Massa se impone en la primera vuelta y el balotaje queda para el 19N
El peronismo ha vuelto a hacerlo. El ministro de Economía de un país con inflación descontrolada quedó por delante en la primera vuelta presidencial argentina, y el balotaje quedó fijado para el
19 de noviembre contra Javier Milei. La paradoja es de manual: el candidato del Gobierno que arrastra la crisis es el que capitaliza el miedo al cambio. Y no es la primera vez que ocurre, que es justo lo que desespera a quien mira los números en lugar de los mítines.
La jornada fue lo contrario de lo que suele temerse: se votó rápido. Cinco candidatos con sus listas, opciones acotadas y una definición que todo el mundo concentraba en tres nombres: Milei, Bullrich y Massa. El voto es obligatorio, pero la multa por no acudir, con la moneda por los suelos, se ha vuelto tan barata que ha dejado de funcionar como incentivo. Un cálculo que circulaba durante el escrutinio situaba la suma de abstenciones, votos en blanco y nulos en torno al
30%.
Quién es Javier Milei y por qué arrasa entre los menores de 35
Economista de la Escuela Austríaca, Milei propone dolarizar la economía, cerrar el Banco Central y recortar el gasto de la política. En las redes sociales arrasa, y el reparto generacional es el dato que más se repitió durante la noche: el electorado de
más de 55 años se inclina por Patricia Bullrich, mientras los
menores de 35 están con Milei. La clave está en el canal. Los medios tradicionales cada vez pesan menos y los votantes jóvenes se informan con youtubers y tiktokers.
El fenómeno ha crecido tan rápido —de la nada a disputar la Presidencia en dos años— que ha dejado sin argumentos a buena parte del análisis que lo daba por imposible. No en vano, durante el escrutinio circularon versiones que daban a Milei como ganador de la primera vuelta y pedían revisar actas. Ningún recuento oficial respaldó esa tesis. La sospecha de fraude se lanzó, eso sí, contra el aparato peronista, al que se atribuye un historial de malas artes electorales; los incidentes concretos denunciados fueron rifirrafes menores.
Por qué los pensionistas argentinos siguen votando al peronismo
Porque les regalaron la jubilación. Un cálculo repetido en el análisis económico local señala que el oficialismo incorporó a la jubilación a
6 millones de personas sin aportes previos, y ese bloque no se mueve por el estado de ánimo del país. Cuando una parte muy amplia de la población depende de transferencias, planes y empleo público, el miedo a que la derecha recorte se convierte en el mejor movilizador que existe.
De ahí la tesis que más se ha repetido: el peronismo puede poner al Chavo del Ocho de candidato y seguirá conservando su suelo del 30%. La maquinaria no depende del candidato, sino de la red. Y esa red tiene memoria, oficina y ventanilla.
La dolarización no es magia: el debate económico
Una de las objeciones más repetidas al programa de Milei en la conversación se resume así: «Milei no es una buena opción, será la mejor de las que hay, pero no es buena opción... ni la dolarización es mágica, ni el liberalismo logra el desarrollo industrial que necesita Argentina». El argumento de fondo: sin dólares suficientes, dolarizar exige vender activos a precio de saldo, y una moneda dura puesta en circulación en un país sin reservas se esfuma rápido hacia el exterior.
A eso se suma el dato estructural que se repite hasta la saciedad:
déficit fiscal en los últimos cien años, con apenas diez de excepción. Quien prometa arreglarlo con un tipo de cambio no ha entendido el problema, sostiene esa corriente. El ajuste, con dolarización o sin ella, es la única variable que no se discute.
Del león al abrazo con la casta que prometió combatir
El giro de Milei hacia el espacio al que decía combatir es el acontecimiento político de los días posteriores a la primera vuelta. Milei había construido parte de su campaña atacando a Bullrich por su pasado en la militancia política de los años setenta; ahora ambos se abrazan para echar al kirchnerismo en el balotaje. La noticia se confirmó el
25 de octubre, y Patricia Bullrich lo dijo sin rodeos: la urgencia del momento obliga a no ser neutrales porque no se puede permitir que el kirchnerismo vuelva a apropiarse del poder.
El arquitecto de la operación fue Mauricio Macri, que asumió la centralidad de la oposición y forzó la ruptura de Juntos por el Cambio. El radicalismo se desmarcó y buena parte de su estructura quedó a disposición de Massa. En paralelo, el ex presidente descalificó a los socios de la coalición que se negaban a apoyar al libertario y dio por finiquitada la farsa de la neutralidad.
El detalle que nadie discute: un candidato sin gobernadores y con apenas el
15-20% de los legisladores no puede gobernar sin los votos de quienes hasta hace tres semanas le insultaban. El PRO, ese mismo espacio, tendría
11 gobernadores. La contradicción entre el discurso antisistema y la aritmética parlamentaria es hoy el mayor pasivo del candidato.
¿Qué pasa si gana Milei y qué pasa si gana Massa?
Los dos escenarios que circulan se parecen más de lo que sus protagonistas admiten. Con Milei en la Casa Rosada, Argentina no tiene dólares suficientes para saldar la deuda con el FMI ni para recuperar el acceso a los mercados, así que tocaría recorte muy duro, protestas en la calle, no entraría en enero en los BRICS y quedaría un alineamiento claro con Estados Unidos. Con Massa, el ajuste fiscal es igualmente obligatorio para cumplir con el Fondo, con el riesgo añadido de la hiperinflación, entrada en los BRICS en enero y posicionamiento decidido hacia China.
La aritmética electoral tampoco es cómoda para el oficialismo: según uno de los cálculos que circulan en la conversación, la suma de los otros candidatos aporta casi un
10% que, en teoría, iría a engrosar la candidatura peronista, lo que la acercaría al 46%. En teoría. Porque el electorado de Bullrich no traga con la dolarización y una parte puede abstenerse en lugar de votar al menos malo.
El cierre: voto obligatorio, resultado incierto
Con el tablero así, lo razonable es esperar un balotaje ajustado, con Milei creciendo entre los jóvenes y Massa rentabilizando el miedo al recorte. Nadie descarta una sorpresa, tampoco al contrario. En un país que lleva décadas votando contra su propia billetera, conviene ponerle una cláusula de cautela a cualquier predicción. Los resultados definitivos del 19 de noviembre decidirán si Argentina cambia de rumbo o si, una vez más, el peronismo encuentra la manera de seguir siendo el que gobierna.