Barcelona convierte pisos en pensiones de lujo por habitaciones
Un albañil de Barcelona tiene la agenda a tope, pero ya no hace reformas domésticas. Ahora se dedica a dividir pisos en más habitaciones. En los últimos meses se le han multiplicado las obras destinadas al negocio inmobiliario de moda en la capital catalana: el alquiler temporal de habitaciones con gestión profesional, explotadas como negocio. El fenómeno ya estaba presente en Madrid, pero en Barcelona se están transformando cientos de pisos convencionales para exprimirlos por habitaciones, de 4 a 12, por las que se pagan entre 500 euros (un porcentaje ínfimo) y más de 1.400 euros (suites con baño en zonas cotizadas) casi siempre a huéspedes extranjeros de paso.
Hay casos llamativos: inmuebles de hasta 18 habitaciones anunciadas como «piso compartido», procedentes de antiguas residencias de estudiantes o de ancianos, con hasta 400 metros cuadrados. La noticia, publicada por
El Periódico, ha caído como una bomba en un contexto donde el alquiler tradicional está intervenido, los pisos turísticos se están prohibiendo en Cataluña, Baleares y Canarias, y el Gobierno prepara un índice de precios para zonas tensionadas. Los propietarios buscan escapatorias. El Estado, de momento, las va cortando.
Qué es un piso-pensión y por qué se dispara
El modelo consiste en alquilar habitaciones por meses, no por noches. Esa es la clave. Al no ser vivienda habitual ni alojamiento turístico, el contrato se escapa de la Ley de Arrendamientos Urbanos y de las licencias hoteleras. El propietario o el gestor reforma, divide, amuebla y alquila cada cuarto por separado. La rentabilidad se multiplica: un piso que en alquiler tradicional dejaría 1.200 euros al mes pasa a generar 4.000 o 5.000 con seis habitaciones a 700 euros.
El negocio se ha profesionalizado. Ya no es la señora viuda que alquilaba un cuarto a un estudiante. Hay empresas que reforman, gestionan y exprimen la rentabilidad. El albañil de Barcelona lo resume: «dividiendo pisos en más habitaciones». Su agenda está llena. El fenómeno se extiende a Madrid y a otras ciudades.
La burbuja de las habitaciones: precios y perfiles
Los precios van de 500 euros en habitaciones interiores y mal comunicadas hasta más de 1.400 euros por suites con baño en zonas cotizadas. El inquilino tipo es un extranjero de paso, con contrato temporal, que no reclama derechos de vivienda habitual. Eso reduce el riesgo para el propietario. También reduce la convivencia a una pelea por un hueco en la nevera y por limpiar el baño.
Hay quien ve en esto una vuelta a las pensiones de posguerra, donde una señora hacía la cama y servía la cena. La diferencia es que ahora no hay señora, ni cena, ni contrato. Solo una habitación y un baño compartido con desconocidos. El formato pensión, para unos meses de curso o de prueba en un trabajo nuevo, puede tener sentido. Como sistema de vida indefinido, es otra cosa.
El riesgo legal: contratos temporales y desahucios
La Ley de Vivienda abre la puerta a regular el alquiler temporal antes de las generales. La disposición adicional quinta contempla la creación de un grupo de trabajo para regular los contratos de arrendamiento de uso distinto del de vivienda. El Gobierno aprobará en enero los límites para fijar el precio de viviendas en zonas tensionadas. Los índices de precio del Ministerio de Vivienda ya están publicados en el BOE.
El propietario que se pasa al alquiler por habitaciones lo hace, en parte, para esquivar esas normas. Pero también para reducir el riesgo de impago y de ocupación. Un inquilino que no paga en un piso compartido es más fácil de echar que una familia con contrato de vivienda habitual. La división en habitaciones aminora el riesgo. O eso creen.
El problema de fondo: no se construye y no se libera suelo
El precio de la vivienda no baja porque no se construye lo suficiente. Un autopromotor lleva dos años para una autopromoción en suelo urbano de lo más sencilla, enterrado en burocracia, mamandurrias y charos de ayuntamientos y empresas de oligopolios. Ni ha empezado a construir. Cada vez que oye que la culpa del precio es de los especuladores, no puede más que reírse.
Si hubiera fluidez en los trámites y menos tocahuevismo, no estaría pagando un alquiler y no presionaría la demanda. El problema no es solo la especulación. Es que el suelo no se libera, los impuestos no bajan y la construcción se atasca. Mientras tanto, el alquiler por habitaciones es la válvula de escape. Y las válvulas de escape, cuando el sistema está tensionado, se convierten en el sistema.
El dato que descoloca: hay inmuebles de hasta 400 metros cuadrados con 18 habitaciones anunciadas como «piso compartido». No es una pensión. No es un hotel. Es un piso. Y se alquila por partes.