Necroporra 2025: el juego de pronosticar quién no llega a diciembre
Cada diciembre, cuando el calendario aprieta y las esquelas se acumulan, vuelve el pasatiempo más incómodo de la red: la necroporra. Un ejercicio de pronóstico sobre qué figuras públicas no verán el próximo año. El punto de partida de la edición 2025 fue el fallecimiento de la actriz Marisa Paredes y el susto de salud de Raphael, dos eventos que sirvieron de pistoletazo de salida para una lista que mezcla nombres de la política, el espectáculo y el deporte. La premisa es simple: apostar por quién palma antes de que acabe el año. La ejecución, como se verá, es un desfile de sesgos, corazonadas y alguna que otra obsesión recurrente.
El arranque de la convocatoria ya dejó claro el tono. Se propuso como sede el subforo de Economía con un argumento que mezcla humor negro y sospecha:
es posible que los fallecidos sean subvencionados o vivan de la teta pública. La lista inicial de apuestas incluyó al actor José Sacristán, de 87 años, y al cantante Joaquín Sabina, de 75, con una descripción poco amable sobre su pasado. A partir de ahí, el listado se dispara.
Los nombres que más se repiten en las apuestas
Si algo caracteriza a esta porra es la reincidencia. Hay nombres que aparecen una y otra vez, casi como un ritual.
José Sacristán es el más mencionado: su nombre salta en al menos cuatro listas distintas. Le sigue
Joe Biden, que también acumula varias apuestas, y el
papa Francisco, al que se refieren con distintos apodos. El rey emérito
Juan Carlos I es otro fijo, con menciones que aluden a su residencia en Abu Dabi. Y luego está
Jordi Pujol, que aparece en varias quinielas.
La lista de nombres es un catálogo de la actualidad de los últimos años: desde
Clint Eastwood y
Gene Hackman hasta
Bill Gates,
Netanyahu o
Zelensky. También hay hueco para el deporte, con
Vinicius o
Luka Modric, y para la política nacional, con
Pedro Sánchez,
Marlaska o
José Luis Ábalos. La mezcla es heterogénea y, en ocasiones, directamente surrealista.
El factor edad y la obsesión con los octogenarios
Una parte importante de las apuestas se concentra en figuras de edad avanzada. No es una sorpresa: la probabilidad juega a favor.
José Sacristán tiene 87 años,
Clint Eastwood rozaba los 95 en el momento de la porra, y
Gene Hackman ya había cumplido los 90. También aparecen
Robert Redford,
Dick van Dyke o
Willie Nelson, todos ellos en la franja de los 80 o más. La lógica es implacable: cuanto mayor es la persona, más probable es que fallezca. Pero eso no convierte la porra en una ciencia exacta.
Hay quien introduce un matiz más personal. Un participante apunta que su apuesta del año anterior no acertó ni una, y este año se la juega con una lista que incluye a
Clint Eastwood,
Gene Hackman,
Robert Duvall,
Willie Nelson y
Dick van Dyke. En el apartado nacional, añade a
Manuel Zarzo,
Antonio Resines,
Jiménez Losantos,
Joaquín Sabina y
José Sacristán. La mezcla de veteranos del cine y la política es una constante.
De la política al espectáculo: los pronósticos más repetidos
La política ocupa un lugar central en las apuestas.
Pedro Sánchez aparece en varias listas, en algunos casos con la coletilla de muerte asistida, una expresión que se repite con retintín. También se apuesta por
Juan Carlos I,
Joe Biden,
Netanyahu y
Von der Leyen. En el ámbito nacional, los nombres de
Marlaska,
Ábalos o
Jordi Pujol se repiten. La política internacional también tiene su hueco:
Bukele,
Milei o
Trump son algunas de las figuras que aparecen en las quinielas.
El espectáculo no se queda atrás.
Raphael, que sufrió un ictus durante la grabación de un programa, es uno de los nombres más mencionados. También
Joaquín Sabina,
Alejandro Sanz o
Madonna. En el mundo del cine,
Almodóvar aparece en alguna lista, aunque con menos frecuencia. La porra se convierte así en un reflejo distorsionado de la actualidad, donde la fama y la edad son los principales criterios de selección.
El morbo de las predicciones y la ausencia de escrúpulos
Uno de los aspectos más llamativos es la naturalidad con la que se manejan escenarios de muerte violenta. Hay apuestas que incluyen atentados, sobredosis o accidentes. Un participante apuesta por que
Bill Gates será baleado, envenenado o atropellado. Otro augura un atentado terrorista contra
Pedro Sánchez achacado a un grupo político. Estas predicciones, aunque formuladas como parte del juego, dejan un regusto amargo. La línea entre el humor negro y el morbo gratuito se difumina.
También hay quien introduce un componente de crítica política. Un mensaje apuesta por la muerte de
Jorge Javier Vázquez por sobredosis,
Ana Pastor y
Antonio García Ferreras en accidente de tráfico, o
Nacho Escolar por suicidio si la derecha llega a Moncloa. Son pronósticos que mezclan el deseo con la previsión, y que dicen más de quien los escribe que de los protagonistas.
Los aciertos y los fallos: el balance de la porra
A medida que avanza el año, algunos pronósticos se cumplen. Un participante señala que
Fernández Vara había fallecido tras dos años con cáncer, un dato que a muchos se les había escapado. Otro apunta que
Paquita la del Barrio murió, y que
Rappel sigue vivo. La porra se convierte así en un termómetro de la actualidad, con aciertos inesperados y fallos estrepitosos.
Hay quien se queja de que ya ha pasado más de la mitad del año y solo se han acertado dos. La realidad se impone a los deseos. Un participante lo resume con ironía:
si acertarais en bolsa como lo hacéis aquí…. La frase condensa el espíritu de la porra: un juego de pronósticos donde la suerte y el azar mandan más que cualquier análisis.
El cierre: predicciones con reservas
Con el año avanzado, las apuestas siguen abiertas. Algunos nombres ya han caído, otros resisten. La porra de 2025 deja un reguero de pronósticos que mezclan la edad, la política y el morbo. Y una conclusión provisional: acertar no es tan fácil como parece. La próxima edición ya está en marcha, con nuevos nombres y viejas obsesiones. Quien acierte, que lo celebre. Quien falle, que no se lo tome a mal.