El agricultor que avisó de la DANA carga contra el Gobierno
¿Cómo es posible que un agricultor con un móvil avisara del desastre cuatro días antes y la alerta oficial llegara cuando el agua ya entraba en los garajes? Juanvi Palleter, agricultor y creador de contenido en Algemesí, denunció el mal estado del radar de lluvias de Valencia días antes de la catástrofe. «La gente no va a estar informada. Si hay víctimas vamos a pedir responsabilidades», dijo. La DANA arrasó después la Comunidad Valenciana y la alerta al móvil no sonó hasta las 20:15, con las calles ya anegadas.
Qué avisó el agricultor antes de la DANA
Palleter no es un agorero. Es un vecino de Algemesí que lleva tiempo denunciando la inacción institucional ante el campo y que, cuatro días antes de la riada, subió un vídeo señalando que el radar meteorológico de Valencia llevaba tiempo sin funcionar. Su pronóstico no era una corazonada: era el resultado de mirar lo que nadie miraba. «Al parecer, ahora sí ha empezado a funcionar, pero al llevar tanto tiempo sin sufrir un diluvio de estas características la gente no esperaba esto», explicó después.
La secuencia que describe es la de un fallo en cadena. Avisos discretos que nadie amplifica. Trabajadores saliendo de casa sin saber que volverían en coche flotando. «Todavía hay gente que sigue metida en los coches desde ayer y no han vuelto del trabajo», contó. El resultado: decenas de vehículos atrapados y desguaces que, vaticinó, se llenarán de chatarra con historias dentro.
La alerta que llegó con el agua al cuello
La cronología que manejan quienes han seguido el caso es demoledora. La AEMET emitió avisos desde primera hora de la mañana. La Confederación Hidrográfica también movió ficha. Pero el mensaje masivo a los teléfonos móviles no se envió hasta las 20:15, cuando la rambla del Poyo ya marcaba caudales de récord y los municipios ribereños estaban inundados. Hay quien sostiene que la reunión del centro de coordinación de emergencias se produjo a las 17:00, después de la siesta, y que de ahí salió una alerta tardía que pilló a todo el mundo en calzoncillos.
El propio Palleter lo resume sin paños calientes: «Hay algo que no ha funcionado bien y ha pillado a todos en calzoncillos». No habla de mala suerte. Habla de un sistema que confundió la calma con la seguridad.
Las críticas al Gobierno y a la clase política
El agricultor no se quedó en la crítica técnica. Apuntó directamente a la clase política: «Ningún político se ha pronunciado, y es necesario dar visibilidad a esto en redes sociales porque muchos no imaginan a qué nivel escala este drama humano». Y añadió una frase que se ha repetido hasta la saciedad: «Estoy hasta las narices de que hablen de feminismo y no de lo que nos vamos a comer». La impotencia, dijo, le hace ser «así de vulgar».
Su reproche tiene dos destinatarios. Por un lado, el presidente del Gobierno, que estaba de viaje en la India. Por otro, la oposición, a la que pidió alternativas en lugar de silencio. También criticó que no se pospusiera el Pleno para aprobar un decreto sobre RTVE mientras la Comunidad Valenciana se ahogaba. La política, vino a decir, siguió su agenda como si nada.
El radar, la UVE y el pulso de las competencias
El radar de Valencia se convirtió en el símbolo del fallo. Que un agricultor lo detectara antes que la administración dice poco del sistema. Pero el asunto derivó pronto hacia otro frente: la Unidad Valenciana de Emergencias (UVE), creada por el anterior gobierno autonómico y suprimida por el actual. Hay quien defiende que era un chiringuito sin bomberos ni medios materiales, una oficina administrativa con mandos intermedios. Otros replican que su desmantelamiento dejó a la Generalitat sin capacidad de respuesta propia y que eso obligó a pedir ayuda externa cuando ya era tarde.
La discusión sobre competencias no es menor. La Generalitat tiene las competencias de protección civil. La Diputación de Valencia no. La delegación del Gobierno coordina, pero no sustituye. En ese laberinto, la alerta tardó y los avisos se quedaron en el limbo. ¿Quién debía dar la orden? ¿Quién la dio? ¿Por qué no se cortaron las carreteras?
La AEMET, el cuento del lobo y el sentido común
No todos los reproches van en la misma dirección. Una corriente de opinión sostiene que la AEMET ha llorado tantas veces que ya nadie la cree. «Es como el cuento del lobo», se argumenta. Si cada semana hay aviso naranja y no cae una gota, el ciudadano desconecta. Ese exceso de alertas preventivas habría generado una insensibilidad peligrosa.
La contrarréplica es incómoda: si el sistema falla, no es por exceso de avisos, sino por falta de coordinación para convertirlos en acción. Cortar carreteras, cerrar colegios, avisar por megafonía. Nada de eso ocurrió. Y cuando el sentido común es el único que avisa, el desastre es cuestión de tiempo.
Queda la escena de un agricultor con el móvil en alto, denunciando lo que veía venir, mientras los responsables públicos discutían sobre radares, competencias y decretos. La alerta llegó. Tarde. Y el agua ya había hecho el trabajo.