Lukashenko: Europa y Rusia unidas serían 'más terribles para EE.UU. que China'
El presidente bielorruso lanzó una advertencia directa a Washington: una alianza entre la UE y Rusia crearía un bloque capaz de desplazar a China como la principal pesadilla geopolítica estadounidense. La declaración, realizada junto a Vladimir Putin, resucita el viejo sueño de una Europa de Lisboa a Vladivostok que Estados lleva más de un siglo intentando torpedear.
La geopolítica que Washington no quiere que veas
Las palabras de Lukashenko no son ninguna novedad para quien conozca la historia de las relaciones euro-rusas. El propio hilo señala que ya Bismarck diseñó su sistema de alianzas a finales del XIX sobre dos premisas: entendimiento entre Alemania y Rusia, y expulsión de los anglosajones de Europa. Fue la última política inteligente del continente, y se cargó precisamente por la injerencia británica. Actualmente, la UE funciona como un apéndice civil de la OTAN —o como la llaman algunos, la Organización del Tratado Anti-Rusia—, diseñada para mantener a Alemania bajo control, a Rusia fuera y a Estados Unidos arriba.
La paradoja es que la Unión se dice aspirar a unir Europa, pero excluye al país más grande y con más recursos del continente. El argumento central que recorre el debate es que sin Rusia no hay Europa completa, y sin Europa, Rusia se queda sin el mercado y el capital humano que necesita para competir en el siglo XXI.
700 millones de personas y los recursos de Siberia: el bloque imbatible
El potencial demográfico y económico de una fusión UE-Rusia es brutal: unos 700 millones de habitantes, un PIB combinado que superaría holgadamente al estadounidense, acceso ilimitado a recursos energéticos, minerales y tierras raras siberianas, y una masa de trabajadores altamente cualificados. Frente a eso, China quedaría como un actor regional, no global. Pero hay un problema de fondo que divide a los analistas: el modelo político.
Mientras unos defienden que la unión debe hacerse sin socialismo —con un IRPF plano como el ruso del 13%—, otros señalan que la UE actual es ya más intervencionista y represiva que la propia Rusia. La paradoja es que los países bálticos, hoy en la UE, tenían mejor nivel de vida dentro de la URSS que como satélites de la OTAN. El debate no es ideológico, sino de soberanía real.
El veto estadounidense: la fuerza de ocupación en Berlín nunca se fue
La clave de todo es que los líderes europeos no pueden decidir. Se les describe como marionetas al servicio de Washington, desde Alemania (ocupada desde 1945) hasta España (desde 1978). Estados Unidos no permitirá una alianza euro-rusa porque eso desplazaría al dólar, rompería la cadena de control de la OTAN y dejaría a China como un poder de segunda. El miedo real de Washington no es Pekín; es una Europa que recupere su independencia estratégica. Y para eso, Moscú es indispensable.
La pregunta que queda en el aire es si Europa será capaz de soltar el yugo anglosionista antes de que el conflicto en Ucrania escale a niveles irreversibles. La historia reciente no invita al optimismo: llevamos décadas viendo cómo se desintegra el viejo continente bajo la tutela de sus colonizadores. Y mientras tanto, Lukashenko suelta perlitas que nadie en Bruselas quiere escuchar.
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