El SMI subirá a casi 1.400€ en enero y la jornada bajará a 37,5 horas
Un salario mínimo no saca a nadie de la pobreza. Ni con 1.323€, ni con 1.400€, ni con 2.000. Es la única conclusión en la que coinciden quienes aplauden cada subida del SMI y quienes avisan de que la broma la acabará pagando el mismo que la cobra. La propuesta sobre la mesa para enero de 2025 es un alza de entre el
4% y el 5%: entre
1.375 y 1.389 euros al mes en 12 pagas, y quien cobre menos lo percibirá repartido en 14 pagas. A eso se suma el segundo anuncio, la reducción de la jornada laboral de 40 a 37,5 horas para final de año. Casi 1.400 euros por 37,5 horas semanales. El titular es bueno. La letra pequeña, ya veremos.
¿Cuánto sube el SMI en 2025 y cómo queda en 14 pagas?
La subida prevista para enero de 2025 se mueve entre el 4% y el 5% sobre el salario mínimo interprofesional vigente, lo que deja la referencia en una horquilla de 1.375 a 1.389 euros mensuales calculados en 12 pagas. Son cantidades brutas, no netas: de ahí la advertencia que se repite en cuanto alguien mira la nómina de verdad, que a esa cifra hay que descontarle cotizaciones y retenciones antes de que llegue a la cuenta corriente. Quien cobre el tramo más bajo de la escala lo hará prorrateado en 14 pagas, de modo que su nómina mensual será inferior aunque el importe anual no varíe.
El salario mínimo ya es el salario más frecuente en España
Ese es el dato que descoloca más que la propia subida. El mínimo ha dejado de ser una red de seguridad y se ha convertido en el centro de gravedad de la nómina española, y eso cambia todo: cuando el suelo es la cifra más repetida, una subida no revaloriza tanto a los de abajo como reordena a los de en medio. Hay quien sostiene que un
mileurista con un empujón así pasa a ser clase media; enfrente, el argumento de que si 1.400€ es la referencia, la clase media acaba de mudarse un par de barrios hacia abajo. Y en paralelo asoma una paradoja incómoda: si un soldador, un tornero-fresador o un camionero se juegan dedos, ojos y pulmones para cobrar casi lo mismo que un cajero, el oficio pierde su prima de riesgo y nadie quiere ponerse el mono.
Quién paga realmente la subida: autónomos y pymes
El cálculo que circula entre quienes tienen nóminas a su cargo es implacable: cada 50€ de subida a un empleado le cuestan al pagador en torno a 85€ con impuestos y cotizaciones, el trabajador percibe entre 35 y 40€ netos y el Estado se queda 40 o 50€ de cada 50€. Es una estimación, no una liquidación, pero explica por qué el enfado se concentra en el pequeño negocio y no en la gran empresa. El caso que más se repite es el de un local de barrio con varias trabajadoras que terminó con la actividad repartida a domicilio y una mochila a la espalda. La anécdota no demuestra nada por sí sola. La secuencia de costes —electricidad, alquiler, seguros, cotizaciones— sí. A todo esto se añade la no deflactación del IRPF: si el tramo no se ajusta, parte de la subida la recupera Hacienda por la vía de la tarifa.
¿Por qué se culpa al SMI de la inflación?
Porque encarece la mano de obra y ese coste acaba trasladándose, entero o a medias, al precio final. Es el argumento dominante entre quienes pronostican el kilo de pollo a 9€ mientras la estadística oficial sigue hablando de precios contenidos. Enfrente está la tesis monetarista, resumida por un economista liberal: la inflación es el aumento de la oferta de dinero, nace del grifo del BCE y no de la nómina de quien cobra el mínimo. Si no se imprime más, no hay inflación. Las dos corrientes no son compatibles entre sí y ninguna parece dispuesta a moverse del sitio.
La comparación europea que no encaja
Unos miran a Luxemburgo, Países Bajos o Francia y preguntan por qué aquí no se puede. Otros responden que el problema no es el SMI sino la estructura productiva: en el neto las distancias se estrechan cuando se descuentan retenciones del 20% o 23% frente al 6,5% español. En medio queda un dato molesto, el de una economía pequeña que se sitúa en el 6% de desempleo mientras España no vuelve al 8% que registró en su mejor época y que, con más maquillaje estadístico o menos, sigue lejos. Y está China, con un salario mínimo en torno a 270 euros mensuales, el mismo país que ya da sopas con honda en placas solares.
¿Se puede vivir con el salario mínimo?
Ni en 2017 ni ahora. Con 840€ no se alquilaba un piso; con 1.323€, un 52% más, tampoco, y ahí se cae la euforia de la cifra. En zonas tensionadas hay habitáculos de mil euros que convierten cualquier salario mínimo en una cuenta a tres bandas. Quien cobraba 840€ hace siete años sigue igual de apurado hoy con 1.323€ y seguirá apurado cuando la cifra sea 2.000€, porque seguirá teniendo el salario más bajo de su empresa. Lo que sube el recibo cada mes no es el SMI: es todo lo demás.
Si el pronóstico se cumple, en enero habrá 1.400€ de mínimo legal y 37,5 horas de jornada. La factura aparecerá escalonada, vía precios y vía recaudación, y ningún decreto impide que quien cobra el mínimo siga mirando los alquileres desde la acera. Salvo que alguien aborde los costes de verdad —vivienda, energía, impuestos—. De eso, por ahora, se habla bastante menos.