DANA en Valencia: más de 50 muertos y la alerta que sonó a las 20:00
La alcaldesa de Paiporta lo contó en directo, en la Cadena SER, porque la radio era uno de los pocos canales que seguían llegando al municipio. Solo en su localidad, dijo, había ya
más de 40 fallecidos. Sumando los pueblos del alrededor, la cifra se le iba por encima del centenar. La conversación se cortó de golpe. Sin agua, sin luz y sin internet, así estaba media comarca cuando se empezó a poner número a la catástrofe.
El balance provisional que se maneja en la discusión, a la fecha de esta, superaba los
50 muertos y seguía subiendo, con algunos mensajes citando ya la cifra de 62. La provincia de Albacete, con Letur entre las zonas golpeadas, ya superaba la decena de víctimas. La DANA había dejado un reguero de destrozos materiales, pueblos aislados y una pregunta incómoda: con una alerta roja sobre la mesa, ¿por qué la vida siguió como un día cualquiera?
Qué ha pasado: del aviso rojo a los más de 50 fallecidos
El episodio se gestó como un tren de tormentas que entró desde el sur y descargó con una intensidad fuera de escala. La AEMET había activado el aviso rojo, el nivel que se reserva para peligro extremo. Esa advertencia, en teoría, obliga a suspender actividad, cerrar colegios y despejar las zonas inundables. En la práctica no ocurrió nada de eso: hubo clases, hubo desplazamientos al trabajo y hubo tráfico en los puntos que después aparecieron anegados.
El
aviso masivo al móvil llegó a las 20:00. A esa hora, buena parte de la jornada laboral ya estaba terminada y el agua llevaba rato bajando por barrancos y ramblas. Hay quien sostiene que una alerta a tiempo, con la población confinada en casa desde media tarde, habría reducido el número de víctimas de forma drástica. En contra pesa el argumento clásico: estos fenómenos son erráticos, se intensifican en minutos y ningún sistema garantiza precisión absoluta a doce horas vista.
¿Por qué la alerta al móvil llegó a las 20:00?
Porque el sistema de avisos no se activó cuando el riesgo ya era evidente para los técnicos, sino cuando la emergencia estaba encima. La secuencia que se reconstruye en la conversación es la de una jornada normal que se rompe a media tarde y una administración que reacciona con el agua ya en las calles. A eso se suma un detalle técnico que se repite:
los radares de lluvia de Valencia estaban averiados, según una denuncia que un agricultor habría presentado días antes. Sin esos datos, la vigilancia pierde el instrumento básico para medir cuánta agua está cayendo y dónde.
No hay unanimidad sobre el peso de cada factor. Una parte del análisis apunta al fallo humano y a la falta de protocolos de cierre preventivo; otra carga la responsabilidad sobre la propia intensidad del episodio. Lo que sí admite poca discusión es el resultado: los municipios afectados concentran a
unas 300.000 personas y muchas quedaron aisladas durante horas sin comunicación ni servicios básicos.
Radares averiados y 336 barreras fluviales eliminadas en tres años
Aquí aparece el dato más incómodo para la política hidráulica de la última década. Según los registros de
Dam Removal Europe que se citan, España eliminó
108 barreras fluviales en 2021, 133 en 2022 y 95 en 2023: 336 en total, más que ningún otro país europeo. Muchas de esas obras eran azudes y pequeños obstáculos cuyo derribo beneficia a la fauna de los ríos, y ahí no hay discusión técnica.
El problema es el otro lado de la balanza. En el mismo periodo, según el mismo comentario que circula en el hilo, el número de presas construidas o rehabilitadas para proteger núcleos urbanos de las riadas fue de cero. Se invirtió dinero público en recuperar ecosistemas fluviales y no se invirtió nada en defensa frente a inundaciones. La comparación que se trae a colación es la de las capitales europeas que han domado sus grandes ríos con canalizaciones y sistemas de exclusas: Viena sacó el Danubio del centro y hoy por allí discurre un canal; Bratislava y Budapest conviven con crecidas periódicas gracias a muros de varios metros. La pregunta lógica: ¿por qué la cuenca mediterránea no tiene un plan equivalente?
- Barreras fluviales eliminadas en España: 108 (2021), 133 (2022), 95 (2023)
- Presas nuevas de protección contra riadas en el mismo periodo: cero, según el comentario que lo sostiene
- Población en las zonas afectadas de Valencia: unas 300.000 personas
¿Qué se sabe de la siembra de nubes y la manipulación del clima?
Nada que sostenga la hipótesis. En la conversación circulan teorías que van desde la geoingeniería militar hasta la modificación del clima como «arma silenciosa», y se enlaza con una noticia real: Marruecos confirmó, el 29 de octubre de 2024, que continuaba con la siembra artificial de nubes para provocar lluvia. De ahí a atribuirle la DANA valenciana hay un salto que ningún dato respalda.
Conviene separar dos cosas. La siembra de nubes es una técnica que existe y se practica, con resultados modestos y muy discutidos. La idea de que un país pueda dirigir una tormenta de esta magnitud contra una región concreta no tiene ninguna evidencia pública detrás. Que un fenómeno extremo coincida con una tecnología que existe no convierte la coincidencia en causa. En el hilo se menciona también la intensa calima de esos días, aunque sin datos que la vinculen con el episodio.
Paiporta, Albacete y el relato de las víctimas
Mientras los equipos de rescate seguían trabajando, la información llegaba a cuentagotas y con filtros. La alcaldesa de Paiporta habló de más de 40 muertos en su municipio cuando la cifra global que se barajaba superaba los 50. Otra cosa se hace evidente: los balances oficiales se actualizan con retraso, y ese retraso alimenta la desconfianza de quien tiene familiares sin localizar.
En las zonas más afectadas se repiten escenas de vecinos organizados, sin luz ni cobertura, esperando ayuda. Hay quien compara la gestión con la de la crisis sanitaria y quien ve en la catástrofe la excusa perfecta para una agenda climática que no admite matices. Y hay, sobre todo, un dato que descoloca: el mismo territorio que presume de planes de emergencia recibió el aviso cuando el agua ya había hecho su trabajo.