DANA: las preguntas que siguen sin respuesta
Hay una cifra que no cuadra y una pregunta que no cesa: ¿por qué el agua entró en tsunamis si en la zona cero no llovió? El asunto se remonta a la gestión de los embalses, al trasvase Júcar-Turia y a la tardanza en avisar. La discusión, lejos de apagarse, se ha convertido en un pulso entre quienes exigen explicaciones y quienes consideran que ya se han dado. El resultado es un reguero de dudas que ni las instituciones ni los medios han despejado.
¿Por qué no avisaron si abrieron los embalses?
La primera batería de preguntas apunta a la gestión hidráulica. Se pregunta dónde fue el agua de los embalses, qué pasó con el trasvase Júcar-Turia y por qué no se avisó si se abrieron las presas. La sospecha de un desembalse sin comunicación previa planea sobre todo el relato. Frente a ello, la versión oficial sostiene que las compuertas se abrieron cuando el caudal era incontrolable, pero no aporta la cronología exacta ni los caudales evacuados. El vacío documental alimenta la desconfianza.
El número de fallecidos y el funeral de estado
Otra línea de cuestionamiento afecta al recuento de víctimas. La cifra oficial de 226 fallecidos y 13 desaparecidos es puesta en duda por quienes sostienen que el número real es muy superior. La objeción lógica es contundente: si hubiera miles de muertos, ¿dónde están sus familias? ¿Cómo se oculta a cientos de personas que reclaman a los suyos? La hipótesis de que se estén quemando cadáveres sin identificar circula sin prueba alguna. La pregunta sobre cuándo será el funeral de estado sigue sin fecha.
La hora de la UME y la reunión de las 17:00
El relato de la respuesta institucional presenta un desfase difícil de explicar. A las 15:45 la UME estaba rescatando a gente; a las 17:00 los responsables estaban reunidos. ¿Por qué no se tomó ninguna medida en ese intervalo? La pregunta no es menor: entre el rescate y la reunión hay una ventana en la que el agua ya estaba causando estragos. La ausencia de una explicación oficial sobre qué se decidió en ese encuentro, y por qué no antes, deja el tramo más opaco de la jornada.
El barranco de Chiva y los tsunamis que no desbordaron
La pregunta más técnica es también la más desconcertante. ¿Cómo se conecta el barranco de Chiva con el barranco del Poio y tarda casi tres horas en llegar el agua, entrando en tsunamis perfectos, sin desbordar nada a su paso? La descripción de una lengua de agua que arrasa sin anegar los márgenes previos rompe el modelo gradual de una riada. Hay quien defiende que el cauce se desbordó cuando ya no cabía más, y quien responde que un canal plano y sin corriente no puede generar ese comportamiento. El vídeo de Masanassa, con una subida de un metro en dos minutos, se ha convertido en la prueba recurrente de que lo ocurrido no fue gradual.
La respuesta ciudadana y el socorro que no llegó
Más allá de la hidráulica, el reproche se extiende al operativo. Por qué no socorrieron, por qué dificultaron las labores de los voluntarios, por qué las cuencas hidrográficas ocultan los datos. La sensación de abandono y de obstrucción a la ayuda espontánea es uno de los puntos de mayor consenso entre los críticos. La tesis de fondo es que hubo una dejación deliberada, no una simple negligencia. Quienes defienden al Gobierno responden que la magnitud del evento desbordó cualquier previsión, pero no entran a discutir los casos concretos de voluntarios frenados.
El premio europeo y la teoría del guion único
El nombramiento de Teresa Ribera como comisaria europea, sin comparecencia previa ante el Parlamento español, es leído por una parte del análisis como un premio a la gestión. La pregunta es directa: ¿cómo se explica ese ascenso si su actuación durante la DANA sigue sin respuestas claras? Sobre esa base se construye una tesis más amplia: que derecha, izquierda y nacionalismos serían un engaño y que todos cumplen un mismo guion. La idea de que los mismos actores gestionaron la pandemia, la guerra y ahora la catástrofe alimenta la desconfianza en el sistema. Es una hipótesis sin prueba, pero con una capacidad de arrastre notable.
La sociedad que no pregunta
El último frente es el más incómodo. Se sostiene que a la mayoría no le importa, que no tiene tiempo ni ganas de preguntar. El caso del ingeniero de caminos que reconoce no tener ni idea de lo que pasó en las presas se cita como ejemplo del desinterés incluso entre expertos. La conclusión que se extrae es que la desmovilización es el caldo de cultivo perfecto para que las preguntas queden sin respuesta. Y mientras no se respondan, la consigna es seguir preguntando.
¿Cuántas de estas preguntas tienen respuesta documentada y cuántas seguirán en el aire?