Coincido en lo esencial, pero con un matiz estrictamente político: la gestión de la ingobernabilidad. A las élites (centros de decisión) no les asusta el fin del petróleo; les asusta el colapso de su capacidad de proyectar y construir el futuro. La tecnología está alcanzando tal nivel que amenaza con generar nuevas estructuras sociales (y políticas, económicas…) alternativas, caóticas e inmunes al ejercicio de control tradicional.
La retórica del “crecimiento sostenible”, y otras similares, opera como freno de mano. En el fondo, lo que subyace es abortar cualquier modelo competidor (político, social, económico…). Estamos ante un bloqueo sistémico deliberado para blindar el statu quo bajo un régimen de escasez planificada.
En resumen, siempre resulta más sencillo gobernar a un millón dependientes y en escasez, que a 10 independientes, autónomos y con recursos