De la privada a la oposición: el lunes empieza a preparar educación
Diez años picando código en la privada, cuatro de ellos en funciones de análisis y arquitectura, y un lunes cualquiera se convierte en opositor a educación. El planteamiento es tan simple como incómodo: la plaza fija como refugio frente a una carrera privada que a los 45 o 50 años te da la patada. La decisión no es un arrebato, lleva tiempo rumiada, y la especialidad elegida apunta a los ciclos de DAM y DAW, donde se supone que hay alumnos motivados y contenidos que se pueden llevar desde la experiencia real y no desde un libro de 2010.
El primer golpe de realidad llega antes de abrir el temario. Quien avisa de que la FP básica es otro mundo no exagera: hay grupos en los que el perfil es el de chavales que cacharrean, pasados de vueltas, y donde un docente con tablas reconoce haberlo pasado mal. La docencia no es un refugio aséptico. Es un cambio de trinchera.
¿Cuánto se cobra siendo profesor de FP y cuánto se trabaja?
La cifra que circula en la conversación ronda los
2.000 euros al mes por un horario de 8 a 2, con dos meses de vacaciones al año. Para quien lleva una década facturando proyectos, la cuenta no es solo económica: es de calidad de vida. Hay quien sostiene que con un poco de esfuerzo en la privada se saca más pasta, y es verdad. Pero también es verdad que a los 50 la privada no te renueva y la plaza sí.
El contrapeso lo pone quien ya ha estado dentro. La docencia en informática no es llegar, soltar el rollo y pirarse. Preparar contenidos, prácticas y corregirlas se come horas en casa. En ciclos no hay libro que valga: si piensas trabajar con libro en informática, te vas a llevar un chasco. La cantidad de horas extra que no se pagan es el gran agujero del relato oficial.
El problema de las especialidades que nadie quiere cubrir
Aquí está el dato que descoloca. Las especialidades con mercado laboral dinámico en la privada —informática, tecnología, matemáticas, ciclos de electrónica y automática— quedan desiertas en las oposiciones. No porque se cobre poco en la pública, sino porque el ratio esfuerzo-beneficio es malo comparado con otras oposiciones: máster habilitante de un año y su coste, una oposición A1 con 72 temas, casos prácticos y programación ante tribunal, mínimo un año a full time, y si no sacas plaza, a hacer sustituciones cuando te llamen.
El resultado es una paradoja: se necesitan profesores de informática y los que podrían serlo tienen alternativas mejores. La plaza de funcionario acaba siendo el premio de consolación de quien ya no quiere remar en la privada, no la primera opción de quien empieza.
La FP básica: el aviso que nadie quiere oír
El aviso más repetido es el de la FP básica. No es la de sistemas microinformáticos de cacharreo simpático. Es un perfil de alumnado que puede pasar de vueltas y con el que un docente con don de gentes reconoce haberlo pasado realmente mal. En ciclo medio hay de todo: gente que lo deja a mitad de curso y gente con interés. En el superior, en cambio, se puede disfrutar: hay alumnos motivados, gente con edad que se recicla o se titula para sumar puntos.
La diferencia entre niveles no es un detalle. Es la frontera entre un trabajo llevadero y uno que te desgasta. Y no siempre se elige.
El plan B: plaza de vago y seguir generando por tu cuenta
El opositor no renuncia a su carrera. Reconoce tener ofertas para ponerse de autónomo en proyectos de Reino Unido por
300 euros al día, pero lo describe como pan para hoy y hambre para mañana. La estrategia es otra: sacarse la plaza y seguir generando por su cuenta. La plaza como suelo, no como techo.
Es una jugada que solo se entiende desde dentro del mercado. Quien no tiene CV no puede permitirse ese lujo. Quien lo tiene, sí.
El contexto que nadie discute: la natalidad y el máster
Mientras tanto, el telón de fondo es incómodo. El máster de profesorado cuesta hasta
12.000 euros en la privada, la natalidad hunde las aulas y la pregunta de si sobran profesores planea sobre todo el sector. La seguridad total que se busca puede no ser tan total dentro de unos años.
El lunes empieza la cuenta atrás. La plaza tarda, el temario pesa y el aula no perdona. Pero el dato que descoloca no es ese: es que las especialidades con más salida en la privada son justo las que menos quieren opositar.