EEUU volaría el TSMC antes que dejar los chips a China
En marzo de 2023, un exasesor de seguridad nacional de la Casa Blanca puso negro sobre blanco lo que hasta entonces era un rumor de pasillo: si
China invade Taiwán, Estados Unidos destruiría las fábricas de semiconductores de la isla antes que permitir que caigan en manos de Pekín. Robert O'Brien, que trabajó bajo el mandato de Donald Trump, lo dijo sin anestesia a
Semafor: «EEUU y sus aliados nunca van a dejar que esas fábricas caigan en manos chinas». El detonante no es la soberanía de Taiwán. Es el silicio.
Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) concentra en torno al
90% del mercado de procesadores avanzados. Fabrica los chips de Apple, de la mayoría de los 1.400 millones de procesadores para móviles que se venden en el mundo y de alrededor del 60% de los fabricantes de automóviles. Si Pekín se hiciera con ese control, O'Brien avisa de que China sería «como la nueva OPEP de los chips de silicio» y podría «controlar la economía mundial». La comparación que usó no es menor: la destrucción de la flota francesa que ordenó Churchill tras la rendición de Francia ante Alemania.
Una idea que no nació en 2023
El planteamiento venía de lejos. Dos académicos estadounidenses ya lo recomendaron en un documento publicado por el
US Army War College en 2021: Estados Unidos y Taiwán debían elaborar planes para una «estrategia de tierra quemada» que hiciera la isla no solo poco atractiva, sino «positivamente costosa de mantener» para quien la tomara por la fuerza. La vía más eficaz, decían, era amenazar con destruir las instalaciones de TSMC. Samsung, en Corea del Sur, aliada de Washington, es la única alternativa para diseños de vanguardia.
La tesis de fondo que recorre el asunto es incómoda: a Washington le da igual la soberanía taiwanesa como principio. Le importa el escudo de silicio. Si Taiwán no tuviera TSMC, sostiene una parte del análisis, la visita de Nancy Pelosi a la isla no habría existido y a EEUU le daría exactamente igual que Taiwán fuera china o independiente. La hipocresía anglosajona, se argumenta, disfraza de defensa democrática lo que es puro interés hegemónico.
«Aunque se apoderen de la gallina, no pondrán huevos de oro»
No todos compran el escenario de la voladura. Chen Ming-tong, director general de la Oficina de Seguridad Nacional de Taiwán, ha sostenido que sería innecesario destruir las fábricas porque el sistema está profundamente integrado en la cadena de suministro global. TSMC no podría producir determinados chips sin componentes del proveedor holandés ASML. Su frase resume la tesis: «Aunque China se apodere de la gallina de los huevos de oro, no podrá poner huevos de oro». Bastaría con cerrar la producción sin volar nada.
El contraargumento es que el know-how no se improvisa. Se puede diseñar muy bien y no saber fabricarlo; son dos cosas distintas. Y ahí entra el pulso tecnológico: hay quien señala que el SMIC chino ya produce a 7 nanómetros, que China prepara un plan de
136.000 millones de dólares para impulsar su industria de semiconductores tras las restricciones de EEUU y que, en un par de años, los móviles de Huawei, Honor, Oppo, Xiaomi, Vivo o ZTE podrían llevar chip 100% chino. El Android ya está copiado.
Qué pasa con el precio de todo lo que lleva un chip
El escenario de la voladura tiene una consecuencia que casi nadie discute: el retroceso. Si TSMC desaparece, Samsung no daría abasto y las fábricas de Intel tampoco. Hasta los chips de MediaTek se fabrican en TSMC. El precedente que se cita es el de la minería de criptomonedas: las tarjetas gráficas llegaron a costar tres o cuatro veces más. Aplicado a cualquier dispositivo con chip, el resultado es un encarecimiento generalizado y un mercado de segunda mano a precios de infarto. La mayoría no podría pagarlo.
La duda que sobrevuela es cuándo. Hay quien sostiene que EEUU reventaría TSMC mucho antes de que el continente intente algo contra la isla, en cuanto sus nuevas instalaciones en Arizona y Ohio sean funcionales: se quita competidor y se atraen trabajadores. Otros apuntan a que lo haría durante el conflicto y culparía a China, como se señala con el Nord Stream. Y una parte del análisis recuerda que EEUU no pudo con Vietnam: la única forma de derrotar militarmente a China pasaría por un ataque nuclear, con submarinos Trident y múltiples cabezas, confiando en que los escudos anti-ICBM aguanten la respuesta. Un cálculo que nadie firma en voz alta.
El escudo de silicio funcionó mientras nadie se atrevía a tocarlo. Ahora hay un exasesor de la Casa Blanca diciendo en voz alta que, si llega el caso, se vuela. Y el mercado de chips, mientras tanto, sigue poniendo precio a un mundo que quizá ya no exista.