Vuelve a subir la edad de jubilación: en 2027, otro tramo más
La edad de jubilación vuelve a subir en 2027. Sin anuncio, sin rueda de prensa y sin titular de portada: es la enésima cuota de una reforma aprobada en 2011, la Ley 27/2011, que empezó a aplicarse en 2013 y que sigue desplegando sus efectos año tras año. El incremento no afecta a todos los trabajadores por igual. Solo muerde a quienes no cumplen un periodo mínimo de cotización, de modo que buena parte de los que están cerca del final ni lo notan. Así funciona el mecanismo: sube la edad sin que nadie lo llame subida.
Qué cambia en 2027 y a quién afecta
El ajuste de 2027 es el mismo que lleva operando desde 2013. No hay norma nueva ni calendario distinto: se ejecuta un tramo más de lo que ya estaba escrito. La consecuencia práctica es que la edad ordinaria sigue escalando mientras el cómputo de años cotizados exigido para calcular la pensión también se endurece. Hay quien lo resume sin rodeos: no ha cambiado nada, simplemente se aplica lo aprobado.
Ese matiz se escapa en la mayoría de las coberturas. El sistema no da un salto: gotea.
El cálculo que no sale en los titulares
La letra pequeña está en los años cotizados. Según un cálculo que circula en el debate, el cómputo exigido para calcular la jubilación ha ido subiendo desde los 15 años hasta los 25, a razón de un año por ejercicio. En paralelo, y siempre según esa misma versión, la edad ordinaria avanza a cuentagotas hasta instalarse en los 67. El efecto combinado castiga a quien se incorporó tarde al mercado laboral: estudios largos, paro o carreras se pagan al final de la vida activa.
Según otro participante, quien haya cotizado de forma continua desde los 26 años y medio podrá seguir retirándose a los 65. Quien no, rema.
La factura que se pasa a los de después
La otra lectura es menos amable con el relato oficial: hay quien sostiene que cada tramo que sube la edad opera, en la práctica, como una rebaja de pensión disfrazada, y que al trabajador que no aguanta hasta los 70 se le acaba diciendo que se la ha bajado él mismo. A eso se suma el recuerdo, expresado también en el debate, de las prejubilaciones masivas de principios de los 2000, cuando mucha gente salió del sistema a los 55 años con condiciones hoy impensables.
Con el calendario actual, cabe esperar que el goteo siga algunos ejercicios más. Nadie firma hasta dónde ni quién lo paga.