Demolition Man acertó el menú prohibido y no vio las redes
Demolition Man se rodó a comienzos de los 90 y sigue funcionando como comedia, solo que ahora la gracia escuece: la película imaginó un mundo pacificado a base de prohibiciones y clavó casi todo el menú. No el futuro tecnológico, el de las costumbres.
De todas las distopías que el cine ha dejado sobre la mesa, esta es la que ha envejecido por la vía rara: no ha quedado vieja, ha quedado cerca. Hay quien sostiene que su lectura del porvenir es más certera que la de Blade Runner o 2001, y hay quien responde que la cinta se limita a llevar al extremo lo que ya era
el hombre civilizado a principios de los 90. Las dos cosas pueden ser verdad a la vez.
Qué prohíbe la sociedad de Demolition Man
Carne, alcohol, sal, chocolate y sexo. La lista de lo considerado nocivo y perseguido en esa sociedad incluye también, según el mensaje que abre el hilo, la libertad de pensamiento y de expresión. El mecanismo de fondo es más viejo que la película. En el debate se argumenta que el arte del control, la sumisión y la dependencia opera por capas, por fases: primero se consiente una cosa, luego otra, y cuando la masa adopta el nuevo estándar quedan cuatro disidentes a los que se llama retrógrados, aguafiestas o nostálgicos. Como se apunta en el hilo, en los 90 ya había negacionistas del sida; después llegaron los del covid. Nada de esto nació en 2032.
El chip subcutáneo y el sexo sin contacto
Donde el guion se pone serio es en la vigilancia. En el hilo se señala que la película preveía una IA para vigilar a todos los ciudadanos mediante un chip subcutáneo, un pasaporte digital. Un participante sostiene que la IA ya está en ese nivel, que hace falta un dispositivo dedicado y que un aparato tipo Alexa bastaría para tener lo mismo que en la película, salvo que la IA comercial no se enamoraría de otra.
El otro hallazgo es el sexo. En esa sociedad el contacto se considera sucio y se sustituye por una transferencia digitalizada de energías sexuales, casco incluido. Se rodó como gag y ha terminado como plano de época: pantallas, distancia y afecto mediado por interfaz. El chiste lleva tres décadas esperando a que dejemos de reír.
¿Por qué en Europa se vio Pizza Hut y en Estados Unidos Taco Bell?
Porque el patrocinador cambió según el mercado. En la versión estadounidense la cadena que aparece es Taco Bell; en la europea, los actores grabaron de nuevo las escenas con el logotipo de
Pizza Hut, porque en Europa no se conocía Taco Bell. Las dos marcas pertenecían al mismo grupo, al menos en la época.
El mensaje que abre el hilo recuerda que en la copia que vio era Pizza Hut y no Taco Bell. No es un fallo de memoria: es que la copia que circuló en Europa era otra. Un recordatorio de que lo que creemos recordar de una película depende de la edición que nos tocó.
De Idiocracia a Ellos viven: la lista no acaba aquí
La comparación se queda corta si el ejercicio se hace en serio. En el hilo se mencionan también La fuga de Logan, Idiocracia, Ready Player One, Los sustitutos, Matrix, Her y Ellos viven. Demolition Man no inventó el género, solo le puso fecha.
El detalle del reparto tampoco es casual: la agente Lenina Huxley, interpretada por Sandra Bullock, toma su nombre de Lenina, la protagonista de
Un mundo feliz, y del propio Aldous Huxley.
Dicho eso, ninguna de esas cintas ha envejecido tan raro. El motivo es que su distopía no va de ejércitos ni de naves. Va de dietas, de vocabulario y de policías incapaces de usar la violencia.
La única libertad del relato vive en las alcantarillas, en una sociedad paralela que el sistema da por muerta y que sobrevive con lo que el sistema prohíbe. Y hay quien apunta otro detalle: que el guion contó con la mano del propio Stallone. Si es así, el actor que reparte golpes en pantalla firmó el diagnóstico más incómodo de su filmografía.