Alvise llama a la sociedad civil a organizarse ante Marruecos
El eurodiputado Alvise Pérez ha puesto sobre la mesa un escenario que hasta ahora solo circulaba en círculos muy concretos: la posibilidad de que
Marruecos intente una acción militar sobre Ceuta, Melilla y Canarias y que ni la OTAN ni la Unión Europea muevan un dedo para impedirlo. En un vídeo difundido por redes, el líder de la agrupación de electores sostiene que la defensa de esas plazas tendría que recaer en los propios españoles, sin esperar ayuda exterior. La propuesta ha generado un debate intenso en el que se mezclan análisis geopolíticos, dudas sobre la viabilidad militar y una desconfianza profunda hacia las instituciones.
Qué dice exactamente el vídeo de Alvise
El mensaje central es que
Marruecos quiere invadir Ceuta, Melilla y Canarias y que ni el Gobierno ni los partidos mayoritarios harán nada por evitarlo. Según esa tesis, la OTAN y la Unión Europea tampoco intervendrían, y la única salida sería que la sociedad civil se organizara por su cuenta. El vídeo no detalla un plan concreto, pero sí apunta a la necesidad de que los ciudadanos tomen la iniciativa ante lo que describe como una amenaza inminente.
La reacción no se ha hecho esperar. Hay quien ve en este discurso un intento de capitalizar el miedo y de atraer hacia el sistema a quienes se habían desentendido de la política. Otros, en cambio, consideran que Alvise pone encima de la mesa temas que los partidos tradicionales evitan por cálculo electoral. La discusión deriva rápidamente hacia la viabilidad real de una invasión y hacia el papel que jugarían las fuerzas armadas españolas.
¿Tiene Marruecos capacidad militar para invadir Canarias?
La respuesta más repetida es que no.
Marruecos carece de flota y de fuerza aérea suficientes para establecer un bloqueo naval previo a una invasión de las islas. Un desembarco anfibio requeriría medios de proyección que el país vecino no tiene, y la alternativa serían cayucos, un método poco apto para una operación militar. En el caso de Ceuta y Melilla, el castigo sería inmediato: la fuerza aérea española y el bloqueo por mar y aire dejarían las ciudades sin gas, sin internet y sin productos agroalimentarios desde el primer día.
Esa asimetría no impide que se planteen escenarios de otro tipo. Se argumenta que una acción puntual, un ataque tipo comando o una incursión rápida, podría causar un daño enorme a la economía de las islas sin necesidad de una ocupación formal. El turismo, motor principal del archipiélago, se resentiría de inmediato. Y hay quien añade que, a largo plazo, la presión demográfica y las nacionalizaciones podrían hacer el trabajo sin disparar un solo tiro.
El precedente de las Malvinas y la lógica de la distracción
La comparación con las Malvinas aparece varias veces.
Argentina invadió las islas en 1982 porque una junta militar necesitaba desviar la atención de sus problemas internos. Si un gobierno español se viera acorralado por una crisis política, no sería descabellado pensar en una operación de distracción. Es una hipótesis, no una predicción, pero ayuda a entender por qué algunos analistas no descartan del todo un movimiento sorpresa.
Frente a eso, la respuesta española dependería de la capacidad de reacción y de la voluntad política. Si el Gobierno optara por la vía del diálogo y el consenso ante una agresión armada, el coste político sería insostenible. La opinión pública no lo toleraría. Otra cosa es que exista la determinación de responder con contundencia desde el primer minuto.
El papel de la sociedad civil: entre la milicia y el espejismo
La propuesta de organizar a la sociedad civil para defender el territorio tiene precedentes históricos que se citan en el debate. Las milicias americanas expulsaron a los ingleses con ayuda de España y Francia. Las guerrillas españolas desgastaron a Napoleón. Los partisanos yugoslavos resistieron a la Wehrmacht. En todos esos casos, una fuerza irregular logró resultados que un ejército convencional no habría conseguido. La pregunta es si ese modelo es trasladable a un conflicto moderno.
La respuesta no es sencilla. Un ejército moderno puede aspirar a ganar con cero bajas propias frente a una sociedad civil desorganizada. Los drones, la vigilancia satelital y la superioridad aérea cambian por completo las reglas. La insularidad de Canarias, que en principio podría jugar a favor de la defensa, también la convierte en un blanco más fácil de bloquear. La sociedad civil, en ese escenario, lo mejor que puede hacer es comprarse un buen paraguas.
El trasfondo político: Alvise como fenómeno
Más allá del análisis militar, el debate refleja una desconfianza profunda hacia el sistema. Alvise es descrito por unos como un oportunista que busca atraer votos, y por otros como alguien que dice en voz alta lo que muchos piensan. Su discurso encaja con un malestar que no es nuevo: la sensación de que los partidos tradicionales han cedido soberanía y de que las instituciones europeas no defenderán a España si llega el momento.
Ese malestar se traduce en apoyos que van más allá de lo que muchos anticipaban. El escaño en el Parlamento Europeo le ha dado una plataforma que antes no tenía. Y aunque su estilo y su forma de hablar generan rechazo en amplios sectores, también le han permitido conectar con un electorado que se siente huérfano. La pregunta es si ese capital político se traducirá en algo más que ruido.
¿Estamos ante un aviso serio o ante un ejercicio de alarmismo? La respuesta depende de a quién se pregunte. Lo que está claro es que el debate sobre la defensa de Ceuta, Melilla y Canarias ya no se limita a los círculos especializados. Ha entrado en la conversación pública, y eso, por sí solo, es un cambio.