Argentina: identificar por cámaras y drones para revisar la ayuda a quien corta calles
Un usuario plantea en un foro que en
Argentina se identifique por televisión con cámaras y drones a quienes cortan calles y se revise si cobran ayudas públicas. La propuesta, difundida en el contexto de las medidas del nuevo gobierno argentino, ha reabierto la discusión sobre dónde acaba el derecho a manifestarse y dónde empieza el de los demás a circular. En España, el eco ha sido inmediato: hay quien sostiene que los mismos que denuncian un supuesto estado autoritario aquí aplauden que se condicione una prestación al comportamiento en la vía pública. La paradoja no es menor.
Qué se plantea exactamente
El planteamiento es sencillo de enunciar y complicado de ejecutar:
identificación mediante cámaras y drones de quienes participan en cortes de calle, cruce de esos datos con el registro de beneficiarios de ayudas y, en su caso, retirada de la prestación. Quien lo defiende lo presenta como una medida de orden público, no como una persecución ideológica. Quien protesta, viene a decir, puede seguir haciéndolo; lo que no puede es bloquear arterias principales durante semanas.
El argumento tiene una pata jurídica y otra política. La jurídica es que el derecho de manifestación no ampara el corte arbitrario de vías sin comunicación previa ni recorrido pactado. La política es que la ayuda social deja de ser un instrumento de movilización en manos de intermediarios. Esa es, al menos, la tesis de quienes la defienden.
El doble rasero que nadie quiere ver
La discusión derivó rápido hacia un terreno más incómodo: la coherencia de cada bando. Se señala que en España se han tolerado durante semanas concentraciones ante sedes socialistas con cortes de tráfico, y que quienes ahora aplauden la dureza en Buenos Aires protestaban entonces por cualquier medida policial. La simetría es tentadora y probablemente tramposa: no es lo mismo una concentración puntual que un corte diario y prolongado.
Aun así, el contraste escuece. Hay quien sostiene que la libertad de manifestación termina donde empieza la de circular; otros responden que ese principio, aplicado con rigor, dejaría sin espacio cualquier protesta. Y en medio, un detalle que suele olvidarse:
la ayuda ya se usaba como palanca por parte de intermediarios sindicales, según denuncias recurrentes que la medida dice querer atajar.
La pandemia como espejo
El intercambio derivó hacia un episodio anterior: las restricciones sanitarias y la presión sobre quien no se vacunaba. Se argumenta que entonces se aceptó sin ruido la amenaza de perder el empleo por no inocularse, y que ahora se rasgan vestiduras por una medida mucho menos invasiva. La comparación es burda, pero funciona como recordatorio de que la coherencia ideológica es un bien escaso.
El punto de fondo no es la pandemia. Es si el Estado puede usar la nómina de beneficiarios como instrumento de disciplina social. Quien defiende la medida responde que precisamente eso es lo que hacían los gestores de esas ayudas, y que la novedad es invertir el signo.
Qué se juega España en esta discusión
El debate trasciende Argentina. Si el criterio es que cobrar una prestación obliga a un comportamiento cívico verificable, el paso siguiente es preguntarse por qué no aplicarlo aquí. Hay quien ya lo da por hecho:
esto también llegará, gobierne quien gobierne, porque el coste del conflicto viario sostenido es insostenible para cualquier administración.
La objeción obvia es que la identificación masiva por cámaras y drones abre un melón de privacidad que ninguna ley española resuelve hoy con comodidad. El planteamiento argentino es, en ese sentido, un experimento del que conviene tomar nota.
El detalle que descoloca
La medida se vende como defensa de la libertad de circulación. Sus críticos la leen como condicionamiento de una prestación a cambio de renunciar a un derecho. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez, y ahí está el problema: no hay forma de separar el orden público del control social cuando el instrumento es el mismo. ¿Cuánto tarda una democracia en acostumbrarse a que le vigilen las calles para decidir quién cobra?