Pareja abierta, un vídeo y la sospecha de negocio de cursillos
Un vídeo en el que un hombre defiende, con vocabulario de crecimiento personal, que su pareja mantenga relaciones con otras personas ha convertido una historia privada en un laboratorio sobre autoestima, límites y dinero. El mensaje que lo viralizó no se anduvo con matices: lo situaba en el entorno de
Podemos y daba por hecho que su pareja sale con otros mientras él lo aguanta con filosofía. De todo eso solo hay una prueba: el propio vídeo. En él aparece un hombre hablando en primera persona de
ego, conciencia y autoconocimiento, y de cómo ha aprendido a no sentirse dueño de nadie.
El resto lo pone la audiencia, que en cuestión de días pasó del chascarrillo a la sospecha de que detrás de la confesión hay una campaña comercial.
Qué dice el vídeo y qué se le atribuye de más
El discurso es explícito: relación abierta, celos superados y una supuesta madurez emocional que le permite aceptar que su pareja esté con otros. Lo llamativo no es el modelo, que existe y es legal, sino el envoltorio: un monólogo sobre el
ego y la conciencia que suena a terapia de fin de semana y que, en boca de un hombre que se está justificando, produce cierto sonrojo ajeno.
No hay nombres ni apellidos verificados, ni cargos, ni militancia acreditada. La adscripción política que acompaña al vídeo llega en el texto que lo difunde, sin más respaldo que la apariencia del protagonista. Y una parte de quienes lo han visto sostiene lo contrario de lo que parece: que
está actuando. Hay quien directamente lo da por falso, y hay quien asume que es real y lo considera una muestra más de una época rara.
La duda razonable, en cualquier caso, no es si el hombre existe. Es si lo que cuenta se sostiene.
TikTok, cursillos y un local de parejas: la pista del negocio
Aquí es donde el asunto deja de ser una anécdota de pareja. Circula la afirmación de que el protagonista y su compañera mantienen perfiles activos en
TikTok e
Instagram, que esos perfiles funcionan como escaparate de un local de parejas liberales y que en una web propia venden cursillos y terapias de tipo
new age. Otra línea de comentarios apunta en la misma dirección: puro paripé para captar tráfico hacia redes y hacia una cuenta de contenido de pago. Nada de esto está confirmado, conviene subrayarlo, pero explica por qué el vídeo tiene la textura de un anzuelo y no la de una confesión espontánea.
Si el diagnóstico es correcto, el negocio no es la relación abierta: es la reacción que provoca. Un vídeo así se comparte, se ridiculiza y se replica, y cada réplica es una visita. Es el manual de la economía de la atención aplicado a la intimidad.
Ego frente a autoestima: el argumento que ordena las críticas
La objeción más repetida no va contra la pareja abierta como fórmula, sino contra la asimetría. Una relación abierta consentida requiere que los dos jueguen con las mismas cartas y que ninguno use el discurso de la madurez para tapar que no le gusta lo que pasa. Cuando uno impone sus condiciones y el otro las acepta invocando la superación del ego, lo que hay no es libertad: es una humillación con vocabulario amable.
Hay quien lo dice de forma más cruda: el que acepta sin querer no está por delante de nadie, está evitando la conversación. Y la respuesta contraria también aparece: la vida privada de dos adultos es suya, y quien la juzga desde fuera está proyectando sus propias cuentas pendientes. Ambas cosas pueden ser verdad a la vez, que es justo lo que pasa casi siempre en estos casos.
La advertencia sanitaria que se cuela en la conversación
Entre los mensajes hay un aviso que no va de moral, sino de salud: el riesgo de infecciones de transmisión sexual en relaciones con varias parejas simultáneas y la falsa sensación de seguridad que genera confiar solo en el preservativo sin información actualizada. La advertencia llega desde la experiencia personal de quien la escribió, no desde un estudio, así que conviene tratarla como lo que es: un recordatorio de que cualquier cambio en la vida sexual de una pareja es un buen momento para una consulta médica.
Sin dramatismo y sin sermón, ese es probablemente el único consejo útil de todo el episodio.
De la alcoba al IVA: cómo la conversación se fue a la economía
A mitad de camino, el asunto mutó. Lo que empezó como burla de una relación se transformó en un ajuste de cuentas sobre el régimen económico español. Una parte de los mensajes sostiene que aquí no hay libre mercado ni liberalismo, sino
licencias y tributos por todas partes: que para vender, para abrir, para criar animales o para montar cualquier cosa hace falta permiso y pago previo. La réplica desde el otro lado: eso no es socialismo, es una socialdemocracia donde el Estado y la empresa se reparten el excedente, y se compara con países de supuesta libertad económica que también cobran impuestos y licencias.
Que el debate sobre una pareja acabe en el
IVA y en Suiza dice bastante del país, y bastante de la conversación pública. En el fondo late la sospecha, bastante extendida, de que el problema no es este vídeo concreto sino la industria que lo produce.
Si la hipótesis comercial se confirma, este episodio será recordado como un caso de manual: alguien expone su vida íntima, la red se indigna, y ambos bandos alimentan el mismo negocio. Si no se confirma, quedará un hombre explicando en internet algo que quizá debería haberse explicado en su salón. Y quedará, sobre todo, la incomodidad de no saber cuál de las dos cosas preferimos que sea verdad.