Juan Carlos I demanda a Revilla por injurias y le reclama 50.000 euros
Un rey emérito que dispara con abogados contra un expresidente autonómico que lleva años llamándole corrupto en platós de televisión. La demanda por difamación contra Miguel Ángel Revilla, con una petición de
50.000 euros que irían íntegramente a Cáritas España, ha puesto patas arriba el relato de la transición y ha reabierto la caja de los truenos sobre la monarquía. La noticia, confirmada por la abogada Guadalupe Sánchez Baena en representación de Juan Carlos de Borbón, ha sido recibida con incredulidad inicial —algunos pensaron en una inocentada— y con una certeza inmediata: si el asunto llega a juicio, los trapos sucios se airearán en sede judicial.
Qué dice la demanda y por qué importa
La acción legal se dirige contra el expresidente de Cantabria por las declaraciones que ha venido haciendo en medios, donde calificó al emérito de
corrupto, evasor fiscal y responsable de que los españoles pagaran sus escándalos personales. La petición económica no es lo relevante: 50.000 euros son calderilla para quien manejó una fortuna opaca en paraísos fiscales. Lo relevante es el efecto llamada. Si el caso avanza, la defensa de Revilla tiene un camino obvio: tirar de la manta y convertir el juicio en un repaso público de los negocios del rey emérito, sus comisiones y sus amantes. Eso, en términos de imagen, es un riesgo que la Casa Real no controla.
Hay quien sostiene que la demanda es una temeridad jurídica porque amplifica justo lo que pretende silenciar. En contra pesa el argumento de que el emérito, tras años de silencio, ha decidido pasar al ataque contra quienes le señalan. La abogada lo confirmó con nota de prensa y el asunto saltó a todos los medios.
El historial de Revilla: de servil a azote
El expresidente cántabro no siempre fue crítico con el emérito. Durante años se le atribuye un trato servil con el poderoso, y solo cuando el poderoso dejó de serlo pasó al modo
hacer leña del árbol caído. Ese giro, señalan algunas voces, es lo que convierte su cruzada en sospechosa: no es un fiscal de la república, es un converso de conveniencia.
Y no está limpio. Sobre Revilla pesan informaciones que apuntan a un jefe de Carreteras de su gobierno imputado por cobrar presuntamente mordidas millonarias a constructoras a cambio de adjudicaciones. También se le vincula con los chanchullos del puerto de Cantabria y con el parque logístico del Llano de la Pasiega, episodios que le hicieron desaparecer de los platós durante meses. La coherencia del personaje, por tanto, es discutible.
El cálculo político: quién gana y quién pierde
La jugada tiene dos lecturas. La primera: el emérito busca una victoria judicial que le devuelva algo de honor. La segunda: la demanda es un regalo para sus adversarios, porque convierte a Revilla en mártir y obliga a los tribunales a pronunciarse sobre hechos que la monarquía preferiría dejar enterrados.
En el terreno económico, el asunto se cruza con la financiación de la institución y con el uso de fondos públicos para sostener una jefatura del Estado cuya utilidad está en discusión. No es casual que el debate derive hacia si la monarquía sobrevive a un juicio con revelaciones. La donación a Cáritas, por cierto, ha sido leída con retintín: hay quien recuerda que donar a esa organización no siempre equivale a transparencia.
Qué puede pasar ahora
El caso está en fase inicial. La demanda ha sido anunciada y confirmada, pero no hay sentencia ni fecha de juicio. Si Revilla se acoge a la verdad como defensa, el proceso se alargará y entrará en territorio pantanoso. Si se aviene a rectificar, el emérito habrá ganado sin necesidad de juicio. Cualquiera de los dos escenarios deja al descubierto la fragilidad del relato oficial sobre la institución.
Mientras tanto, el expresidente cántabro ha seguido en platós, desvariando sobre Colón y el navegante cántabro Juan de la Cosa, y lamentando que Sánchez no le haya llamado. La política española, como siempre, mezclando lo judicial con lo folclórico.
¿Se atreverá Revilla a llevar el caso hasta el final, o preferirá un acuerdo que le deje como víctima sin exponerse a que le saquen sus propios trapos?