minutos de sitiar París.
El tractor, la PAC y dónde está el dinero
La maquinaria se ha encarecido como todo. Según el ejemplo que se pone, un tractor pasa de más de
15.000 € a 40.000 € por el mismo equipo, con subidas del 25%, mientras pedir crédito sigue caro y los depósitos no se remuneran. La comparación con la banca se hace sola.
Sobre las ayudas hay división real. Hay quien no recibe ni quiere subvención alguna y recuerda que buena parte de lo que llega vía PAC se adelanta desde los bancos, con su coste financiero añadido. Y hay quien sostiene que sin esas transferencias no habría ternera de calidad en las neveras, porque nadie vendería a 9 € el kilo lo que el mercado exterior paga a 25 €.
A eso se suma la normativa. La exigencia de triplicar el espacio por animal en las granjas avícolas, sin margen físico para ampliar superficie, dejaría fuera a la mayoría de explotaciones, según se sostiene en el hilo.
Por qué se teme un efecto contagio a otros sectores
La protesta se cruza con una cifra que, según sostiene un participante, lo explica casi todo: con una deuda exterior neta superior al
120% del PIB, el margen de decisión real es mínimo y buena parte de las reglas se escriben fuera. Los damnificados de ese arreglo son siempre los mismos, los que cobran después que el emisor de deuda y su clientela.
El escenario extremo se describe sin paños calientes: cortes de suministro en Madrid, estanterías vacías en cuestión de días, camiones del Ejército abriendo corredores. Suena a película, pero mide exactamente lo que el sistema se juega si la protesta se estira.
La movilización del día 6 no tiene por qué reventar el mapa del país. Con estos diferenciales sobre la mesa, tampoco conviene descartarlo.