Provincias de Castilla-La Mancha: la pregunta de selectividad que se estudia en primaria
Un examen de la EBAU pide nombrar las provincias de Castilla-La Mancha. Varios usuarios sostienen que la respuesta se estudia en cuarto de primaria. A partir de ahí, el asunto deja de ser un ejercicio de geografía y se convierte en un termómetro del sistema educativo: hay quien ve una prueba ridícula para acceder a la universidad, quien recuerda que ese contenido se daba en la antigua EGB y quien sostiene que la facilidad de una pregunta no dice nada si el resto del examen mantiene el nivel.
La cifra que descoloca, según los mensajes, es que la pregunta vale
2 puntos. Nombrar cinco provincias —Guadalajara, Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Albacete, según la corrección que se repite— pesa en la nota final más que muchos ejercicios de análisis. Y el mapa, además, invita al error: un usuario apunta que es fácil dejarse Castellón porque el dibujo solo muestra dos divisiones visibles.
¿Qué provincias tiene Castilla-La Mancha y por qué se falla?
La comunidad tiene cinco provincias: Guadalajara, Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Albacete. El error más repetido no es de contenido, sino de lectura del mapa: si el croquis aparece simplificado, es fácil confundir límites y dejar fuera una provincia entera. Hay quien apunta que el fallo está en el propio dibujo, no en el alumno.
La comparación con otros territorios aparece pronto. Se recuerda que en Cataluña y el País Vasco la geografía provincial se estudia menos, porque el peso recae en comarcas y vegueries. Un participante lo resume con ironía: en su zona importaban más las comarcas que las provincias de «eso que había por debajo del Ebro». La consecuencia es que la pregunta no mide solo conocimiento, mide qué mapa autonómico se ha estudiado.
¿Es de primaria o de selectividad?
La respuesta que más se repite es que se trata de contenido de cuarto de primaria, incluso de la antigua EGB. Varios mensajes lo sitúan en el mismo bloque que los ríos, las montañas y los parques nacionales. Una madre lo confirma: su hija lo dio en cuarto de primaria. Otra añade que en esa edad también se estudiaban todas las capitales de Europa.
El contraste genera la indignación: si el contenido es de primaria, ¿qué hace en una prueba de acceso a la universidad? La defensa del examen apunta en otra dirección: el resto de preguntas mantiene una complejidad normal para bachillerato, y una pregunta fácil no invalida el conjunto. El problema, dicen, es la desigualdad entre comunidades, no la dificultad de un ejercicio aislado.
La queja de fondo: exámenes distintos, notas no comparables
El argumento más sólido del debate no es la pregunta, es el sistema. Si cada comunidad pone un examen distinto, con tipos de ejercicio distintos, la nota de acceso deja de ser comparable. La selectividad debería garantizar una parte igualitaria, y esa función se pierde cuando el nivel depende del territorio y de la política de evaluación de cada centro.
Hay quien recuerda que esto pasa todos los años y pasaba antes. Siempre aparece alguna pregunta llamativa en alguna comunidad. La novedad no es el caso, es la visibilidad. Y en paralelo se cita el examen de matemáticas de Madrid y La Rioja como ejemplo de lo contrario: pruebas que sí sorprenden por su exigencia.
Lo que se aprende de memoria y lo que se olvida
Aparece un dato revelador: una participante en un congreso de derecho penal se jactaba de no saber dónde está Salamanca, si hace frío o tiene playa. No es un caso aislado. La geografía se aprende para el examen y se olvida después, sobre todo cuando no se usa.
Frente a eso, el argumento utilitario: saber provincias sirve para trabajar en logística, en el INE, en el censo o en catastro. No es cultura decorativa, es herramienta profesional. La discusión deriva entonces hacia para qué sirve memorizar y qué debería evaluar una prueba de acceso.
El mapa que cambió y la memoria que falla
La conversación se enreda con la historia territorial. Hubo un tiempo en que Valladolid y Palencia formaban parte de la región de León, y Santander y Logroño de Castilla la Vieja. Cuando se estudió eso, había dos Alemanias y una Yugoslavia, y Chequia y Eslovaquia eran un mismo país. La memoria de los adultos no siempre es mejor que la de los examinados.
Ese detalle desarma parte de la indignación. La geografía administrativa cambia, y lo que hoy parece obvio mañana puede ser un error. La pregunta sigue siendo fácil. La conclusión sobre el sistema educativo, en cambio, no está tan clara.
Con estos mimbres, la pregunta de selectividad se responde en treinta segundos. Lo que no se responde tan rápido es por qué una prueba de acceso a la universidad incluye contenido de primaria y por qué la nota final depende del mapa que te tocó estudiar.