Pensiones españolas: 19.860 € frente a los 6.250 € de Lituania
Un dato que se repite en el hilo es que la pensión media en España alcanza los 19.860 €, mientras que en Lituania se queda en 6.250 € y en Eslovenia en 9.253 €. El salario mínimo lituano es de 924 € y el español no aparece en la tabla. La comparación, montada sobre cifras de nóminas y prestaciones que aportan los participantes, dibuja un país que paga
pensiones de primer nivel europeo con sueldos de segunda división. Y eso, tarde o temprano, alguien lo tiene que cuadrar.
El cuadro europeo que nadie quiere mirar
Los números que abren la comparación son tozudos.
Italia registra el salario medio más alto de la tabla, 33.492 €, y una pensión de 19.860 €, idéntica a la española. Francia, con un salario medio de 43.438 €, paga pensiones de 18.070 €. Hungría, con un sueldo medio de 30.237 €, llega a 23.342 € de pensión. Eslovenia, con 26.667 € de salario medio, se queda en 9.253 €. El patrón no es lineal ni mucho menos: hay países con sueldos altos y pensiones contenidas, y países con sueldos bajos y pensiones generosas.
La letra pequeña importa. Italia no tiene salario mínimo legal, aunque la Constitución menciona que la remuneración debe satisfacer necesidades básicas. Los becarios italianos pueden cobrar entre 300 y 800 € según la provincia, un dato que relativiza cualquier comparación con el SMI español.
Las tablas comparativas siempre esconden una trampa estadística, y esta no es una excepción.
El 30% de las pensiones se paga con deuda
El argumento que vertebra la discusión es fiscal, no moral.
El 30% del gasto en pensiones se cubre con deuda, según el planteamiento inicial. La evolución es la que preocupa: en 2010, el 92% del sistema se sostenía con cuotas de trabajadores; en 2023, el 70%. El Estado transfería el 6,2% en 2010 y el 23% en 2023, a pesar de encarecer las cotizaciones. La conclusión que se extrae es incómoda: el sistema depende cada vez más de dinero prestado.
Hay quien sostiene que el problema no es de pensiones, sino de gasto público mal gestionado. La estructura autonómica, con diecisiete administraciones y sus redes clientelares, aparece como uno de los sumideros señalados.
El argumento es que el dinero se ha malgastado, no que no hubiera suficiente. En contra pesa la evidencia de que las cuentas no cuadran por ningún lado.
Cotizar toda la vida para cobrar doce años
El cálculo generacional es el otro frente abierto. La esperanza de vida para la que se diseñó el sistema español rondaba los 75 años, según se afirma.
Nadie ha cotizado nunca en España para cobrar más de 12 o 13 años de pensión. Si la esperanza de vida real supera esa cifra, el sistema paga más años de los que financió.
La respuesta a ese argumento llega desde otro ángulo: quien cotiza hoy paga cantidades muy superiores a las de hace décadas. Un trabajador actual aporta a contingencias comunes 750 € la empresa y 150 € él mismo al mes, según el desglose que se comparte.
La tasa de sustitución se ha convertido en la única garantía de vejez para quien no puede ahorrar por su cuenta, porque el sistema fiscal expropia cualquier excedente.
La trampa de la productividad y las máquinas
Hay un factor que casi nadie mete en la ecuación: la automatización.
Las máquinas no cotizan. Los avances tecnológicos reducen la necesidad de mano de obra no especializada, y cada puesto automatizado deja de aportar al sistema. La transición del incremento de productividad hacia la máquina es el agujero que nadie quiere mirar.
El corolario es incómodo: si la productividad crece pero el empleo no, la base cotizante se estrecha.
La IA tiene las patas más largas que cualquier reforma paramétrica. Y mientras tanto, los planes de pensiones de empleo que se promueven desde Bruselas pueden acabar siendo otro vehículo fiscalizable cuando convenga.
Quién paga la fiesta: el pacto tácito
La discusión deriva hacia la responsabilidad política.
El pacto tácito entre pensionistas y políticos —«tú dame mi pensión y roba lo que quieras»— aparece como el sostén del sistema. Los pensionistas actuales no son los únicos beneficiarios del gasto público, pero sí el grupo más numeroso y organizado electoralmente.
La contraargumentación es que los no pensionistas que cobran del Estado son más, aunque estén repartidos en mil conceptos: SMI, inserción, parados, mayores de 54, subvenciones, empresas públicas.
Centrar el foco solo en los pensionistas es una manipulación, sostienen quienes rechazan el relato. El día que alguien proponga recortar un 50% las pensiones altas, se verá quién aplaude de verdad.
Qué pasa cuando el sistema no se sostiene
El escenario que se maneja no es reformista.
Las pensiones en España van a quebrar, por impago o por hiperinflación. La única incógnita es el año. Las salidas que se apuntan son tres: oro, criptomonedas y antigüedades; haber montado una revolución; o haber emigrado a tiempo.
El corralito argentino o los hachazos griegos aparecen como precedentes citados. La conclusión que se impone es que las pensiones actuales no se tocarán —se subieron un 8% el año pasado— y las futuras ya se están rebajando vía jubilación a los 68 años o más.
El ajuste ya está en marcha, solo que por la puerta de atrás.
¿Cuánto tiempo puede sostenerse un sistema que paga pensiones de 19.860 € con salarios medios que no llegan a 30.000 € y un 30% de gasto financiado con deuda?