Rasgos que delatan a las malas personas en el trabajo
Hay un perfil que se repite en las oficinas y que no siempre es fácil de identificar. Se trata de personas que carecen de empatía, que miden la bondad de un acto por lo común que sea y no por sus consecuencias, y que tratan de forma radicalmente distinta a unos y a otros. El debate sobre qué rasgos caracterizan a las malas personas, especialmente en el ámbito laboral, ha cobrado fuerza a raíz de las declaraciones de una experta en inteligencia artificial que sostiene que en las oficinas solo sobrevivirán quienes tengan mucha inteligencia emocional, lo que incluye lidiar con según qué compañeros.
La descripción que se maneja en el debate es minuciosa: sesgos cognitivos que distorsionan la percepción, paranoia y suspicacia, incapacidad para sentir gratitud o remordimiento, uso constante de falacias de falso consenso, admiración por quien muestra poder aunque sea dañino, y desprecio por quien actúa con generosidad. También se señala que es peligroso mostrarles amabilidad, pues lo interpretan como debilidad y se aprovechan. Y que culpan a las víctimas de los delitos que sufren.
La inteligencia emocional como escudo
La idea de que la inteligencia emocional se ha convertido en un requisito de supervivencia en la oficina no es nueva, pero el contexto tecnológico le da un giro. Con modelos de IA que ya razonan a nivel de doctorado, la experta sostiene que las tareas puramente analíticas serán automatizadas y lo que quedará para los humanos será la gestión de personas. Y ahí, lidiar con según qué individuos es parte del trabajo.
En el debate se apunta que la psicopatía no responde a un perfil único. Se describen varios tipos: el que necesita arraigo y posesión, el irritable que responde con furia a los cambios, y el egocéntrico. Todos ellos pueden encontrarse en el entorno laboral, y a menudo son bien considerados por los jefes porque saben pelotear y mostrar una cara amable ante quien les conviene.
El trepa que asciende pisando
Una de las ideas más repetidas es que el trepa, el que asciende pisando a otros, suele estar bien considerado por sus superiores y por la mayoría de la gente a la que también adula. Solo muestra su verdadera cara con quien elige como víctima. Se distingue entre el trepa listo y el tonto, pero en general perjudican mucho antes de que les llegue el castigo.
Se plantea también la cuestión de si estas personas son conscientes de su maldad. Algunos sostienen que no, que simplemente son así y creen tener razón. Otros apuntan a que la genética y el desarrollo incompleto del córtex prefrontal están detrás de estos comportamientos, aunque hasta que se popularicen los escáneres cerebrales no hay forma de tener certeza.
¿Se puede psicopatizar a la sociedad?
Una de las preguntas más incómodas que surgen es si es posible que la sociedad esté criando cada vez más personas mezquinas, insensibles e interesadas. Se menciona que tras ciertos episodios de crisis, como la pandemia, se ha podido observar un aumento de comportamientos insolidarios y de manipulación.
También se debate sobre si el narcisismo como trastorno existe realmente o si es una etiqueta que se aplica a cualquiera que no encaje con nosotros. Hay quien sostiene que lo que llamamos narcisismo no es más que una relación de poder en la que el más fuerte jode al más débil, pero que ese mismo fuerte es un pelele con otra persona.
Cómo torear a los descendientes de fruta
Para el ámbito laboral, se ofrecen algunos consejos prácticos. El primero es escuchar, ver y callar. No ponerse a favor ni en contra de nadie. Si la empresa es grande, habrá jefes enfrentados; conviene alejarse de esas contiendas porque si tu jefe pierde, tú también puedes perder. Se recomienda no confraternizar demasiado, no mostrar debilidad y no hacer favores que puedan interpretarse como signo de flaqueza.
Se describe también al buen compañero: un hombre adulto, simpático, con valores, trabajador, que no chivatea, que habla a la cara y con el que se puede contar. Frente a él, el psicópata integrado que manipula, miente y retuerce la realidad.
El sesgo de confirmación y la dificultad de definir la maldad
No todos los intervinientes aceptan la premisa. Algunos advierten de que partir de un concepto como «ser malo» ya es un sesgo de confirmación. Se preguntan qué significa realmente ser malo, cuántos grados hay y quién lo determina. Y recuerdan que muchos de esos rasgos los tenemos o los hemos tenido todos en algún momento.
La discusión deriva en ocasiones hacia la política, con acusaciones cruzadas sobre qué ideología encarna mejor esos rasgos. Pero el núcleo del asunto, el que interesa para el mundo laboral, es cómo identificar a quienes hacen daño y cómo protegerse sin convertirse en uno de ellos.
La pregunta que queda flotando es si realmente se puede hacer algo contra estas personas o si, como sostiene una de las voces, lo único que cabe es esperar a que la genética y la educación vayan reduciendo su número. Mientras tanto, en la oficina, la inteligencia emocional sigue siendo el mejor blindaje.