Movimiento 4B: el boicot al sexo y a la maternidad que llega de Corea
El
movimiento 4B no es un invento estadounidense. Nació en
Corea del Sur y estos días aparece en el debate público estadounidense, donde se ha vinculado a parte del electorado que votó a Kamala Harris. Sus cuatro renuncias —no al sexo, no al matrimonio, no a las citas y no a la maternidad— suenan familiares a quien siga el discurso feminista más radical. Lo que llama la atención es el envoltorio: algunas de sus seguidoras se afeitan la cabeza como símbolo de ruptura total con el varón. Cuando el argumento no basta, el cuerpo se convierte en pancarta.
La polémica ha entrado en el debate público en el contexto posterior a la victoria de
Donald Trump. Y no por el contenido del programa, sino por su viabilidad práctica: ¿de verdad hay un movimiento que pretende descapitalizar demográficamente a un país entero?
¿Qué es exactamente el movimiento 4B?
El
4B toma su nombre de cuatro palabras coreanas que empiezan por B: no al matrimonio, no a las citas, no a las relaciones sexuales y no a la maternidad. El origen se sitúa en el feminismo radical surcoreano, que en los últimos años ha pasado de reivindicar igualdad salarial a proponer la desconexión total con el sexo masculino.
Hay quien recuerda que no es la primera vez que aparece una idea así. Ya a finales de los sesenta
Valerie Solanas publicó el manifiesto del SCUM y la broma, con el tiempo, dejó de serlo. Lo que ahora cambia es la escala y el canal: el mensaje viaja por redes sociales sin filtro editorial, y aterriza en una sociedad tan fracturada como la estadounidense.
El afeitado de cabeza como marca de identidad
La imagen de mujeres rapadas al cero se ha convertido en la tarjeta de presentación del movimiento. Y también en su punto más discutido. Buena parte del análisis la interpreta como una señal de pertenencia, un marcador visual que hace innecesaria cualquier explicación verbal. Otra lectura, más cínica, apunta a que se trata de una operación estética: quien no quiere competir en el mercado de las citas lo declara por adelantado.
La analogía con sectas cerradas no ha tardado en aparecer. Las comparaciones con grupos de corte mesiánico —incluida la rama davídica que acabó en el incendio de Waco— funcionan como advertencia retórica sobre qué ocurre cuando un colectivo se aísla y convierte sus reglas internas en identidad total.
Brecha demográfica entre estados rojos y azules
El dato que varios análisis consideran clave tiene que ver con la reproducción. En Estados Unidos existe una brecha de natalidad entre los estados conservadores y los urbanos progresistas de ambas costas. Las zonas religiosas mantienen tasas más altas mientras que los núcleos metropolitanos registran índices notablemente inferiores. La consecuencia lógica, dicen, es una ventaja estructural para el bloque conservador a medio plazo.
De ahí que parte de la reacción no sea de enfado, sino de alivio. Si el 4B se cumple, sostienen, el electorado que apoya estas tesis se
autocancela demográficamente. Y precisamente porque el
progresismo ha perdido la batalla de la cuna, añaden, necesita compensarla con la escuela y los medios. Un razonamiento circular, pero popular.
¿Servirá de algo la huelga sexual?
El escepticismo domina. La primera objeción es práctica: quien ya no mantenía relaciones con hombres no renuncia a nada nuevo. La segunda es temporal: un boicot indefinido exige una cohesión que rara vez sobrevive a las primeras semanas de silencio.
También aparece el efecto contrario, el que sostiene que el movimiento libera a los hombres de la presión de la competencia. Los cálculos más fríos distinguen tres perfiles: el que no tenía nada, el que tenía poco y el que tenía mucho. Ninguno de los tres sale ganando o perdiendo de forma homogénea. En la práctica, la renuncia colectiva presupone que existía una demanda real de partida.
España y la duda de si el patrón se cumple aquí
La extrapolación a España genera dudas. Hay quien recuerda que la natalidad sigue cayendo en Cataluña, con tres de cada cuatro hombres jóvenes sin hijos, y que esa tendencia no distingue ideologías. El vínculo directo entre pensamiento progresista y menos descendencia no se sostiene con la misma solidez al cruzar los Pirineos, según esta lectura.
También aparece el factor coreano. Es un movimiento importado, no una respuesta espontánea a un problema local. Y eso le resta credibilidad como fenómeno duradero.
Al final la pregunta que queda sobre la mesa es la de siempre: ¿un boicot sin boicoteadores activos puede cambiar algo, o solo sirve para que cada bando confirme lo que ya pensaba del otro?