Tenerife: cuando trabajar ya no evita la chabola
¿Cuánto tiene que subir el alquiler para que un sueldo precario deje de servir ni para un zulo? En el sur de Tenerife la respuesta ya está escrita en forma de asentamiento. El problema no es solo de familias vulnerables: afecta a trabajadores con nómina que no pueden pagar un alquiler y tampoco tienen contrato estable para firmarlo. La isla suma más de un millón de habitantes —población flotante incluida— sobre 2.000 kilómetros cuadrados, con buena parte del suelo inurbanizable por geografía o por decisiones administrativas. El resultado: infravivienda, hoteles para turistas y colas para todo lo demás.
El alquiler que se come el sueldo
La denuncia de partida es concreta: los alquileres son imposibles de pagar «no ya por familias vulnerables sino por familias trabajadoras que tienen sueldos precarios», y muchas veces no pueden alquilar por la inseguridad de sus contratos y sus bajos salarios. No es un problema de exclusión social clásica. Es un problema de
curritos con trabajo que no llegan a fin de mes si pagan el alquiler. Y cuando no llegan, la alternativa no es un piso más pequeño: es una chabola, una okupación o directamente la calle.
El diagnóstico que más se repite apunta a la oferta. En Tenerife no faltarían viviendas en abstracto, faltaría suelo donde construirlas. Hay quien lo resume con una frase que no admite matices: en la isla no falta vivienda, falta suelo y sobra gente. Los ayuntamientos, según varios testimonios, funcionan como el culo: todo son pegas y silencios administrativos, incluso para naves empresariales en suelo urbano contemplado en el plan de ordenación. La incertidumbre retrae la inversión y el stock no crece.
La ley de la oferta y la demanda, versión isleña
El argumento liberal también tiene su hueco. Si la demanda lleva un año hundida y los precios siguen quietos, algo falla en el mecanismo. Hay quien ironiza con la
Ley de la Grabedac de la Hoferta y la Demangda y señala que la culpa siempre acaba siendo de Lenin. En Madrid, dicen, van a construir miles de viviendas en nuevos desarrollos del tamaño de Santander, y con tanta oferta los precios bajarán. Seguro. Seguro.
El dato que desactiva el optimismo: de todos los desarrollos previstos, hay 45.000 viviendas para 2025, el 1% del stock. Si eso parece mucho, vale. Pero en Madrid los pisos duran días en los portales inmobiliarios, y el 20% ni 24 horas. Mientras no se ve escasez, la oferta no se mueve. Y subir oferta, según esta lectura, es de fachas.
Airbnb, guiris y trabajadores que no pueden vivir donde trabajan
La vivienda turística aparece en casi todas las explicaciones. Muchas viviendas se destinan a turistas, las islas están saturadas y luego no hay vivienda para los curritos. La solución que se propone desde ese lado es prohibir la vivienda turística, no construir más zulos. Hay quien va más allá y pide atacar la demanda: guiris a hoteles o a alquileres de meses declarados y con licencia, y menos demanda en general. El problema, replican otros, es que limitar precios no funciona y la seguridad jurídica del casero no es el cuello de botella: el cuello de botella es el colapso crónico de los juzgados.
El efecto ya se nota en el empleo. La falta de trabajadores está estancando el crecimiento, según CEPYME, porque el precio de los zulos impide la movilidad laboral. En Ibiza ya se quedan sin camareros, sin médicos, sin policías y sin bomberos. Nadie quiere ir a currar donde el alquiler se come el sueldo. Y los que ya están, se plantean dejarlo.
El desahucio de chabolas como política de vivienda
La escena que cierra el círculo: denuncian el desahucio de chabolas en Canarias. Es inédito. La solución oficial, en la práctica, es desahuciar la infravivienda sin haber resuelto antes la falta de vivienda. El resultado previsible es que la gente desahuciada de una chabola no se muda a un piso: se muda a otra chabola, o a la calle.
Hay quien sostiene que los asentamientos se llenarán de inseguridad y que la cosa irá a peor. Hay quien responde que el problema es multifactorial y que la burbuja crediticia y el Sareb también tienen su parte. Y hay quien recuerda que el problema de vivienda ocurre en casi todos los países occidentales, con leyes más laxas o más duras, y que cuando más se construía y menos regulado era el alquiler, este no hacía más que subir. Ese dato, incómodo, no encaja en ninguna de las dos trincheras.
Mientras tanto, cirujanos comparten piso en Madrid porque el alquiler se queda con la mayor parte de su salario. Te especializas, asumes la responsabilidad de operar a un ser humano, y el beneficio se lo queda un casero cuyo único mérito fue firmar una hipoteca. Si eso pasa con un cirujano, qué no pasará con un camarero en el sur de Tenerife.
La solución, dicen algunos, es hacer urbanizable el suelo de las chabolas. Ni mercado ni pollas: está todo bien controladito para que los pobres lloren y los langostos sigan haciendo caja. Puede que tengan razón. O puede que, como siempre, la culpa sea de Lenin.