El coche eléctrico no hunde la demanda de petróleo: el 70% no es electrificable
¿De verdad los vehículos eléctricos están destruyendo la demanda de
petróleo? Es la tesis que se defiende en un vídeo de un divulgador del sector, y la respuesta corta es que no: la parte del crudo que un turismo eléctrico puede sustituir es minoritaria. El
70% del consumo de petróleo no es electrificable, según el desglose que maneja un participante en el debate: transporte pesado por carretera, marítimo, aviación, minería, agricultura, fertilizantes y plásticos seguirían necesitando combustible líquido. El turismo particular es la punta del iceberg, no el iceberg.
Qué dice el vídeo que originó la discusión
El punto de partida es un vídeo que sostiene que la demanda de gasolina va a caer y que, como consecuencia, el precio subirá. El argumento encadena toda la cadena: menos refino, menos gasolineras, más kilómetros por camión cisterna y, por tanto, más coste por litro. La parte más discutida es precisamente esa. Un camión que reparte 20.000 litros de combustible y tiene que hacer 500 kilómetros en lugar de 300 gasta unos 200 litros más, repartidos entre los 20.000 litros vendidos. El litro sube céntimos, no euros. Con ese cálculo se desmonta buena parte del relato.
El vídeo también se apoya en el despliegue solar chino, con la construcción de plantas cada semana, y en la idea de que el motor eléctrico es superior al térmico. Ahí hay menos discusión: el motor eléctrico pierde menos energía en forma de calor, aprovecha la frenada para recargar y es más eficiente que el de combustión. Otra cosa es que eso baste para tumbar la demanda global de crudo.
China no compra menos petróleo por tener más eléctricos
El caso chino es el que más se usa y el que peor encaja. China representa alrededor del
20% de las compras mundiales de petróleo y al mismo tiempo produce mucho carbón. Lo que está haciendo es sustituir carbón por renovables en su mix eléctrico, no renunciar al crudo. De hecho, según el material manejado, China apenas tiene petróleo propio: lo compra casi todo a Rusia y a Irán. Y hay una noticia que apunta en dirección contraria a la tesis del vídeo: China está gastando grandes sumas en construir fábricas para convertir carbón en petróleo, una tecnología que ya usaron los alemanes en la Segunda Guerra Mundial como medida de contingencia.
Ese detalle es revelador. Convertir carbón en combustible líquido exige electricidad y da un producto con menor poder calorífico, es decir, menos eficiente en el motor. Que un país lo haga en masa no indica que esté abandonando el petróleo, sino que no quiere dejar caer de golpe a su mayor empresa minera de carbón. La transición es real, pero más lenta y más sucia de lo que sugiere el relato.
El motor eléctrico es mejor, pero eso no basta
Hay un consenso amplio en que el motor eléctrico es superior al térmico: menos pérdidas, más par, recarga en frenada. Cualquiera que haya conducido uno lo sabe. El problema no es la tecnología del vehículo, es la escala. Sustituir 2.000 millones de coches de combustión por eléctricos exige una cantidad de cobre que, según se argumenta, no existe en el mundo. Y aunque existiera, la electricidad tendría que salir de algún sitio: también se genera quemando petróleo.
Ahí está la contradicción que nadie resuelve. El vehículo eléctrico es viable para quien tiene dónde cargarlo y no hace viajes largos, pero no es una solución universal. Imponerlo como si lo fuera genera rechazo y distorsiona el mercado. Mientras tanto, la demanda global de petróleo no baja: solo dos regiones, Europa y Estados Unidos, no habían recuperado en 2023 los consumos de 2019, y la segunda por muy poco.
El coste industrial que nadie quiere mirar
La discusión deriva hacia la industria europea. El coche eléctrico no ha hundido al motor de combustión europeo por sí solo, pero ha coincidido con su pérdida de iniciativa tecnológica. Los fabricantes alemanes ven cómo sus coches se acumulan en campas mientras los compradores chinos dejan de quererlos. Los aranceles no arreglan una suerte que, en buena medida, ya está echada.
Hay quien sostiene que todo esto es una operación para aplanar la curva del consumo energético, no la de los contagios. El Covid fue un choque que redujo el consumo de petróleo; la crisis financiera de 2008 también, aunque menos. El juego consistiría en cambiar dinero por petróleo para prolongar los recursos mientras despegan las alternativas. Es una hipótesis, no un hecho probado, pero explica por qué la retórica verde y la realidad de los balances no terminan de cuadrar.
El coche eléctrico es mejor máquina. El petróleo, de momento, sigue ganando la partida por goleada. Si alguien encuentra la forma de electrificar un avión o un buque de carga, que avise.