Iznájar, el pantano de 1969 que frenó la riada del Genil
El embalse de Iznájar, terminado en 1969 y con capacidad para 920 hectómetros cúbicos, evitó que la crecida del Genil se convirtiera en catástrofe en Córdoba. La borrasca Leonardo descargó con fuerza en Andalucía y el río llegó a umbrales rojos en varios puntos, pero no desbordó de forma catastrófica. El motivo: el pantano estaba casi vacío, al 20% antes de las lluvias, y pudo tragarse el agua sin ahogar a Puente Genil, Écija o Palma del Río. A primera hora de la mañana siguiente seguía por debajo del 50%, con 408,25 hm³ almacenados.
La paradoja es evidente: una infraestructura inaugurada por Francisco Franco el 3 de junio de 1969, con un millón cuatrocientos mil metros cúbicos de hormigón, se ha convertido en el argumento central de un debate que mezcla ingeniería hidráulica, memoria histórica y política actual. El embalse, que se extiende por Córdoba, Málaga y Granada, es conocido como el lago de Andalucía y pertenece a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir.
Qué pasó con la borrasca Leonardo y el río Genil
Las lluvias de la borrasca Leonardo dejaron miles de evacuados en Cádiz y Sevilla. En Córdoba, el Genil bajaba desbordado desde Loja y la preocupación se extendió a poblaciones cercanas. El embalse de Iznájar, con 2.521,72 hectáreas de superficie, acogió la crecida sin mayores complicaciones gracias a su bajo nivel de reservas. Su capacidad supone cerca de un tercio de todo el agua que cabe en los embalses de Córdoba.
El detalle técnico importa: el pantano bebe de la Vega de Granada y de parte de Sierra Nevada. De haber estado más lleno, toda el agua de Granada habría bajado sin control hacia Córdoba. No ocurrió. El río alcanzó el umbral rojo en varios puntos, pero no se desbordó de manera catastrófica.
El debate sobre el legado hidráulico del franquismo
La discusión derivó rápidamente hacia el balance de la dictadura. Una corriente sostiene que entre 1939 y 1975 se construyeron más de 700 grandes embalses y que la capacidad pasó de unos 4.000 hm³ a más de 40.000 hm³. Otra corriente responde que la autarquía fue un desastre económico, que la deuda con Italia se pagó hasta finales de los 60 y que el despegue llegó con el Plan de Estabilización de 1959, impuesto por el FMI y Estados Unidos.
El choque de cifras es el corazón del asunto. Hay quien recuerda que en 1974 la renta per cápita española era el 79% de la media comunitaria, con la CEE de los seis fundadores y Reino Unido. Otros replican que en 1975 España seguía muy por detrás de la OCDE en PIB per cápita, estructura agraria, educación y productividad. El cálculo completo, con series de IPC y salarios, da resultados que sorprenden.
El precedente del Plan Sur y la Dana de Valencia
La comparación con Valencia apareció pronto. El Plan Sur, el canal que salvó a la ciudad de una catástrofe, se construyó durante el
franquismo. La presa de Forata protegió a Algemesí y a otros municipios. Quienes vivieron la Dana de Valencia señalan que las obras de encauzamiento de la Rambla de Poyo se paralizaron desde 2006 y que el Plan Hidrológico Nacional, suprimido en su día, incluía una presa en Cheste que habría aliviado la situación.
El argumento no es nostálgico, insisten, sino comparativo: la naturaleza es imprevisible, pero la infraestructura marca la diferencia entre una crecida y una tragedia. La discusión sobre qué administración falló sigue abierta.
La paradoja del pantano casi vacío
El embalse salvó a media provincia precisamente porque estaba al 20%. Si hubiera estado lleno, el resultado habría sido otro. Esa ironía recorre todo el debate: la infraestructura funciona cuando no tiene agua, y cuando la tiene, el riesgo se traslada aguas abajo. A la fecha de esta discusión, Iznájar se encontraba a menos de un 50% de su capacidad, con 408,25 hm³.
La pregunta que sobrevuela es qué pasará cuando llueva lo suficiente para llenarlo. Nadie lo sabe. La predicción más prudente es que el pantano seguirá siendo el mismo: útil cuando está vacío, peligroso cuando está lleno, y siempre motivo de disputa política.